La expulsión de dos agregados de la embajada rusa en Roma marca un punto de inflexión en la contención de las «armas híbridas» de Moscú en Europa. El caso, calificado por el Ministerio de Defensa como «la punta del iceberg”, deja al descubierto cómo los servicios secretos de Vladímir Putin explotan la inmunidad diplomática. Su objetivo estratégico ya no es solo ideológico, sino puramente operativo: asfixiar el envío de armamento de la OTAN hacia el frente ucraniano mediante el robo de datos tecnológicos y militares críticos.
La decisión de Italia de expulsar a dos agregados militares rusos de la embajada en Roma refleja precisamente esa nueva realidad: el enfrentamiento ya no solo se libra sobre el terreno militar, sino también en los despachos diplomáticos, las redes de información y los servicios secretos.
El Gobierno italiano ordenó la salida de Ivan Petrovich Gorbachev y Mikhail Vasilyevich Astakhov, ambos acreditados como agregados militares de la embajada rusa, después de que una investigación judicial destapara una presunta trama de espionaje que habría operado durante años utilizando como intermediarios a antiguos miembros de los servicios de inteligencia italianos.
La medida supone un nuevo deterioro en unas relaciones bilaterales que ya atravesaban uno de sus momentos más fríos desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, debido al firme respaldo del Ejecutivo de Giorgia Meloni a Kiev y a la estrategia común de la OTAN.
Al anunciar la expulsión, el ministro italiano de Exteriores, Antonio Tajani, fue especialmente contundente:»Moscú sigue utilizando sus armas híbridas para atacar a Occidente e Italia. Esto constituye una injerencia grave e inaceptable en las instituciones italianas y en la seguridad nacional».
La expresión «armas híbridas» resume precisamente uno de los conceptos que más peso han adquirido en la estrategia contemporánea de seguridad: operaciones que combinan espionaje, campañas de desinformación, ciberataques, presión económica e influencia política sin necesidad de recurrir a un conflicto militar convencional.
Los secretos que interesaban a Moscú
Según la investigación desarrollada por la Fiscalía de Roma, la Agencia de Información y Seguridad Interior (AISI) detectó ya en mayo de 2025 movimientos sospechosos relacionados con antiguos funcionarios de inteligencia. Estas pesquisas culminaron con la detención de Gavino Raoul Piras y Vincenzo Di Pasquale, dos exmiembros de los servicios secretos italianos —ambos de 59 años y retirados desde hacía más de una década—, quienes se enfrentan a acusaciones especialmente graves.
Los investigadores sostienen que ambos habrían utilizado la experiencia, los contactos y el conocimiento adquirido durante su etapa en los servicios de inteligencia para suministrar información sensible a representantes del servicio secreto militar ruso (GRU), que operaban bajo cobertura diplomática.
La jueza Rosamaria De Lellis justificó las medidas cautelares señalando que, «aprovechando hábilmente la experiencia adquirida en sus anteriores funciones, ambos exfuncionarios actuaron vulnerando —y con menosprecio hacia— sus deberes de lealtad e integridad para con el Estado». La magistrada añadió además que existía «una certeza casi absoluta de que, de presentarse la oportunidad, cometerían nuevos delitos de la misma índole».
Uno de los elementos que mayor preocupación ha generado entre las autoridades italianas es el contenido de la información que, presuntamente, buscaban obtener los servicios de inteligencia rusos, ya que las conversaciones interceptadas muestran un interés constante por cuestiones directamente relacionadas con la seguridad de Italia, la Unión Europea y la OTAN.
Entre los asuntos investigados figuran los planes italianos de adquisición de misiles de largo alcance, los programas de rearme de Italia, la UE y la Alianza, y la ayuda occidental destinada al desarrollo de armamento para Ucrania. Asimismo, las pesquisas abarcan la eficacia de los ataques contra instalaciones nucleares iraníes, información sobre sistemas de defensa antiaérea, avances en tecnología aeroespacial italiana y datos sobre personal militar susceptible de ser reclutado.
Especial preocupación genera la presunta revelación de identidades de agentes del contraespionaje italiano, una información cuya difusión puede comprometer operaciones en curso e incluso poner en riesgo la seguridad personal de esos funcionarios.
Métodos propios de otra época
Pese a desarrollarse en plena era digital, muchas de las técnicas utilizadas recuerdan a los manuales clásicos del espionaje de la Guerra Fría. Según la investigación, las reuniones se celebraban en parques o lugares discretos, los mensajes se intercambiaban mediante pequeños papeles manuscritos y las tarjetas MicroSD con información presuntamente clasificada eran ocultadas en grietas de muros para ser recogidas posteriormente; incluso se habría recurrido al uso de hornos microondas para almacenar teléfonos móviles y dificultar posibles escuchas electrónicas durante los encuentros.
Las imágenes grabadas por los investigadores muestran intercambios de sobres con dinero en efectivo. De hecho, en una conversación interceptada, se observa al agente ruso entregar instrucciones escritas y un sobre con 4.000 euros, ante lo cual Piras responde tras leerlas: «Yo lo que puedo dar, lo doy, dile a tu jefe». En otro momento, cuando el oficial ruso insiste en obtener más información y datos personales de militares italianos, el exagente responde tajantemente: «Claro, basta pagar».
Las grabaciones también reflejan un tono casi cotidiano sobre las compensaciones económicas. En una de ellas, el investigado llega incluso a lamentarse: «No me sobra dinero ni siquiera para el café. Antes al menos me invitaban a comer».
El caso no se limita únicamente a los dos antiguos agentes detenidos, ya que la investigación alcanza también a cinco militares en activo vinculados al área de ciberdefensa del Ministerio de Defensa italiano. Actualmente, las autoridades intentan determinar si estos efectivos facilitaron documentación clasificada de manera consciente o si, por el contrario, desconocían el destino final de la información.
Paralelamente, los registros efectuados en los domicilios de los principales investigados permitieron localizar alrededor de 20.000 euros en efectivo, mientras la Fiscalía continúa reconstruyendo la dimensión económica de las presuntas actividades desarrolladas durante años.
El principal acusado mantiene su inocencia. A través de su defensa sostiene que toda la información manejada procedía de fuentes abiertas y que nunca transmitió documentación clasificada.
Una red más amplia bajo investigación
La expulsión de los dos diplomáticos era una consecuencia prácticamente esperada tras conocerse la investigación, en línea con las acciones de numerosos países europeos que, desde el inicio de la guerra en Ucrania, han expulsado a diplomáticos rusos acusados de desarrollar actividades incompatibles con su estatus oficial.
Aunque en la mayoría de los casos estas medidas han sido respondidas por Moscú de forma recíproca, y pese a que el Ministerio de Exteriores ruso ya ha adelantado que responderá a la decisión italiana, Antonio Tajani se anticipó a esa posibilidad declarando: «Rusia puede adoptar las medidas de represalia que desee; se trata de actos de venganza. Ellos deben demostrar que las personas a las que expulsan son realmente espías. Nuestra decisión se basa en hechos; la suya es política».
Por su parte, el embajador ruso en Italia, Alexei Paramonov, criticó duramente la actuación del Gobierno italiano y aseguró que la expulsión pretende reducir la influencia de su país en el territorio. Este caso se suma a otros incidentes similares registrados en los últimos años en Europa; de hecho, Italia ya vivió un importante escándalo en 2021 con la detención del oficial de la Marina Walter Biot, condenado posteriormente por entregar documentos clasificados a un funcionario ruso.
La diferencia es que ahora la investigación parece apuntar hacia una estructura mucho más prolongada en el tiempo y con un alcance potencialmente superior, al afectar tanto a información nacional como a documentación relacionada con la OTAN y la defensa europea.
Todo ello coincide además con un contexto internacional marcado por el incremento del gasto militar europeo, el fortalecimiento de la cooperación en inteligencia entre aliados occidentales y la creciente preocupación por las operaciones híbridas atribuidas al Kremlin. @mundiario
