Scaloni empieza a desmontar la vieja Argentina campeona del mundo

Argentina ya empezó a despedirse lentamente de la generación que conquistó el mundo en Qatar. La prelista oficial de 55 futbolistas anunciada por Lionel Scaloni para el Mundial de 2026 deja una sensación muy clara: la campeona del mundo sigue siendo competitiva, pero ya no es exactamente la misma selección que emocionó al planeta en Doha.

Las ausencias pesan muchísimo. Franco Armani, Juan Foyth, Ángel Di María, Ángel Correa, Papu Gómez y Paulo Dybala se quedan fuera de la preconvocatoria y simbolizan el inicio definitivo de un relevo generacional que parecía inevitable, pero que emocionalmente sigue resultando durísimo para buena parte del fútbol argentino. Especialmente por nombres como Di María, uno de los grandes héroes eternos de la albiceleste moderna.

La decisión de Scaloni no parece impulsiva ni sentimental. Responde más bien a una idea muy concreta: mantener la estructura competitiva del campeón del mundo mientras introduce sangre nueva antes de que el ciclo se desgaste definitivamente. Porque el gran desafío de Argentina ya no consiste únicamente en ganar. Consiste en evitar el derrumbe que históricamente suele aparecer después de tocar la cima mundial.

Y en esa reconstrucción aparecen nombres que explican perfectamente hacia dónde quiere caminar la selección argentina. Franco Mastantuono, Claudio Echeverri, Nicolás Paz o Gianluca Prestianni representan una generación ofensiva de talento descomunal que empieza a pedir espacio alrededor de Messi, Lautaro, Julián Álvarez y Enzo Fernández.

Messi sigue siendo el centro mientras la nueva Argentina crece

La presencia de Lionel Messi sigue marcando absolutamente todo. Aunque el propio capitán haya rebajado públicamente las expectativas alrededor de Argentina, Scaloni continúa construyendo el equipo alrededor de su figura. El Mundial de 2026 probablemente represente la última gran aventura internacional del mejor futbolista argentino de todos los tiempos y el vestuario parece decidido a acompañarlo hasta el final.

Al mismo tiempo, la lista refleja también el enorme peso internacional que ha ganado la escuela argentina en Europa. Atlético de Madrid, Chelsea, Liverpool, Inter de Miami, Bayer Leverkusen, Benfica o Real Madrid aparecen constantemente dentro de una convocatoria donde prácticamente toda la columna vertebral compite en la élite del fútbol mundial.

Especialmente llamativa resulta la presencia masiva de jugadores vinculados al Atlético de Madrid. Nahuel Molina, Giuliano Simeone, Thiago Almada, Julián Alvarez y Nicolás González confirman hasta qué punto el club rojiblanco se ha convertido en una especie de sucursal competitiva de la selección argentina durante los últimos años.

También sorprende la inclusión de Gianluca Prestianni pese a la sanción FIFA que le impedirá disputar los dos primeros encuentros del Mundial. Scaloni manda así un mensaje clarísimo: considera al jugador del Benfica parte importante del futuro inmediato de la selección, incluso asumiendo el riesgo de perder una plaza útil durante el arranque del torneo.

La gran incógnita será ahora cómo logra convivir esta nueva generación con la enorme herencia emocional de Catar 2022. Porque aquella Argentina no solo ganó un Mundial. Construyó una conexión sentimental extraordinaria con el país y con el fútbol mundial. Reemplazar futbolistas es relativamente sencillo. Reemplazar símbolos resulta muchísimo más complicado.

Pero Scaloni ya demostró algo fundamental durante estos años: entiende perfectamente los tiempos emocionales del vestuario argentino. Sabe cuándo proteger, cuándo renovar y cuándo soltar la mano a jugadores históricos. Y ahora, mientras el Mundial de 2026 empieza a asomar en el horizonte, Argentina parece prepararse para algo muy difícil en el fútbol: defender la gloria mientras aprende a cambiar de piel. @mundiario