Sin el veto de Orbán a la vista, Ucrania da un paso histórico hacia la Unión Europea

El Parlamento de Ucrania ha aprobado una reforma legislativa destinada a reforzar los derechos educativos y lingüísticos de las minorías nacionales, una de las principales reivindicaciones que durante años han enfrentado a Kiev y Budapest. La decisión representa un avance relevante para las relaciones bilaterales y elimina uno de los obstáculos que dificultaban la apertura de nuevas fases de las negociaciones de adhesión ucranias a la Unión Europea.

La norma, respaldada por 266 diputados de la Rada Suprema, pretende garantizar mayores posibilidades de estudiar en la lengua materna, reforzar la protección jurídica de las escuelas de minorías y facilitar el uso de idiomas reconocidos en determinados ámbitos educativos y culturales. La reforma afecta especialmente a la comunidad húngara de Transcarpatia, en el oeste de Ucrania, pero sus disposiciones también pueden beneficiar a otras minorías, entre ellas las comunidades de habla rumana.

La decisión se produce después de meses de negociaciones y de un cambio político en Hungría. Durante el mandato de Viktor Orbán, Budapest utilizó repetidamente su capacidad de veto en las instituciones europeas para presionar a Kiev, alegando que Ucrania no garantizaba suficientemente los derechos de los húngaros que viven en su territorio como excusa para exigir concesiones. La llegada al poder de Péter Magyar ha abierto una oportunidad para rebajar la tensión, aunque el nuevo Ejecutivo no ha abandonado esa reivindicación.

La ministra húngara de Asuntos Exteriores, Anita Orbán, calificó la aprobación de la ley como el resultado positivo de meses de intenso trabajo conjunto y diálogo constructivo. Tras reunirse en Luxemburgo con su homólogo ucraniano, Andrii Sybiha, advirtió que Budapest vigilará estrechamente, junto a las organizaciones de la región de Transcarpatia, la aplicación efectiva de estas garantías para la minoría húngara. El ejecutivo mantiene la firme exigencia de compromisos verificables en materia de derechos educativos antes de consolidar el respaldo total a la adhesión de Kiev al bloque, cuyos avances clave —como la apertura de los capítulos de negociación del mercado único y competitividad— dependían estrictamente del fin del veto húngaro.

Por su parte, el ministro ucraniano de Exteriores ha presentado el acercamiento como una relación basada en el respeto mutuo, la buena vecindad y un futuro europeo compartido. Para Kiev, el acuerdo tiene un valor que supera el ámbito educativo: reduce una fuente de fricción con un Estado miembro cuya aprobación es necesaria para que las decisiones clave de la ampliación comunitaria puedan avanzar.

Qué cambia con la nueva ley sobre las minorías nacionales

La búsqueda de estas garantías está profundamente interconectada con la invasión rusa de Ucrania, aunque el origen del conflicto por los derechos de la minoría húngara se remonta a unos años antes. En este sentido, tras la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014 y el estallido del conflicto armado en el Donbás, Ucrania experimentó un fuerte auge del sentimiento nacional y la necesidad de proteger su soberanía cultural. Como respuesta directa a la influencia y propaganda rusas, el Parlamento ucraniano aprobó en 2017 una nueva Ley de Educación cuyo objetivo principal era limitar el uso obligatorio del idioma ruso en las escuelas públicas y asegurar que todos los ciudadanos dominaran el ucraniano. Sin embargo, la ley afectó por igual a todas las minorías del país al restringir la enseñanza en sus lenguas maternas (incluido el húngaro en Transcarpatia) a partir del quinto grado.

El núcleo de la reforma está en las condiciones de enseñanza y en el reconocimiento de los centros educativos que utilizan lenguas de minorías nacionales. La comunidad húngara de Transcarpatia llevaba años reclamando una protección más amplia de la enseñanza en su idioma, así como garantías sobre el funcionamiento de sus escuelas y el uso de materiales educativos en húngaro.

Las restricciones aprobadas por Kiev en 2017 y 2019 reforzaron el papel del ucraniano como lengua estatal en la educación y en la vida pública. Las autoridades justificaron esas medidas como instrumentos para consolidar una lengua común en un país sometido a una presión militar y política creciente por parte de Rusia. Para las comunidades minoritarias, sin embargo, algunas disposiciones dificultaron la continuidad de la enseñanza en sus lenguas tradicionales.

La nueva legislación intenta corregir parte de esas limitaciones sin renunciar al papel central del ucraniano. Entre sus medidas figura la posibilidad de reconocer como escuelas de minorías nacionales a determinados centros en los que más de la mitad del alumnado estudia en una lengua minoritaria que también sea idioma oficial de la Unión Europea. También contempla mayores garantías para el uso de esas lenguas en el proceso educativo, la documentación escolar y los contenidos vinculados a la historia, la cultura y las tradiciones de cada comunidad.

La reforma prevé, además, salvaguardas para la continuidad de la educación en la lengua correspondiente en caso de reorganización o cierre de un centro. No supone, por tanto, sustituir el ucraniano como lengua estatal ni conceder a todas las lenguas el mismo tratamiento jurídico: las disposiciones específicas se dirigen a lenguas indígenas y minoritarias que sean oficiales en la UE, lo que excluye al ruso de este régimen concreto.

El Gobierno ucranio sostiene que es posible proteger los derechos de las minorías sin debilitar la posición de la lengua nacional. Ese equilibrio tiene especial importancia desde la invasión rusa a gran escala de 2022, cuando Kiev ha reforzado la dimensión política y de seguridad de la lengua. Moscú ha empleado la supuesta defensa de los rusoparlantes como parte de su justificación para intervenir en Ucrania, lo que ha hecho más sensible cualquier debate sobre derechos lingüísticos.

Sin embargo, la situación de la comunidad húngara no es idéntica a la cuestión rusa. Budapest ha planteado sus reclamaciones en el marco de una disputa sobre educación, identidad y relaciones bilaterales, mientras que el Kremlin ha instrumentalizado el idioma para respaldar una política de intervención militar. La reforma ucraniana intenta distinguir ambos escenarios y ofrecer garantías a las minorías sin abrir una vía que comprometa la política lingüística general del Estado.

Ucrania avanza en su adhesión europea: qué significan los nuevos capítulos

Durante los años de Viktor Orbán, las relaciones entre Hungría y Ucrania se deterioraron de manera recurrente. La disputa sobre los derechos de la minoría húngara se convirtió en uno de los principales argumentos de Budapest para bloquear decisiones comunitarias relacionadas con la integración europea de Kiev y la asistencia a Ucrania frente a la invasión rusa.

El antiguo primer ministro húngaro mantuvo una relación más próxima a Moscú que la mayoría de los dirigentes de la UE y cuestionó repetidamente la estrategia europea de apoyo a Ucrania. Su Gobierno utilizó el requisito de unanimidad en asuntos de política exterior y en determinadas decisiones sobre ampliación para aumentar su capacidad de presión. El resultado fue una relación bilateral marcada por la desconfianza y una negociación europea expuesta a los intereses de Budapest.

La derrota electoral de Orbán en abril y la llegada de Péter Magyar al poder han cambiado el contexto. El nuevo primer ministro ha adoptado una actitud más pragmática y ha favorecido la reanudación de las conversaciones, aunque no comparte todas las posiciones de Kiev. Su Gobierno ha mantenido la protección de la minoría húngara como condición política, pero ha mostrado disposición a desbloquear decisiones europeas cuando se producen avances concretos.

La reforma también ofrece a Magyar una forma de marcar distancias con su predecesor sin abandonar una cuestión sensible para la política húngara. Defender los derechos lingüísticos de una comunidad vinculada históricamente a Hungría sigue siendo una reivindicación transversal, no exclusiva del antiguo Gobierno. La diferencia está en el método: la negociación y los acuerdos verificables sustituyen, al menos por ahora, a una estrategia de confrontación más amplia.

El desbloqueo de la disputa lingüística permite avanzar en dos bloques de las negociaciones de adhesión de Ucrania: el segundo, relativo al mercado interior, y el tercero, dedicado a competitividad y crecimiento inclusivo. Los Estados miembros han acordado abrir formalmente esos ámbitos, un paso que Kiev considera esencial para mantener el impulso de su candidatura.

El mercado interior comprende áreas como la libre circulación de mercancías, trabajadores, servicios y capitales, además de la competencia, los servicios financieros y la protección de los consumidores. El bloque de competitividad abarca, entre otros asuntos, la fiscalidad, el empleo, la política industrial, la investigación, la educación y la transformación digital.

La apertura de estos capítulos no significa que Ucrania esté a punto de ingresar en la UE. Permite avanzar en las negociaciones técnicas y examinar la adaptación de la legislación ucrania al acervo comunitario, pero cada área exige reformas, evaluaciones y el cumplimiento de criterios específicos. La adhesión continúa siendo un proceso largo, sujeto a la valoración de los Estados miembros y al cumplimiento de los requisitos europeos.

Además, el bloque de fundamentos —que incluye el Estado de derecho, las instituciones democráticas y la reforma de la Administración pública— ocupa una posición central en la metodología de ampliación. Su progreso condiciona el ritmo general de las negociaciones y debe mantenerse durante todo el proceso. La guerra, la reconstrucción, la lucha contra la corrupción y la capacidad administrativa ucrania añaden dificultades a una candidatura que ya afronta un camino complejo. @mundiario