Un error garrafal de Patiño y un empate: grave tropiezo del Deportivo en Huesca

El fútbol vive de instantes y, a veces, de errores que quedan grabados en la memoria colectiva. El empate del Deportivo en Huesca (1-1) es uno de esos episodios que invitan a la crítica inmediata, pero también a la reflexión pausada. El fallo de Charlie Patiño en el minuto 91 —que permitió a Carrillo empatar cuando el triunfo parecía asegurado— fue evidente, grosero incluso, pero reducir el resultado a una sola acción sería una lectura incompleta.

El propio entrenador deportivista admitió tras el encuentro que un gol así no se puede conceder en el fútbol profesional. La jugada, nacida de una pérdida innecesaria en el área propia, respondió a uno de los principios más elementales del juego: en campo propio no se improvisa. Cualquier futbolista en formación aprende que el riesgo debe medirse con precisión quirúrgica cerca de la portería. En ese sentido, el error de Patiño resulta difícil de justificar desde el punto de vista técnico.

Sin embargo, el fútbol raramente es un tribunal de una sola causa. El Deportivo había entregado demasiado en la primera mitad, una fase del partido plana, sin ritmo ni profundidad, en la que el equipo se limitó a monopolizar la posesión sin traducirla en peligro real. Durante treinta minutos largos, el encuentro se movió en un tedio compartido que reflejaba tanto la prudencia del Huesca como la falta de inspiración visitante.

El Deportivo mostró dos caras en El Alcoraz: una irreconocible en la primera mitad y otra ambiciosa que mereció mejor final

La reacción llegó en la segunda parte, y ahí sí apareció el Deportivo que aspira al ascenso. Antonio Hidalgo agitó el banquillo con un triple cambio que dio entrada a Yeremay, Nsongo Bil y Riki, y el equipo ganó metros, velocidad y determinación. La presión se convirtió en asedio progresivo hasta que una jugada bien hilvanada terminó con el gol de Luismi Cruz en el minuto 73. Fue un tanto que parecía premiar la insistencia y confirmar la superioridad visitante en ese tramo del partido.

A partir de ahí, el guion parecía claro: resistir con orden y, si era posible, buscar el segundo gol. El Deportivo tuvo ocasiones para lograrlo y dejar sentenciado el duelo. No lo hizo, y esa omisión también forma parte del análisis. En partidos de máxima exigencia, la diferencia entre cerrar un encuentro o mantenerlo abierto suele marcar el destino final. Por si alguien tenía dudas, Bil Nsongo, delantero centro del Dépor, justificó que debe ser titular. 

El empate del Huesca llegó en el último suspiro y dejó una sensación amarga en el vestuario coruñés. El equipo había pasado del cielo —una victoria que lo acercaba al liderato— al purgatorio de un punto que sabe a derrota. Para el conjunto local, en cambio, el empate supuso una inyección anímica en su lucha por evitar el descenso, aunque su racha sin victorias sigue pesando como una losa.

Patiño, señalado

La figura de Patiño emerge inevitablemente en el centro del debate. El mediocampista había entrado en el campo para aportar control en el tramo final, pero acumuló pérdidas peligrosas y terminó protagonizando la acción decisiva. En el fútbol moderno, donde cada detalle se amplifica, el error individual adquiere una dimensión casi simbólica. Pero conviene recordar que el crecimiento de un jugador joven se construye también a partir de fallos que duelen.

Lo que sí parece indiscutible es que el Deportivo no puede permitirse este tipo de concesiones si aspira al ascenso directo. Los equipos que logran objetivos ambiciosos se caracterizan por una concentración sostenida hasta el último segundo. No basta con dominar tramos del partido ni con adelantarse en el marcador; hace falta cerrar los encuentros con madurez competitiva.

Este empate, por tanto, no solo deja un punto menos en la clasificación, sino también un mensaje claro sobre las exigencias del momento. El Deportivo de Antonio Hidalgo mostró que tiene recursos para dominar y generar ocasiones, pero también evidenció fragilidades en los instantes decisivos. Esa dualidad —ambición y vulnerabilidad— explica mejor que cualquier error individual lo ocurrido en El Alcoraz.

Quizá la tentación inmediata sea señalar culpables y reclamar castigos ejemplares. Pero el fútbol, como la vida, rara vez se reduce a una sola responsabilidad. El empate en Huesca es la suma de un primer tiempo intrascendente, de oportunidades desperdiciadas y, sí, de un error final que no debería haberse producido. La verdadera cuestión no es si Patiño debe volver a jugar, sino si el equipo será capaz de aprender de lo ocurrido y transformar la frustración en madurez competitiva. @mundiario