EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
Isaías 41:8-10.
Una vez que Dios se propone algo, eso ya no cambia, es lo que Él mismo afirma cuando dice: “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado”, Isaías 14:24. Desde la eternidad, Dios determinó darles a ellos, a quienes conocía ya, vida y salvación, “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”, Romanos 11:29.
En Cristo obtendremos una herencia, según Romanos 8:28 que dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
Aún en las dificultades y en el sufrimiento, en la más amarga desilusión, cuando maltratados, los creyentes en Jesucristo deben saber que Dios obra en medio de todas estas situaciones, esto es, para que se cumplan los buenos propósitos de cada persona que le ha aceptado en su amado Hijo, Jesucristo el Señor.
Es posible que Dios cambie o no la situación directamente, pero aunque esto no suceda, o se mantenga difícil, nuestro Dios garantiza buenos resultados al final, incluyendo una mayor madurez a quienes conforme a su propósito son llamados. Romanos 8: 32 dice: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?”.
Si en verdad Dios nos escogió desde el mismo vientre de nuestras madres, entonces podemos tener la seguridad, la certeza de que verdaderamente Él lo ha provisto todo para cada una de las personas que le han aceptado por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Efesios 1:11, nos dice lo siguiente: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. PREDESTINADOS, existen enseñanzas erróneas en cuanto a la predestinación se refiere, tomando este texto como pretexto para hacer cuantas cosas les pide su cuerpo en desmedro de su propia vida. Mis amados, nuestra predestinación se inicia cuando confesamos a Jesucristo, porque la Biblia dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 3:23, añadiendo más adelante lo siguiente:
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, Romanos 6:23. Cada persona nace bajo la ley del pecado, aunque Dios nos escogió desde antes de venir al mundo, se hace necesario confesar a Jesucristo, para pasar a formar parte del reino de Dios y ser escogidos por Él para servirle.
La cita central de este mensaje nos dice lo siguiente: “Pero tú, Israel, siervo mío eres: tú Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”, Isaías 41.8-10. Mi siervo: Así llama el Señor a Israel, en tanto se le reafirma su estatus especial como descendiente de Abraham.
La enseñanza aquí consiste en que, los hijos de Israel deben ser instrumento de la revelación divina, testigos de Dios ante las naciones, del linaje del Mesías, según lo declara el mismo Dios en el siguiente verso: “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mi no fue formado dios, ni lo será después de mí”, Isaías 43:10.
Sobre este tema, el apóstol Pablo escribió: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”, Romanos 4:1-3. El ejemplo de Abraham es considerado por los fieles como el padre de la fe y demuestra la salvación por la fe que se enseña tanto en el AT como en el NT. (Antiguo y Nuevo Testamento.
El argumento de Pablo es que Abraham no fue justificado por las obras. “Yo te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones”, Isaías 42:6.
A cada persona, tal Abraham, Dios los escoge y los llama con el propósito de que, al venir a sus pies por medio de Jesucristo, se conviertan en hombres y mujeres que le sirvan como verdaderos testigos de lo que Él, en su infinita misericordia ha hecho. “Las almas que están selladas por Dios, están seguras en el amor y el favor de Dios. Dios sella a sus santos, les asegura el amor eterno de Dios, de modo que nunca dejan de estar en su corazón”, Isaac Ambrose, puritano inglés.
“Mi propósito está en mí, y yo soy Dios, y no hombre; por lo tanto, no me puedo arrepentir del propósito ni rescindir del propósito que ahora tengo. ¿Acaso habiendo dicho no lo haré?”, Estas palabras son la enseñanza del siguiente verso: “Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará?.
Habló, ¿y no lo ejecutará?”, Números 23:19. Este versículo es una reprimenda a Balac, quien esperaba que Balaam maldijese a los israelitas.
El mensaje del Señor es que Balac está tratando con Dios, no con un hombre, y Dios se mantiene fiel a su palabra y a su propósito inicial.
En el libro del profeta Jeremías, este escribió: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”, Jeremías 1:5. Aquí se muestra la soberanía de Dios al formar, santificar, apartar, ordenar, designar a Jeremías por profeta a las naciones y estas son: Asiria, Judá, Babilonia, Egipto, Judá y otras.
Como a Jeremías, también Abraham y muchos hombres y mujeres que Dios ha escogido para ser sus siervos en cualquier parte del mundo.
Dios te llama hoy para que le sirvas, sin importar tu rasgo social, color, político o económico para que, a partir de ahora, todo cuanto emprendas, sea para gloria de Él. Saulo de Tarso, era el nombre del apóstol Pablo antes de ser escogido por Dios para servirle y acerca de este hombre, nuestro Dios lo dice a un hombre que conocía su historia, su siervo Ananías lo siguiente: “Ve, porque instrumento escogido me éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel”, Hechos 9:15.
Cada persona que ha confesado a Jesucristo, en ese mismo instante se convierte en instrumento de Dios para llevar MI NOMBRE, le dijo el Señor a Ananías. Hago una invitación para que a cada persona que lee estas líneas, se haga un atalaya de Jesucristo. ¡Que así sea!
Que la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sea en cada vida, ahora y siempre.




