NO PIERDAS TU IDENTIDAD.

Por: Héctor E. Contreras.

 I-Samuel 17:33-37. Se dice que la identidad personal es el conjunto de características propias de una persona y la concepción que tiene de sí misma en relación al resto de los demás. La identidad personal es individual, dinámica y abarca diferentes dimensiones de la persona. Esta permite, por un lado, la individualización o diferenciarse del resto de las personas y por otro lado, ofrece la posibilidad de pertenencia a un grupo o colectivo. En otras palabras, es la cualidad de idéntico. La Biblia dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”, Génesis 1:26. En este versículo, Dios estaba hablando no sólo en nombre de lo que se revela como la Trinidad en el NT, sino de toda la hueste celestial, incluyendo los ángeles. Nuestra imagen parece referirse a tales cualidades como la razón, la personalidad y el intelecto; también la capacidad de relacionar, escuchar y hablar. Todas estas aptitudes Dios las ha otorgado a cada hombre, a cada mujer, por lo tanto, ¡somos únicos! ¡Bendito sea Dios!

Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”, Números 13:30. Veamos y leamos unos versos más adelante lo que dice el mismo Dios acerca de un hombre: “Pero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión”, Números 14:24. Hubo en él otro espíritu, es una referencia directa del mismo Dios hacia un hombre. Te ruego permitir que el Señor desarrolle en tí el espíritu de Caleb, para que entiendas que tú debes ser tú mismo. 

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu”, Proverbios 16:18. “Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco, porque era muchacho”, I-Samuel 17:42. El filisteo, al ver a David, le tuvo en poco, porque simplemente lo vio como lo que era, un muchacho. 

La altivez de este hombre, el orgullo y la soberbia, les hacían ver con indiferencia a todo el mundo. Lo que este hombre, gigante de por sí, ignoraba era que este muchacho ya había sido ungido por mandato de Dios. Dice la Biblia sobre esto lo siguiente: “Entonces Jehová le dijo: Levántate y úngelo, porque éste es”, I-Samuel 16:12-b. Desde ese instante, Dios comienza a preparar a David para una gran obra. Tú puedes ser un gran David para Dios hoy, deponiendo todo lo que eres y dedicando todo tu ser al servicio de Dios. Después de menospreciar a David, tal vez ignorando casi su presencia allí, es este joven a quien el mismo Dios le había dicho a Samuel y este  al rey Saúl: “Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó”, I-Samuel 13:14. Este fue el jovencito que enfrentó al gigante Goliat, porque él tenía su propia personalidad e identidad y aunque su hermano lo tildó de conocer su “soberbia y la malicia de tu corazón”, I-Samuel 17:28. Lo mismo que el rey Saúl cuando quiso vestirlo con la vestimenta de él, verso 39 y por último, el Filisteo, que al verlo lo menospreció  16:18. Tú no eres nada, es posible pensara el gigante.

Las palabras de David al enfrentar al gigante Filisteo fueron: “Tú vienes a mí con espada y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”, I-Samuel 17:45. No temas a la oposición, aun cuando parezca fuerte y no puedas contar con un mejor apoyo. No olvides que Dios puede usar tus limitados recursos, cuando estos están acompañados por una gran fe para vencer los obstáculos que enfrentas. No escuches las voces de los que te menosprecian y te ven como un simple muchacho, y luego te invitan a usar las vestimentas de ellos y te envían en su propio nombre, no conociendo lo que existe en tu interior y es que ya has sido apartado por Dios y para Dios para servirle. “Tú vienes a mí con espada y jabalina; mas yo vengo a tí en nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”. Cuando tú actúas de esta manera, lo estás haciendo como un acto de fe. La fe se traduce en obediencia y lo que hacemos pone de manifiesto nuestra fe. Tú eres único en cuanto a tu formación como ser humano, porque fuiste la creación perfecta de Dios. ¡Alabado sea su nombre!

La fe no es meramente una declaración de principios, sino que determina acción, produce paciencia y, cuando vence, da sus frutos. David no escuchó a su hermano, tampoco al rey y mucho menos al gigante filisteo. Simplemente, lo enfrentó, porque para él, la provocación no era contra el pueblo, ni contra el propio rey y mucho menos contra él, sino contra Dios, en quien había creído. Saca de tu mente la palabra “imposible”, porque para los que están en Cristo no debe existir. Recuerda las palabras de Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:13. Cuando te aferras a esta verdad, podrás ver todo como lo hizo David. El sabía que enfrentaba a un enemigo muy poderoso, pero él puso de lado su propio yo y fue y enfrentó a este hombre en nombre del Dios que le había librado antes, para vencer leones y osos en defensa de sus ovejas. 

Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud”, I-Samuel 17:33. ¿No era cierto lo que el rey le decía a David? Entiendo que sí, porque en verdad el hombre que él intentaba hacer frente en el campo de batallas, desde su juventud era un guerrero. Pero podemos ver la respuesta del joven David al rey y le narra su testimonio acerca de lo él era. Había enfrentado a fieras en defensa de sus animales y al final, sus palabras iban dirigidas a hacerle entender al rey que, si Dios le había ayudado a enfrentar a aquellas fieras feroces  y dijo: “y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente”, I-Samuel 17:34-36. Y por último, David dice al rey: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo”, 

1 Samuel 17:37. ¡Gloria a Dios! Dios te ha dotado de suficiente capacidad para hacer frente a cualquier enemigo que quiera interponerse a los propósitos que Él ha determinado para tu vida. Sólo debes   escuchar y obedecer la voz de Dios.

Antes, al haber enfrentado a fieras en plena llanura, Dios le había dado la capacidad para hacer frente al enemigo que estaba a punto de enfrentar. Hoy, en la situación actual en que vives, Dios te está capacitando para ser un verdadero guerrero que enfrentes las dificultades y adversidades valorando lo que tú mismo eres. ¡Un vencedor

Esto es de sabios, porque la sabiduría significa en gran medida comprender los principios a través de los cuales Dios gobierna tu vida. Adquirir sabiduría para tí en este tiempo, quiere decir aprender a pensar como Dios, estimar las cosas que Él ama y rechazar las que Él menosprecia. Alcanzar sabiduría es ponerte en la perspectiva que resulta de adoptar como tuyos los valores de Dios y rechazar los valores que este mundo representa. De esta forma, es saber valorar por tí mismo lo que eres. Dejando e ignorando las palabras que te dicen que lo que intentas realizar es imposible. ¡Mentiras, puras mentiras! Con Cristo eres más que vencedor, porque lo que Dios te permite enfrentar hoy, es porque Él está contigo, como David. 

La Biblia declara en diversos libros de gente que se ha dispuesto a arriesgarse en determinados momentos de su vida por una causa que entienden es vital, tanto en lo personal como en lo colectivo. Es el caso de Caleb, en el tiempo en que un grupo de hombres había sido enviado a realizar el reconocimiento de  la tierra a la que debían entrar y la mayoría de los participantes de estos reconocimientos tuvieron miedo; mientras que Caleb pregonó: “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo:Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos”, Números 13:30. Pensemos por un momento lo que significa estar parado ante una multitud y gritar una opinión que no es del agrado de nadie en absoluto. Caleb estaba dispuesto a levantarse para pronunciar esa opinión nada popular para hacer lo que Dios había ordenado. Para ser eficaz cuando te levantes en contra de una multitud, tú debes tener, 1-) los hechos, 2-) tener la actitud correcta y 3-) pronunciarte en favor de lo que tú crees. Estos tres puntos demuestran en el orden lo siguiente: Caleb había visto la tierra por sí mismo, él confiaba en la promesa de Dios de dar aquella tierra a Israel su pueblo y Caleb dijo: ¡Podemos conquistarla!, verso 30, citado más arriba. La fe de Caleb ayer, debe ser la tuya hoy. ¿Lo crees? Debes recordar que tú has creído en el Dios de todo poder. 

Fue el mismo Dios que declara las siguientes palabras: “Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá. 

Pero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión”, Números 14:21-24. El ejemplo de Caleb, como el de David, es el que debes estar dispuesto a seguir. Tanto David como Caleb, al no temer al momento de tomar decisiones que conllevarían la bendición para su pueblo, los llevó a ser tomados en consideración por el mismo Dios en cuanto a lo que serían ellos y su descendencia en el pueblo de Israel. El verso 24 es el cumplimiento que se encuentra registrado en Josué 14:6-15, cuando Caleb recibe su herencia en la tierra prometida. Caleb siguió al Señor con todo su corazón y fue recompensado por su obediencia. ¿Estás en disposición de ser sincero con Dios y contigo mismo en el cumplimiento de tu compromiso con Dios? El camino está abierto por el sacrificio de Jesucristo en la cruz; sólo te resta ponerte a la disposición de Dios y obedecer su voz.

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”, I-Timoteo 4:12. La invitación de este verso para tí es que, te conduzca de una manera ejemplar en cada momento y accionar de tu vida. Que nadie tenga en poco lo que tú eres, porque lo que eres, es porque Dios te ha dotado de todos los recursos para hacer frente a lo queÉl te ordene realizar. ¡Hazlo así y serás bendecido!

Dios te guarde y te bendiga grandemente, además de tu familia y todo lo que posees por su gracia. 

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