¿Es el Paspoortgate la crisis más grave en la historia del fútbol neerlandés?

La Eredivisie se asoma a un abismo jurídico que amenaza con desbordar cualquier lógica deportiva. Lo que comenzó como una denuncia puntual ha derivado en un escándalo de proporciones históricas: el llamado Paspoortgate. Un término que ya resuena con fuerza en Países Bajos y que pone en cuestión la validez de más de un centenar de partidos.

Tal y como lo explican diverso medios especializados europeos, el detonante fue el recurso del NAC Breda tras su derrota ante el Go Ahead Eagles. La acusación es grave: alineación indebida de Dean James. El motivo, aún más inquietante, apunta a una irregularidad administrativa que podría extenderse mucho más allá de un solo caso.

La raíz del problema reside en un vacío legal con consecuencias explosivas. Jugadores nacidos en Países Bajos que, al optar por representar a otras selecciones, habrían perdido su nacionalidad neerlandesa y, con ella, el derecho automático a trabajar en el país sin permiso. Un detalle burocrático que ahora amenaza con reescribir la competición.

“No se trata de sentimientos, sino de una regla simple. Se trata de alinear a un jugador no elegible”, argumenta la defensa del NAC. La frase resume la crudeza del conflicto: el fútbol queda subordinado a la ley, y la ley no entiende de clasificaciones ni de goles.

Una liga en manos de los tribunales

El alcance del escándalo es lo que convierte este caso en una bomba de relojería. Hasta 13 jugadores de distintos clubes estarían en una situación similar, tras nacionalizarse con selecciones como Surinam, Indonesia o Cabo Verde. Un fenómeno creciente que ahora pasa factura.

Equipos como Ajax, Feyenoord o el KNVB ya se han visto arrastrados a un proceso que nadie parece controlar del todo. La cadena de implicaciones convierte cada jornada en una incógnita legal.

El dato que hiela a la Eredivisie es demoledor: 133 partidos podrían verse afectados. Más de la mitad de la competición bajo sospecha. No es solo una crisis puntual, es un cuestionamiento estructural de la liga y de sus mecanismos de control.

Algunos clubes han reaccionado con rapidez, apartando a jugadores potencialmente implicados para evitar males mayores. Una decisión preventiva que evidencia el miedo a sanciones retroactivas y a la pérdida de puntos en los despachos.

Desde el ámbito jurídico, la advertencia es clara: si se confirma la irregularidad, las consecuencias serán imprevisibles. Repetición de partidos, sanciones deportivas o incluso alteraciones en la clasificación final. El fútbol, de repente, se convierte en un expediente administrativo.

Las voces institucionales tampoco esconden la preocupación. Se habla de “caos” y de un golpe directo a la imagen de la competición. Porque más allá de las sanciones, el verdadero daño es reputacional.

La Eredivisie, tradicionalmente ejemplo de formación y estabilidad, se enfrenta ahora a una tormenta que amenaza con redefinir sus reglas. El balón sigue rodando, pero el partido real se juega en los tribunales.

El veredicto marcará un antes y un después. No solo para los clubes implicados, sino para todo el fútbol europeo, que observa con atención cómo una cuestión de pasaportes puede desatar una crisis sin precedentes. @mundiario