La transformación que viene de Dios, Marcos 9:38-40.

Por:  Héctor E. Contreras.

El apóstol Juan, en los tiempos en que formaba parte de los discípulos de Jesús, en ocasiones era llamado: “hijo del trueno”. Es él mismo quien escribe: “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén”, Juan 21:24-25. Juan establece que su propósito al escribir su Evangelio era mostrar que Jesús es el Hijo de Dios. Presentó con claridad y de manera sistemática, evidencias que respaldan las declaraciones de Jesús. Cuando una evidencia se presenta ante el juez, los que la escuchen deben tomar una decisión. Los que leen el Evangelio de Juan, también deben tomar una decisión y preguntarse a sí mismos: ¿Es Jesús el Hijo de Dios? Tú debes convertirte en tu  jurado. La evidencia se ha presentado con claridad. Tú debes decidir. ¡Debes leer el Evangelio de Juan y decidirte por creer en Jesús! El Hijo de Dios.

Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagros en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí”, Marcos 9:38-39. Desde los versos 33 al 37 de Marcos 9, sus discípulos se disputaban quién debía ser el mayor. Sentándose Jesús tranquilamente y  llamándoles les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”, verso 35. Las enseñanzas de Jesús sobre el servicio impulsaron a Juan a relatar un incidente que revela una actitud sectaria entre los discípulos. El hombre que ellos reprenden es un verdadero seguidor de Jesús, aunque no es uno de los doce. En Jesucristo no hay lugar para exclusivismos egoístas en el seno de la Iglesia; su Iglesia. Todo creyente genuino debe ser tolerante con sus hermanos en la fe, sin importar denominación. Una prueba crucial a la hora de determinar el verdadero servicio es el motivo que lo inspira. ¿Se ha hecho la obra por el amor de Cristo y para su gloria? Los discípulos prueban que son sectarios , verso 38. Dios busca a verdaderos creyentes en Cristo, que sigan sus pasos como servidores de Él.

Las palabras de Jesús: “No se lo prohibáis” son seguidas por una triple explicación de por qué la prohibición de los discípulos estaba equivocada, versos 39-41. Cada una de ellas se inicia con un “porque”. 

El discípulo Juan había tenido el privilegio de compartir momentos privados con Jesús. Como parte del círculo más íntimo de tres discípulos, él había visto a Jesús transfigurado, le había visto devolverle la vista a la hija de Jairo, y le había esperado en el huerto del Getsemaní. Después del arresto de Jesús, Juan fue testigo de los pasos de su enjuiciamiento. Juan es el único discípulo del cual se dice que estuvo cerca de la cruz al morir Jesús y uno de los primeros de enterarse de la resurrección de Cristo. Todo lo vivido al lado de Jesús lo convirtió en el hombre con el nombre “hijo del trueno” al “amor”. En su declaración de Marcos 9:38, entendiendo yo hoy que su exclamación al Señor por causa de alguien que hacía señales, sin ser uno de ellos, le hizo llevar su queja delante de Jesús. Su pintoresco sobrenombre, “Hijo del Trueno”, y varios sucesos de los evangelios, dejan ver que este hombre reflejaba su volátil personalidad. A Juan le molestaba tremendamente la competencia de los hacedores de milagros rivales. Insistía en tener el mejor lugar en el reino de los cielos. En una ocasión quiso hacer descender fuego del cielo para destruir una aldea hostil, Lucas 9:54. En algún momento de su vida, las nubes de tormenta comenzaron a dispersarse. Con el transcurrir de los años recibió un nuevo nombre: “el Apóstol del Amor”. Sus libros, este Evangelio y sus tres cartas que escribiría más tarde, se distinguen por su énfasis en el amor. “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es Amor”, I-Juan 4:7-8. Sus palabras, sus escritos, nos muestran el cambio en la vida de este hombre del Señor. Tú puedes volverte a Dios y convertir tu vida en en un verdadero siervo de Él, transformado a la imagen de Él, para gloria de Él. ¡Gloria a Dios!

El peregrinaje espiritual de Juan influyó en la descripción escrita por él y nos dejó el significado completo de la vida de Jesús. La transformación de su personalidad puede darnos una pista acerca de la forma especial en que él relata la historia de Jesús, mediante una serie de episodios conmovedores. 

Es posible que estas escenas sean los recuerdos de Jesús que, finalmente, convencieron al mismo Juan de que Jesús era, sin dudas, el Hijo de Dios. 

Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor ¿quién es el que te ha de entregar?Juan 21:20. El énfasis no descansa en la misteriosa referencia a la suerte del discípulo amado, sino en la individualidad del llamamiento al discipulado. Las vías específicas varían de un individuo a otro, pero la demanda de obediencia es la misma para todos. Cuando Jesús comenzó a elegir a sus discípulos, dice la Biblia que estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen “autoridad” para sanar enfermos y para echar fuera demonios. A Simón, puso por sobrenombre Pedro, a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, apellidó “Boanerges”, que es igual a “Hijos del trueno”, Marcos 3:14-17

Tú, como yo ayer y Juan mucho antes que nosotros, puedes marcar la gran diferencia en cuanto a tu propia vida. No importa el sobrenombre que te hayan puesto; Sin embargo, mi amado,  tal como Juan, el Jacobo “Hijos del Trueno”, Dios los transformó. Juan en su defecto, en el “Apóstol del Amor”. Tú puedes alcanzar grandes metas, si eres capaz de aceptar a Jesús en tu vida y dejas que Él se convierta en tu guía, tu luz, tu Señor. 

En la escogencia de sus discípulos, Jesús les dio “autoridad” para sanar enfermedades y para echar fuera demonios. Autoridad, en griego “Exousia”, es una de las cuatro palabras para poder: dunamis, exousia, ischus y kratos. Significa autoridad o el derecho de actuar, habilidad, privilegio, capacidad, autoridad delegada. Jesús tenía la exousia para perdonar pecados, sanar enfermos y echar fuera demonios. Exousia es el derecho a usar dunamis, “poder”. Jesús les dio a sus seguidores el poder para enseñar, sanar y liberar; y esa autoridad nunca ha sido abrogada, Juan 14:12. Te invito a recibir Hoy a Jesús y a tener la total autoridad que Él pone delante de ti.  

¡Hermoso día para bendecir! Bendigo a cada persona que recibe y lee estas líneas escritas con todo el amor de Dios, en el nombre de Jesús, nuestro Salvador. ¡Vive la transformación que viene de Dios

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