José Mourinho vivió una mañana más propia de un thriller que de una jornada liguera. El entrenador del Benfica fue atendido este viernes en el Hospital do Divino Espírito Santo, en Ponta Delgada, horas antes de que su equipo venciera al Santa Clara por 1-2 en las Azores. El motivo: una infección en un oído que le provocó inflamación y molestias desde primera hora.
Según informó el diario portugués A Bola, el técnico se despertó con el problema ya instalado, sin margen para disimulos ni heroicidades. Tocó acudir al hospital, ser revisado y medicado, en un escenario que inevitablemente alimenta la preocupación en un Benfica que tiene el calendario apretado y un partido de alto voltaje a la vuelta de la esquina.
La buena noticia para las Águilas es que el susto no fue a más. Mourinho estuvo apenas una hora en el centro médico, recibió tratamiento y regresó al hotel del equipo sin complicaciones. No hubo ingreso, ni reposo forzoso, ni impedimento para ejercer su papel: se sentó en el banquillo y dirigió el partido con normalidad.
El triunfo, eso sí, no fue una obra maestra. Benfica ganó, pero sin demasiado brillo, en un encuentro más de supervivencia que de exhibición. Y ahí está el matiz: cuando el fútbol no deslumbra, la figura del entrenador se vuelve todavía más protagonista, porque el equipo se sostiene en la gestión, el oficio y el colmillo. Y de eso, Mourinho va sobrado.
Ahora la historia se traslada al gran foco: el Benfica recibe este martes al Real Madrid en la ida del play-in de la Champions. Lo hará apenas tres semanas después de aquel 4-2 inolvidable ante los blancos, con el agónico gol del portero Trubin en el descuento. Mourinho ya superó el primer susto del fin de semana. El siguiente, mucho más grande, llega en Europa. @mundiario

