Trump celebra el regreso de Enrique y Meghan al Reino Unido

El regreso de Enrique de Inglaterra y Meghan Markle al Reino Unido ha encontrado un inesperado espectador: Donald Trump. El presidente estadounidense ha asegurado que se alegra de que los duques de Sussex hayan decidido instalarse de nuevo en el país natal del príncipe, aunque su gesto de bienvenida ha quedado rápidamente eclipsado por una nueva andanada contra Meghan. Trump ha dejado claro que su opinión sobre la pareja apenas ha cambiado y que, si hubiera dependido de él, la historia habría tenido otro desenlace.

Durante una comparecencia este miércoles en la Casa Blanca, Trump reconoció que le parece positivo que Enrique y Meghan hayan regresado al Reino Unido después de seis años viviendo en Estados Unidos. Pero inmediatamente después marcó distancias: aseguró que nunca fue admirador de los duques y reservó sus palabras más críticas para Meghan Markle, a quien volvió a reprochar la forma en que, a su juicio, trató a la familia real británica.

La declaración resulta especialmente llamativa porque el regreso de los Sussex no supone, al menos por ahora, una reconciliación institucional con la monarquía. Enrique y Meghan abandonaron sus funciones como miembros activos de la familia real en 2020 y su vuelta al territorio británico no significa que vayan a recuperar aquellas obligaciones. Se trata, fundamentalmente, de un movimiento familiar y personal que devuelve al príncipe a su país de origen, pero no al papel que desempeñaba antes de su ruptura con la institución.

Trump vuelve a poner el foco sobre Meghan Markle

La relación entre Donald Trump y Meghan Markle lleva años marcada por los desencuentros. El presidente estadounidense ha aprovechado en distintas ocasiones para recordar que no simpatiza con la duquesa de Sussex, mientras que Meghan ya había expresado públicamente antes de su matrimonio con Enrique su rechazo hacia Trump.

Ahora, con el regreso de la pareja a Reino Unido, el mandatario ha recuperado aquel enfrentamiento y ha endurecido nuevamente el tono. Trump ha calificado a Meghan de “tremendamente irrespetuosa” con la reina Isabel II y con el actual rey Carlos III y ha llegado a afirmar que, si hubiera formado parte de la familia real, no habría aceptado de vuelta a los Sussex.

Sus palabras introducen una lectura política y mediática en una decisión que, en principio, pertenece al ámbito privado. El regreso de Enrique y Meghan se produce en un momento en el que la distancia entre los duques y la Casa Real sigue siendo uno de los grandes focos de atención de la prensa británica. Por eso, cualquier comentario de una figura tan relevante como Trump tiene capacidad para reactivar un debate que parecía menos presente en los últimos meses.

Seis años después, los Sussex regresan a Reino Unido

Enrique y Meghan volvieron al Reino Unido el pasado 26 de agosto junto a sus hijos, Archie y Lilibet. Los niños comenzarán previsiblemente el nuevo curso en un exclusivo centro educativo privado, mientras sus padres ultiman los detalles de su residencia.

La elección del lugar donde vivirá la familia también alimenta las especulaciones. Las informaciones publicadas en Reino Unido apuntan a los Cotswolds, una zona rural de gran atractivo entre personas con elevado poder adquisitivo y conocida por convertirse en refugio de algunas de las grandes fortunas y celebridades.

El movimiento supone un cambio importante respecto a la etapa estadounidense de la familia, pero no necesariamente un acercamiento a la monarquía. Enrique continúa apartado de las funciones oficiales y Meghan mantiene su carrera profesional fuera de la estructura de la Casa Real.

Un regreso que no significa reconciliación

Precisamente ahí reside una de las claves de esta nueva etapa. Volver a vivir en Reino Unido no equivale a regresar a la familia real en términos institucionales. Los Sussex renunciaron voluntariamente a sus responsabilidades como miembros activos y, por ahora, no existe indicio de que esa decisión vaya a revertirse.

La cuestión es si la proximidad física puede terminar modificando unas relaciones familiares que llevan años sometidas a una enorme presión mediática. La presencia de Enrique y Meghan en Reino Unido podría facilitar determinados encuentros privados, especialmente en lo relacionado con sus hijos, pero también puede aumentar la exposición de la familia a la prensa británica.

En ese escenario, las declaraciones de Trump añaden una nueva capa de tensión. El presidente estadounidense no solo ha recordado su mala opinión sobre Meghan, sino que ha situado el regreso de los Sussex dentro de un conflicto familiar que, en realidad, lleva años desarrollándose lejos de la Casa Blanca.

Por el momento, Enrique y Meghan parecen apostar por recuperar parte de su vínculo con Reino Unido sin renunciar a la vida independiente que construyeron en Estados Unidos. Y esa fórmula intermedia puede ser precisamente el aspecto más difícil de gestionar: regresar sin volver completamente, acercarse al país sin reincorporarse a la institución y reconstruir una vida familiar bajo una atención pública que nunca los ha abandonado. @mundiario