Sheinbaum viajará a España para reunirse con Sánchez, Lula y Petro

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aterrizará la próxima semana en Barcelona con una agenda que trasciende lo protocolario. Su participación en la cumbre de Global Progressive Mobilisation no solo la sentará en la misma mesa que líderes como Pedro Sánchez, Luiz Inácio Lula da Silva o Gustavo Petro, sino que simboliza un giro diplomático tras años de frialdad entre México y España.

El viaje, anunciado con una mezcla de naturalidad y cálculo político, se produce en un momento de recomposición de relaciones bilaterales. No es una visita más: es la primera de un presidente mexicano en activo desde que la tensión diplomática estallara en 2019, cuando Andrés Manuel López Obrador exigió a la Corona española un gesto de reparación por los abusos cometidos durante la Conquista. Aquella carta abrió una herida que tardó años en empezar a cicatrizar.

Desde entonces, los gestos han sido medidos, casi quirúrgicos. La presencia de Sheinbaum en Barcelona marca, en ese sentido, un punto de inflexión. La política mexicana no solo representa continuidad ideológica respecto a su antecesor, sino también una estrategia más pragmática en el tablero internacional.

En la cumbre, donde también participará el presidente uruguayo Yamandú Orsi, se debatirá el papel de los gobiernos progresistas en un contexto global marcado por el avance de fuerzas conservadoras. Pero el verdadero foco estará, inevitablemente, en los gestos, los silencios y las imágenes que se proyecten desde Barcelona.

Un deshielo con memoria histórica

El trasfondo de este encuentro no puede entenderse sin el episodio que congeló las relaciones. En marzo de 2019, la exigencia de López Obrador de una disculpa histórica colocó a España en una posición incómoda. La respuesta del Ejecutivo español fue tajante, rechazando cualquier responsabilidad institucional por hechos ocurridos siglos atrás.

Sin embargo, recientemente, Felipe VI rompió parcialmente ese silencio. En una intervención informal, el monarca reconoció que durante la colonización hubo “abusos” y “controversias éticas”. Sin llegar a la disculpa formal que México reclamaba, el gesto fue interpretado como una señal de apertura.

Ese matiz —ni disculpa ni negación absoluta— ha permitido reactivar los canales diplomáticos. Sheinbaum, consciente del simbolismo, ha respondido con otro gesto: invitar al Rey al Mundial de fútbol que se inaugura en México en junio.

Barcelona como escenario político global

La elección de Barcelona no es casual. La ciudad se ha consolidado como un espacio de diálogo político internacional, especialmente para corrientes progresistas. La cumbre reunirá a más de un centenar de ponentes de más de 40 países, entre líderes en activo, exmandatarios, académicos y activistas.

El objetivo declarado de la Global Progressive Mobilisation es construir una alternativa ideológica frente al auge de la extrema derecha. Pero más allá del discurso, el evento funciona como un laboratorio político donde se ensayan alianzas, narrativas y estrategias comunes.

Para Sheinbaum, la cita supone también una oportunidad de proyectarse como figura internacional en una etapa temprana de su mandato. Su presencia junto a líderes consolidados como Lula o Sánchez refuerza su perfil en el escenario global.

El viaje de Sheinbaum no solo responde a una agenda institucional. Es también un ejercicio de relato. México busca redefinir su relación con España sin renunciar a la memoria histórica que marcó el desencuentro. @mundiario