Cuál fue la razón por la que Jesús vino al mundo? Marcos 1:40-42. Po   Héctor E. Contreras.

 

Había un agricultor que en ocasiones no creía las cosas o historias que escuchaba, considerándose y tomando en cuenta el dicho de “ver para creer”. Cierta noche muy fría de invierno, el hombre escuchó un golpeteo irregular contra la puerta principal de su hogar. Fue hasta la ventana y pudo notar cómo varios pequeños gorriones entumecidos por el frío, atraídos por el evidente calor que debía existir dentro de la casa, golpeaban el vidrio de la puerta. Al ver tal actitud de parte de las avecillas, el hombre se abrigó y cruzó el patio cubierto de nieve para abrir la puerta del granero para que los pobrecitos pajaritos pudieran entrar. Encendió las luces, luego echó algo de heno en un rincón. Los gorriones se habían dispersado en todas direcciones cuando él salió, ocultándose en la oscuridad de la noche. Nada de lo que hizo había resultado; entonces pensó: “Yo, de una enorme criatura extraña para ellos, los atemorizaba, sin que los pajaritos pudieran entender que su intención era brindarles su ayuda”. 

De regreso a su casa, siguió observando a los gorriones a través de su ventana y mientras los observaba, un pensamiento surgió en su mente: ¡Si tan sólo pudiera convertirme en un pajarito, ser como uno de ellos por un momento! Entonces no los asustaría. Les podría mostrar el rumbo hacia el calor y la seguridad. Casi al mismo tiempo, otro pensamiento surcó su mente y le golpeó con fuerza. Entendió la razón por la que Jesús había venido al mundo. 

Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó”, Mateo 4:23-24. El exitoso ministerio de Jesús en Galilea redundó en una creciente popularidad. Estos versículos muestran el gran alcance del ministerio sanador de Jesús. Su ministerio consistió en enseñar, predicar, hacer discípulos, sanar a los enfermos y echar demonios fuera del cuerpo de la gente. 

Es aquí donde se hace la primera mención en el NT de que Jesús sanó enfermedades físicas y trajo liberación a quienes estaban atormentados por los demonios. Algunos argumentan que Jesús sanó durante su ministerio con el único fin de demostrar su deidad. Esto no es cierto y podemos verlo en la siguiente declaración del mismo Señor. “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”, Mateo 9:36-38. Mateo resume el ministerio de Jesús en Galilea y presenta la comisión que dio a sus discípulos. Es la misión para cada persona en este tiempo, tiempo de angustia, dolor y enfermedades para otros y Dios nos llama a que nos convirtamos en obreros útiles para su reino eterno, llevando a cada vida lo que Él, por su gran misericordia con que nos amó y por el sacrificio de su Hijo en la cruz. Seamos obreros útiles para Dios y para el mundo que tanto necesita de saber y escuchar el mensaje del único que puede transformar sus vidas. Jesucristo el Señor.

Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio”, Marcos 1:40-42. Al Jesús tocar al leproso mostró su autoridad sobre la ley que prohibía el contacto físico con un leproso, Levíticos 13:45-46. Si el hombre sanado hubiese propagado su sanidad, la publicidad creada por aquel evento hubiera levantado una excitación muy grande dentro del pueblo. Lo único que Jesús pidió a aquel hombre fue que se presentara ante el sacerdote sin decir a nadie más; sin embargo, este hombre, tal vez agradecido por su sanidad, divulgó lo que había pasado en su vida aquel día. Esta y otras razones más son por las cuales Jesús, siendo Dios, se convirtió en un hombre y vino a este mundo. Un mundo enfermo, principalmente por el pecado que le arropa, necesitaba de alguien que se convirtiera en ente de sanidad y salvación. 

Un hombre que se convierte en pájaro no es nada comparado con Dios que se convierte en un hombre, con el propósito de salvar al mundo de sus pecados. Ese hombre es Jesús, el Hijo de Dios. 

La mera noción de que un ser soberano y eterno se restrinja a los límites de un cuerpo humano era -y es todavía- algo demasiado difícil de creer. ¿Pero … de qué otra manera podría Dios comunicarse con nosotros? En verdad, no sabemos qué aspecto tenía Dios cuando se hizo hombre; ninguno de los evangelistas describe la apariencia física de Jesús; sin embargo, Marcos ha pintado un retrato bastante completo de su humanidad por otros medios. Jesús, que decía ser Dios, no tenía un “aura” sobrenatural que lo rodeara. Sus propios vecinos y familiares se asombraban de que Él pareciera ser tan “normal”. Por tal razón, es el mismo Jesús, nuestro Señor y Salvador que nos declara lo siguiente: “Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido”, Marcos 1:38. Lo que Él le dijo a sus discípulos, fue escrito 700 años antes de su llegada al mundo, cuando el profeta Isaías, por mandato de Dios escribió: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”, Isaías 61:1-3

Por todos los detalles de estos versos, más los que Él pregonó durante su ministerio terrenal, fue la causa por la que Jesús, siendo Dios, se hizo hombre. “Porque me ungió”, del griego “Mashach”, “Mesías”, que también quiere decir “el ungido”. Como Jesús es el Ungido que  Dios había prometido, su título llegó a ser: “Jesús, el Mesías”. “Mashiyach», traducido al griego como Christos y de ahí nace la designación de “Cristo”. 

Jesús era diferente de cualquier otra persona que haya vivido en este mundo. Doce hombres dejaron sus labores acostumbradas y familias, sólo porque Él les dijo que lo siguieran. Pero debemos dar a conocer también que Jesús era “uno de nosotros”. Necesitaba comida y amigos. A veces se sentía solo y cansado. En otras palabras, Marcos describe al Jesús divino y al Jesús humano. Él te dice hoy que, por tal razón, vino al mundo, por tí y los tuyos; y por el mundo que aún no le conoce. 

Tu  puedes llegar a ser una persona convertida al Cristo de la gloria y hacer lo que Él vino a hacer: Proclamar su verdad a todos los que a tí se acercan, diciéndoles que, en Jesús hay salvación y vida eterna.

Mis palabras  finales al concluir este humilde mensaje, es que cada persona, pueda entender que Jesús, siendo Dios, se hizo hombre por cada uno de ustedes. Él puede elevarte al umbral o pedestal más alto que pueda existir, si tú le aceptas hoy como tu guía, tu Salvador, tu sanador. Que la gracia de Dios sea con cada vida, ahora y siempre. ¡Bendiciones, amados!

 

 

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