El Submarino Amarillo se hunde mientras busca su identidad tras Marcelino

El Villarreal atraviesa un comienzo de temporada que pocos podían imaginar después de acabar tercero la pasada liga y clasificarse por segundo año consecutivo para la Champions. Cinco jornadas después, el Submarino Amarillo todavía no ganó, solo sumó dos puntos de 15 posibles y se sitúa en puestos de descenso. El cambio de ciclo posterior a Marcelino García Toral está resultando mucho más traumático de lo esperado.

La derrota por 1-2 ante el Betis terminó de encender unas alarmas que ya venían sonando. El Villarreal se adelantó por medio de Gerard Moreno, pero volvió a descomponerse y terminó completamente superado en la segunda mitad. Solo las intervenciones de Péter Gulácsi evitaron un marcador mucho más amplio ante un rival que acabó el partido con 26 remates.

Íñigo Pérez señala primero hacia sí mismo

La imagen posterior del entrenador resumió perfectamente el momento. Íñigo Pérez no buscó excusas y asumió prácticamente toda la responsabilidad. “No estoy dando el nivel”, reconoció después del encuentro, antes de admitir que no había encontrado las soluciones que su equipo necesitaba y que debía “recapacitar”.

El problema es que el calendario ya empieza a convertir las sensaciones en resultados preocupantes. El Villarreal abrió La Liga con dos empates consecutivos frente al Racing y el Atlético de Madrid, pero desde entonces perdió contra Alavés, Deportivo y Betis. Entre medias también cayó 3-2 en Dortmund en su estreno en Champions, aunque allí sí ofreció una versión mucho más competitiva y estuvo cerca de rascar un empate.

Del Villarreal de Marcelino a un equipo irreconocible

La comparación con el curso pasado resulta inevitable. Marcelino se marchó después de cerrar una etapa magnífica con un tercer puesto y otra clasificación para la Champions. Su salida no se produjo por un fracaso deportivo, sino por una decisión acordada meses antes después de comprobar que las aspiraciones del entrenador y el planteamiento del club para el futuro no coincidían completamente.

Íñigo Pérez llegó después de realizar un gran trabajo en el Rayo Vallecano y firmó hasta 2029, pero todavía no consiguió trasladar su idea al nuevo vestuario. El Villarreal intenta tener más balón, elaborar desde atrás y asumir mayores riesgos en la construcción, aunque por ahora esa propuesta está dejando demasiados espacios y un equipo considerablemente menos fiable que el de Marcelino.

Tampoco ayuda el rendimiento individual. Pape Gueye está lejos del nivel dominante que mostró durante buena parte de la temporada pasada, Comesaña no consigue controlar los partidos y la defensa transmite una enorme fragilidad. Gerard Moreno alterna acciones de enorme calidad con largos periodos de poca influencia, mientras Mikautadze todavía no encontró la continuidad esperada. Nicolas Pepe dejó algunos de los mejores momentos de este comienzo y Nathan Saliba apareció como una de las noticias positivas, pero son excepciones dentro de un rendimiento colectivo muy irregular.

El partido contra el Betis volvió a señalar esa debilidad. Mouriño y Pau Navarro sufrieron en defensa, Pape Gueye y Comesaña perdieron el control del centro del campo y los atacantes apenas pudieron sostener al equipo cuando el rival elevó el ritmo. Gulácsi, pese a participar en acciones que terminaron en los goles visitantes, acabó siendo también quien evitó que el resultado fuese mucho más doloroso.

 

El margen empieza a reducirse

Todavía es septiembre y sería absurdo convertir cinco jornadas en una sentencia definitiva. El propio Villarreal tiene un precedente alentador: Manuel Pellegrini necesitó seis partidos para conseguir su primera victoria liguera en 2004 y aquel equipo terminó tercero. Pero la paciencia siempre depende de la evolución y, sobre todo, de que empiecen a llegar resultados.

Málaga y Levante aparecen ahora como dos partidos fundamentales antes del siguiente parón. Íñigo Pérez necesita su primera victoria, pero probablemente necesita todavía más que su equipo vuelva a parecer reconocible. Marcelino dejó un Villarreal tercero, competitivo y convencido de lo que hacía. Apenas unos meses después, el conjunto groguet está en descenso, no ganó ninguno de sus seis partidos oficiales y su entrenador reconoce públicamente que todavía no encuentra las respuestas. El cambio de ciclo existe; el problema es que, por ahora, el Submarino sigue sin saber hacia dónde navega. @mundiario