Jannik Sinner sigue construyendo en Roma algo que empieza a parecer mucho más grande que un simple torneo. El número uno del mundo derrotó con absoluta autoridad a Andrea Pellegrino por 6-2 y 6-3 para clasificarse a los cuartos de final del Masters 1000 italiano y, de paso, alcanzar una cifra que hasta hace nada parecía reservada únicamente para monstruos históricos del tenis: 31 victorias consecutivas en torneos Masters 1000.
La cifra lo coloca directamente al lado de Novak Djokovic, el hombre que convirtió este tipo de torneos en territorio casi privado durante más de una década. Y aunque las comparaciones siempre resultan peligrosas, la sensación visual alrededor de Sinner empieza a recordar precisamente a eso: a la de un jugador que entra en pista sabiendo que el partido gira alrededor de su nivel y no del rival que tenga enfrente.
Andrea Pellegrino apenas pudo resistir el vendaval inicial. El arranque del encuentro fue prácticamente una demostración de autoridad territorial. Dos breaks consecutivos y un 4-0 inmediato dejaron claro que Sinner no estaba dispuesto a permitir ningún tipo de incertidumbre emocional delante de su público. El Foro Itálico ya juega al ritmo de su nueva gran estrella nacional.
Porque además existe un componente emocional muy fuerte detrás de este torneo. Italia lleva medio siglo esperando un campeón masculino en Roma. Desde Adriano Panatta en 1976 ningún tenista local consigue levantar el trofeo en el Foro Itálico. Y ahora todo un país empieza a mirar a Sinner no solo como el mejor jugador del mundo, sino como el hombre destinado a cerrar una herida histórica del tenis italiano.
El tenis mundial empieza a vivir la era Sinner
Lo más impresionante no es únicamente que gane. Es cómo gana. Sinner transmite una sensación de control absoluto del juego que intimida incluso antes de empezar los partidos. La velocidad de pelota, la limpieza de impactos y la facilidad con la que cambia ritmos convierten cada intercambio en una prueba física y mental insoportable para sus rivales.
Ante Pellegrino volvió a verse exactamente eso. Cuando el partido amagó con equilibrarse en el segundo set, especialmente con el 3-3 parcial, el número uno simplemente elevó otra vez el nivel y encadenó tres juegos consecutivos para cerrar el encuentro sin dramatismos. La superioridad parece tan natural que incluso empieza a resultar inquietante para el resto del circuito.
Además, el contexto actual potencia todavía más su dominio. La ausencia de Carlos Alcaraz en Roma y Roland Garros abre una autopista competitiva para un Sinner que atraviesa el momento más dominante de toda su carrera. El italiano no solo gana partidos: empieza a gobernar torneos enteros desde una sensación de inevitabilidad muy parecida a la que generaban Federer, Nadal o Djokovic en sus mejores años.
Ahora le espera Andrey Rublev en cuartos de final, un rival explosivo y peligroso, aunque también mucho más irregular emocionalmente. Sobre el papel, el ruso representa probablemente uno de los pocos jugadores capaces de intercambiar golpes de tú a tú con Sinner desde el fondo de pista. El problema es que el italiano parece haber llevado su tenis a una dimensión donde ya no depende únicamente de potencia o confianza.
Roma empieza mientras tanto a prepararse para algo histórico. Porque cuando un país obsesionado con el tenis descubre a un campeón capaz de sostener semejante nivel competitivo, el torneo deja de ser solo un torneo. Se transforma en un fenómeno nacional. Y ahora mismo, en Italia, todo gira alrededor de Jannik Sinner. @mundiario
