El fútbol vive de momentos irrepetibles, y el reciente duelo entre el Paris Saint-Germain y el Bayern Múnich ya pertenece a esa categoría. El 5-4 de la ida de semifinales de la Champions ha sido elevado a la élite histórica del deporte, hasta el punto de ser considerado uno de los mejores partidos jamás disputados.
No es una exageración pasajera: la magnitud del encuentro ha sido respaldada por análisis y crónicas internacionales. Y aunque, en mi opinión, no puede considerarse el mejor partido —porque en la élite también es imprescindible saber defender—, lo cierto es que, según una de las valoraciones más contundentes, el PSG-Bayern ya se erige como una de las mejores semifinales de la historia del fútbol moderno. Un reconocimiento que coloca este choque a la altura de las grandes noches europeas, esas que trascienden el marcador y se convierten en referencia de lo que significa competir con intensidad, talento y emoción desbordante.
El partido tuvo todos los ingredientes de una obra maestra: ritmo frenético, alternativas constantes y una lluvia de goles pocas veces vista en este tipo de eliminatorias. De hecho, el encuentro igualó un registro histórico al alcanzar nueve goles en una semifinal de Champions, algo que no ocurría desde hace más de medio siglo.
Más allá de los números, lo que realmente elevó el duelo fue su narrativa. El PSG llegó a colocarse con un 5-2 que parecía definitivo, pero el Bayern reaccionó con orgullo para dejar el marcador en un ajustado 5-4 que mantiene la eliminatoria completamente abierta. Un intercambio de golpes que convirtió el partido en un espectáculo puro.
No entra en el top 10 publicado por Marca
La sensación que dejó el PSG-Bayern fue inequívoca: no se trató de un partido más, sino de una auténtica declaración de lo que el fútbol puede llegar a ofrecer. Fueron 90 minutos de intensidad desbordante, talento en estado puro y emoción sin respiro, que devolvieron a la Champions su esencia más salvaje y magnética, esa que convierte cada jugada en un recuerdo imborrable.
En medio de la euforia, el diario Marca aprovechó para publicar su lista de los 25 mejores partidos de todos los tiempos, incluyendo duelos de selecciones. Y ahí llegó la sorpresa: el intercambio de goles entre PSG y Bayern, pese a su espectacularidad, no figura en el Top 10. Según la clasificación elaborada —por un sistema de valoración no revelado—, el choque se ubica en el puesto 13, por debajo de encuentros legendarios que marcaron épocas.
La nómina de partidos que superan al PSG-Bayern es un auténtico museo del fútbol: Inglaterra-Hungría de 1953, el Real Madrid-Eintracht Frankfurt de 1960, el Maracanazo de 1950 entre Uruguay y Brasil, el Alemania-Francia de 1982, el Argentina-Inglaterra de México 86, el Brasil-Italia de 1970, la final de 1999 entre Manchester United y Bayern, el Italia-Alemania de México 70, el milagro de Estambul en 2005 y, más recientemente, la épica final Argentina-Francia en Qatar 2022.
Que el PSG-Bayern quede fuera del Top 10 no resta mérito a lo vivido en París. Al contrario, refuerza la idea de que solo unos pocos partidos logran trascender más allá de la emoción inmediata. Y este, pese a la decisión de Marca, ya se estudia como referencia de lo que significa un duelo de máxima exigencia en la Champions.
Porque en el fútbol hay partidos que se ganan y se olvidan, y otros que se recuerdan para siempre. El PSG-Bayern pertenece a esa segunda categoría: un espectáculo que, más allá de rankings y listas, quedará grabado en la memoria colectiva como una de esas noches en que el fútbol mostró su versión más deslumbrante. @mundiario
