Con el diésel al cuello: Trump presiona a Ucrania para llegar a una “tregua energética” con Rusia

Donald Trump ha anunciado una supuesta tregua energética entre Rusia y Ucrania en un momento especialmente delicado para los mercados de combustibles. El presidente estadounidense afirmó este lunes que ambos países habían acordado suspender los ataques contra objetivos energéticos del adversario, pero la respuesta inmediata de Kiev introdujo un matiz decisivo: Ucrania no parece considerar que exista todavía un acuerdo plenamente confirmado ni confía en que Rusia vaya a respetarlo sin garantías externas.

A través de su red Truth Social, el presidente estadounidense aseguró categóricamente: «¡Ucrania ha aceptado no atacar objetivos energéticos rusos. ¡Rusia ha aceptado hacer lo mismo!». Trump justificó la urgencia de este supuesto pacto argumentando que los ataques ucranianos a refinerías son la verdadera causa de que el precio del diésel en EE UU haya superado los 6 dólares por galón, un factor crítico de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato (midterms) de noviembre.

Apenas una hora después, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aclaró la situación mediante una publicación en la plataforma X. Precisó que Kiev únicamente ha presentado una propuesta formal a sus socios internacionales para detener los ataques mutuos contra la red eléctrica, infraestructuras críticas y rutas de suministro de alimentos. Sin embargo, enfatizó que «Ucrania no está convencida de que Rusia esté dispuesta a cumplir ningún acuerdo». 

En este contexto, Zelenski advirtió además sobre el riesgo de que Moscú busque una tregua efímera y oportunista para aliviar la presión sobre los combustibles justo antes de las elecciones parlamentarias rusas (previstas del 18 al 20 de septiembre de 2026), para congraciarse con Trump y reanudar los bombardeos inmediatamente después.

La idea no es completamente nueva. Durante meses, las conversaciones impulsadas por Washington han contemplado algún tipo de pausa en los ataques contra infraestructuras energéticas y otros objetivos críticos. Ucrania ha defendido que una suspensión recíproca de estos ataques podría constituir un primer paso hacia una desescalada más amplia.

El problema es que una tregua energética no equivale a un alto el fuego general. No detendría los combates en el frente ni resolvería las diferencias territoriales que mantienen bloqueadas las negociaciones de paz. Su objetivo sería mucho más limitado: evitar que Rusia y Ucrania continúen utilizando refinerías, centrales, instalaciones petroleras, redes eléctricas y otras infraestructuras esenciales como objetivos de su estrategia militar.

Zelenski ya había manifestado el domingo que Ucrania estaba abierta a discutir un “alto el fuego energético” y una tregua en el mar Negro. Ahora sostiene que una pausa de este tipo podría ser “el primer paso hacia la paz”, pero insiste en que debe ser fiable y duradera.

Kiev dice sí, pero con una condición

La reacción de Zelenski no fue un rechazo frontal. Al contrario, dejó abierta la puerta a suspender los ataques ucranianos contra instalaciones rusas si Washington y otros aliados consiguen garantizar que Moscú también detendrá los suyos. “Si nuestros socios están dispuestos a garantizar que Rusia realmente se abstenga de atacar nuestro sistema eléctrico, otras instalaciones energéticas, infraestructuras críticas y las rutas de suministro de alimentos, entonces, por supuesto, nosotros estamos dispuestos a garantizar un alto equivalente de nuestros ataques”, explicó el presidente ucraniano.

Kiev no rechaza una tregua energética, sino que considera insuficiente un anuncio político si no cuenta con un mecanismo que permita verificarlo. Esta desconfianza tiene un origen evidente: Rusia ha atacado repetidamente la red eléctrica y otras infraestructuras ucranianas desde el inicio de la invasión a gran escala, mientras que Ucrania ha intensificado sus ataques de largo alcance contra refinerías, depósitos de combustible e instalaciones de la industria petrolera rusa.

Para Moscú, esos ataques ucranianos forman parte de la presión militar contra su capacidad económica y logística. Para Kiev, atacar la industria energética rusa es una forma de reducir los recursos con los que Rusia sostiene su esfuerzo bélico. Ambas estrategias hacen que una tregua sobre energía tenga consecuencias militares, además de económicas.

El anuncio llega, además, después de que el presidente estadounidense colocara directamente los ataques ucranianos contra el sector de los hidrocarburos en el centro de su agenda de política energética. Durante una rueda de prensa ofrecida este domingo 13 de septiembre en Irlanda —en el marco de su asistencia al torneo de golf Irish Open celebrado en su club de Doonbeg—, Trump exigió públicamente al mandatario ucraniano un cese inmediato de las incursiones con drones de largo alcance contra las refinerías de petróleo y depósitos de almacenamiento rusos.

Su declaración textual fue explícita: “El Sr. Zelenski tiene que hacer una cosa: tiene que dejar de destruir el combustible diésel en Rusia”). El mandatario estadounidense argumentó que estas operaciones militares de Kiev están provocando un desabastecimiento global de destilados y vinculó directamente la campaña ucraniana con el encarecimiento de la energía en el mercado norteamericano.

Por ello, la cuestión es prácticamente doméstica para Washington. El precio medio del diésel estadounidense ha superado los seis dólares por galón, encareciendo el transporte, la agricultura y otras actividades que dependen directamente del combustible. En este contexto, cualquier factor capaz de limitar el suministro adquiere relevancia económica y política.

Trump sostiene ahora que la subida mundial del diésel se debe principalmente a la guerra entre Rusia y Ucrania y no a su guerra con Irán. Sin embargo, el origen del actual problema energético es más complejo.

Irán, Ormuz y la batalla por explicar el precio del petróleo

La guerra en Oriente Próximo ha provocado una alteración muy importante de los mercados energéticos. Los ataques y la interrupción del tráfico por el estrecho de Ormuz han afectado una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo y productos derivados.

Al mismo tiempo, las ofensivas ucranianas contra las refinerías rusas han reducido parte de la capacidad de procesamiento y han obligado a Moscú a modificar sus previsiones de producción y exportación de combustible. Reuters informó de que Rusia ha rebajado sus perspectivas de producción de petróleo hasta niveles que no se veían desde hace años.

La discusión, por tanto, no puede reducirse a una sola causa. Hay una combinación de interrupciones en Oriente Medio, problemas de transporte marítimo, ataques contra infraestructuras energéticas rusas y perturbaciones en las cadenas internacionales de suministro. El KSE Institute, citado por el Financial Times, estimó que la caída de las exportaciones de productos petrolíferos del Golfo entre marzo y agosto tuvo un impacto mayor que la reducción de las exportaciones rusas durante el mismo periodo. Según ese análisis, la pérdida vinculada al Golfo habría sido aproximadamente 2,2 veces superior.

Eso no elimina el efecto de los ataques ucranianos sobre la industria rusa, pero sí introduce una diferencia importante respecto a la explicación presentada por Trump.

La dificultad ahora no consiste únicamente en conseguir que Putin y Zelenski acepten verbalmente una pausa. Consiste en determinar qué instalaciones quedarían protegidas, durante cuánto tiempo, quién verificaría los ataques y qué ocurriría si uno de los dos países acusa al otro de incumplir. @mundiario