El Real Madrid completó un notable ejercicio colectivo para superar con claridad al Málaga en el Estadio Santiago Bernabéu. El cuadro dirigido por José Mourinho encandiló a su afición mediante un despliegue de esfuerzo, presión alta y fluidez ofensiva que terminó por desnivelar el choque frente al conjunto andaluz.
Las rotaciones introducidas por el técnico portugués funcionaron a la perfección desde el pitido inicial. La presencia de Trent Alexander-Arnold en el lateral derecho aportó un guante preciso en el centro, mientras que el dinamismo de Eduardo Camavinga en el medio del campo y la aportación defensiva de Brahim Díaz sostuvieron el equilibrio táctico del equipo.
La gran figura de la velada fue Jude Bellingham, quien completó su actuación más dominante desde su irrupción en el fútbol español. El centrocampista británico abrió el marcador tras construir una jugada individual majestuosa en la que sorteó a tres defensores antes de batir por bajo al guardameta Alfonso Herrero.
El segundo tanto blanco nació de una nueva acción generada por el inglés, cuyo remate provocó un despeje desafortunado que terminó en la meta visitante. La insistencia madridista tuvo premio antes del descanso con una volea certera de Kylian Mbappé a centro de Trent, consolidando la ventaja y ampliando la cuenta del galo al frente del Pichichi.
El Málaga, comandado por Funes desde el banquillo, afrontó el compromiso con un planteamiento valiente y plagado de futbolistas de la casa. Pese al severo castigo encajado en la primera mitad, la escuadra malaguista demostró carácter y no se descompuso en ningún momento sobre el césped de la capital.
Personalidad malaguista frente al dominio madridista
Los visitantes avisaron a los veinte segundos con una diagonal de David Larrubia y rozaron el gol en un remate al poste de Rafa a la salida de un córner. En la segunda parte, la entrada de refrescos permitió al Málaga rebajar las revoluciones del encuentro y dejar destellos de gran calidad técnica ante la parroquia local.
En el tramo final, Mourinho administró la ventaja dando entrada a piezas como Arda Güler, Bernardo Silva y Yan Diomande. Sin embargo, mantuvo en el terreno de juego a Vinicius Junior y al propio Bellingham, cuya ovación al ser sustituido escenificó el idilio total entre el jugador y el feudo madridista.
El rendimiento del centrocampista inglés no solo destacó por su elegancia en la conducción y un tiro al poste de zurda, sino por su liderazgo vocal al exigir compromiso defensivo a sus compañeros en las transiciones del rival. Esa mentalidad contagió a las gradas del Bernabéu, que despidió al equipo entre aplausos.
Con este triunfo convincente, el Real Madrid ratifica sus buenas sensaciones colectivas y su crecimiento futbolístico antes de afrontar su próxima prueba de exigencia en La Cartuja. El proyecto de Mourinho coge vuelo sustentado en la firmeza táctica y la brillantez de sus estrellas.
El Málaga, por su parte, abandona la capital sin puntos pero con argumentos para la esperanza en la competición doméstica. La personalidad exhibida por su joven plantilla confirma que el conjunto andaluz posee el carácter necesario para competir con garantías a lo largo de la temporada. @mundiario
