Abrazos y lágrimas de reconciliación.

Por : El Pastor  Héctor Contreras
Para El Gran Santo Domingo.com

Génesis 33:1-4.

Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso las siervas y sus niños delante; luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos.

Y él pasó delante de ellos y se inclinó sobre tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron”, Génesis 33:1-4. Fue alentador ver cómo había cambiado el corazón de Esaú cuando él y Jacob se encontraron

. La amargura que le causó haber perdido su primogenitura y la bendición, parecía haberse desvanecido, Génesis 25:29-34. La primogenitura era un honor especial que recibía el primer hijo que nacía, ésta incluía una doble porción de la herencia de la familia, junto con el honor de llegar a ser algún día el líder de esta. Podemos ver a Esaú gozoso con lo que tenía. Jacob exclamó que era maravilloso ver a su hermano sonreír amistosamente.

.El encuentro entre dos hermanos gemelos, es decir, Esaú y Jacob, después de varios años sin verse el uno al otro, nos muestra el significado de la grandeza de nuestro Dios y Señor en cuanto al perdón. Mucho tiempo había pasado sin ni siquiera una nota en cuanto a lo familiar, existiendo un distanciamiento entre ambos  algo que acontece en algunas familias. El hijo de los privilegios, el hijo bueno y el hijo que se convierte en el que no tiene valores, por su puesto, a la luz de lo que es el hombre de pecado. Sea el hijo bueno o el sin valores; al final son nuestros amados hijos, dados por Dios con propósitos que Él, en la inmensidad de su amor, hizo que llegaran a nuestras vidas.

La mayoría de los lectores de estos mensajes, conoce el significado del nombre Jacob y este es: “El Engañador”. Por su parte, el significado de Esaú es: “Piel de cordero”, Jacob, por las habilidades que tenía para realizar cualquier actividad con la cual saliese ganador y Esaú, por los muchos vellos que cubrían su cuerpo. Con todo hubo una reconciliación y ésta fue guiada por nuestro Dios en todo tiempo. Inclinarse a tierra siete veces era señal de respeto a un rey. Jacob estaba tomando todas las precauciones al encontrarse con Esaú, esperando con esto disipar cualquier idea de venganza de parte de su hermano gemelo. 

“Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo. Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido”, Génesis 33:8-10. Estos versos nos enseñan que todo había quedado en el pasado. Esaú, al ver la comitiva que le hacía compañía a su hermano, le hace la pregunta de rigor. En su respuesta, Jacob responde que su intención no era más que hallar gracia ante los ojos de su hermano y al mismo tiempo, hacerle la entrega de una gran ofrenda. Al final, Jacob le dice a su hermano: “He visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues con tanto favor me has recibido”.

Ya Jacob no era el “Engañador”, porque él había sido transformado por el poder de Dios cuando luchó con el varón de Dios, el cual le pregunto: “¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres; y has vencido”, Génesis 32:27-28. A Jacob, el engañador, nuestro Dios lo transformó por el nombre: “Israel”, que es igual a: “El que lucha con Dios”.

Nunca te canses de luchar por tu bendición, haz como Jacob, que en medio de la oscuridad de aquella noche, le dijo al varón de Dios: “No te dejaré, si no me bendices”, Génesis 32:26.

Tus luchas no son en vano, porque contigo va guiando tus pasos el mismo Dios que te creó. Busca la bendición de Dios. No te rindas, continua tu lucha, porque tu bendición llega.

“Cuan glorioso es el cambio operado en mi ser, viniendo a mi vida el Señor”, primera línea del Himno #97, de nuestro Himnario de Gloria.

Este fue el cambio de Jacob, después de haber luchado con el varón de Dios. Ya no era el mismo hombre, había sido transformado en su totalidad por el poder de Dios.

Te invito, en el nombre de Jesucristo el Señor, a que hagas un aparte, después de leer este mensaje y ve en busca de tu hermano, padre o madre; de un amigo y al encontrarte con esta persona, haz lo mismo que Jacob. Abrazarla.

Llévale una ofrenda de reconciliación, si te es posible; llora, abrázalo, dale un beso y al hacerlo, al instante recibirás la liberación de tu alma, de tu espíritu.

Si no puedes ir, entonces hazle una llamada o escríbele un mensaje de texto que tanto se usa en este tiempo. Después de realizar este acto de arrepentimiento, verás como se desborda en ríos de agua viva el caudal de bendiciones que recibirás al realizar este acto de amor. ¡Bendito y alabado sea Dios!

“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.

Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa del Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.

Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.

Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”, Génesis 45:1-5. Por cinco ocasiones lloró José antes de revelar a sus hermanos su identidad.

Génesis 43:30, 45:2, 45:14-5 y por último, Génesis 46:29, cuando recibió a su padre. Aún cuando los hermanos de José quisieron deshacerse de él, Dios se valió de aquel acto perverso, para cumplir su propósito divino.

Dios utilizaría a José para preservar la vida de la familia de Jacob, salvar a Egipto y preparar camino para el inicio de la nación de Israel.

El mismo José ya lo había declarado a sus hermanos, sobre lo que Dios ya había dispuesto con él. “Porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”, final del verso 5 citado anteriormente. El perdón es un camino de doble vía y este Camino es Jesucristo el Señor.

Por este Camino, podemos transitar sin temor alguno. En los encuentros que he citado en este mensaje, el de Esaú con Jacob y el de José con sus hermanos, hemos encontrado el acto del abrazo, un beso de ósculo santo, una palmadita en las espaldas, lágrimas que por años hemos llevado dentro y de repente, del gozo y el   amor recibidos, fluyen de nuestros ojos por la emoción al recibir en nuestros pechos a la persona que tanto hemos amado y que, por circunstancias ajenas, nos hemos visto muy alejados de ella.

Hoy, ahora, es el tiempo de buscar a esa persona que tanto amas y perdónala, siempre en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador.

Al llorar y reír al mismo tiempo después de un encuentro de esta naturaleza, somos liberador por el poder de la Sangre de Jesucristo, recibiendo el Espíritu Santo de Dios en nuestros corazones.

Como Esaú, Jacob y José, Dios te llama a que tus entrañas vibren de gozo al recibir un abrazo, un apretón de manos o un beso de ósculo santo a la persona amada que hacía mucho tiempo estaban alejadas. 

¡Maravilloso es Dios! Sus maravillas nos conducen a la transformación total de nuestras vidas, de nuestros corazones, nuestras actitudes; el perdón de nuestros pecados por medio de Cristo Jesús.

¡Dios es Bueno! Su misericordia es para siempre. Búscale y lo hallarás. Sólo debes ser humilde de corazón contigo mismo.

Que la gracia de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, llegue a cada vida y corazón.

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