La elecciones en Perú sufren bajo la presión: fallas logísticas y dudas sobre el proceso electoral

La reciente jornada electoral en Perú, lejos de consolidar una imagen de estabilidad democrática, ha dejado al descubierto una serie de deficiencias logísticas que han obligado a tomar una decisión excepcional: extender la votación para el lunes 13 de abril. Este hecho, inusual en la historia reciente del país, no solo responde a problemas operativos concretos, sino que también amplifica la percepción de fragilidad institucional en un sistema político que ha atravesado una década de alta volatilidad.

El origen del problema fue logístico. Miles de ciudadanos no pudieron ejercer su derecho al voto debido a retrasos significativos en la entrega del material electoral. En varios centros, especialmente en Lima, las mesas no se instalaron a tiempo, lo que generó demoras extremas.

La situación obligó inicialmente a ampliar la jornada del domingo, pero ante la magnitud del problema, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) optó por una medida más drástica: permitir que más de 52.000 electores afectados votaran al día siguiente.

Este tipo de extensión improvisada responde a una necesidad para garantizar el derecho al sufragio. Sin embargo, la decisión no está exenta de implicaciones. La ampliación del proceso introduce una variable temporal que puede alterar la percepción de equidad, especialmente en un contexto donde los resultados preliminares ya comenzaban a perfilar las tendencias. La coincidencia entre la extensión y la difusión de encuestas a boca de urna añade un elemento adicional de controversia.

El papel de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha sido central en la crisis. La entidad atribuyó los fallos a la empresa Galaga, encargada de la distribución del material, pero esta explicación no ha logrado disipar las críticas. La gestión de proveedores críticos, la falta de planes de contingencia y las inconsistencias en las cifras oficiales —que variaron en cuestión de horas— han alimentado la percepción de improvisación.

En un sistema donde la logística es clave para la legitimidad del proceso, estos errores tienen un impacto que va más allá de lo operativo.

La reacción institucional ha sido rápida, pero también reveladora. El JNE defendió la extensión como una medida para preservar la integridad del proceso, mientras que la Defensoría del Pueblo la calificó como una “decisión histórica”. Paralelamente, la Fiscalía y unidades policiales iniciaron diligencias en la sede de la ONPE y en la empresa contratista, lo que sugiere que el problema podría derivar en responsabilidades administrativas o incluso penales.

En el plano político, las consecuencias son inmediatas. Diversos candidatos y partidos han cuestionado el desarrollo de la jornada, algunos han llegado a hablar de fraude o a exigir investigaciones inmediatas. Estas reacciones no pueden analizarse de forma aislada: Perú arrastra una historia reciente marcada por disputas electorales y cuestionamientos a los resultados, como ocurrió en 2021. En ese sentido, los fallos logísticos actuales no solo afectan esta elección, sino que reactivan un clima de desconfianza acumulado.

 

Desde una perspectiva técnica, el impacto también se traslada al conteo de votos. La extensión del sufragio y los retrasos en la instalación de mesas implican que el escrutinio será más lento y potencialmente más complejo. Con un escenario fragmentado —más de 30 candidatos y una alta probabilidad de segunda vuelta— incluso pequeñas variaciones pueden influir en la configuración final de los resultados.

Más allá del incidente puntual, el episodio pone en evidencia una tensión estructural entre la capacidad organizativa del Estado y las exigencias de un proceso electoral moderno. La introducción de cambios como el retorno al sistema bicameral y la magnitud del padrón electoral incrementan la complejidad logística, exigiendo niveles de planificación y ejecución más robustos de los que se han demostrado en esta ocasión.

Lo que ocurre ahora dependerá de varios factores. En el corto plazo, la prioridad es completar el proceso con garantías y avanzar en el conteo sin nuevos incidentes. En paralelo, se abrirá un espacio para investigar responsabilidades y evaluar reformas en la organización electoral. A medio plazo, el desafío será recuperar la confianza ciudadana, un elemento esencial en cualquier sistema democrático. @mundiario