Saúl Canelo Álvarez ha encontrado en Oleksandr Usyk algo más que un campeón al que admira: un aliado para afrontar una etapa decisiva de su carrera. El boxeador mexicano prepara su próximo combate ante Christian Mbilli con la ayuda de integrantes del equipo del ucraniano, una colaboración que combina amistad, aprendizaje y ajustes en su preparación física. La decisión refleja una idea cada vez más extendida en el boxeo de élite: incluso los deportistas más experimentados pueden encontrar ventajas al salir de sus rutinas habituales y observar otros métodos de trabajo. Canelo no ha cambiado de entrenador, pues Eddy Reynoso continúa al frente de su preparación, pero sí ha ampliado el entorno del que obtiene herramientas para llegar en mejores condiciones al cuadrilátero.
El vínculo personal con Usyk explica buena parte de esta colaboración. Ambos mantienen una relación de amistad desde hace tiempo y, según ha contado el mexicano, hablan cada vez que coinciden. Esa confianza facilitó el acceso al gimnasio del equipo ucraniano y permitió que los preparadores adaptaran sus ejercicios a las necesidades específicas de Álvarez. «Nos llevamos bien», resumió el púgil al explicar una relación que ha trascendido la cordialidad entre dos figuras del deporte. En un entorno tan competitivo como el boxeo profesional, donde cada equipo protege sus métodos y sus secretos, la posibilidad de compartir conocimientos con otro campeón constituye una oportunidad poco habitual. La amistad ha abierto la puerta; el objetivo es aprovecharla en el entrenamiento.
Canelo ha destacado especialmente lo que está aprendiendo en fuerza y acondicionamiento físico. El trabajo no consiste en sustituir el sistema que ha desarrollado durante años junto a Reynoso, sino en incorporar recursos que puedan complementar su preparación. A estas alturas de su trayectoria, los pequeños ajustes pueden resultar importantes para optimizar la respuesta física, gestionar mejor las cargas y llegar al combate con las sensaciones adecuadas. El propio mexicano aseguró que aprende con rapidez y que disfruta de los nuevos ejercicios. Esa disposición a escuchar y probar alternativas muestra que su preparación no se limita a repetir fórmulas conocidas, sino que busca adaptarse a las exigencias de cada reto.
La colaboración también permite entender cómo se distribuyen las funciones dentro de un equipo de alto rendimiento. Los integrantes del entorno de Usyk aportan sus conocimientos y su experiencia, mientras que Eddy Reynoso mantiene la responsabilidad de orientar el trabajo hacia las necesidades boxísticas de su pupilo. Canelo ha agradecido que los preparadores ucranianos pongan su energía a disposición de su preparación y ajusten las sesiones a las indicaciones de su entrenador. La coordinación es esencial: incorporar métodos nuevos solo tiene sentido si encajan en un plan coherente y responden a objetivos concretos. En un deporte donde la preparación física debe estar al servicio de la técnica, la estrategia y la resistencia, sumar conocimientos no significa perder identidad.
El siguiente desafío de Álvarez será Christian Mbilli, el 31 de octubre en Riad, en una pelea por el título mundial supermediano del Consejo Mundial de Boxeo. El combate llega después de una etapa exigente para el mexicano, que busca recuperar terreno tras perder ante Terence Crawford el campeonato indiscutido de la categoría en septiembre de 2025. El regreso a la disputa de un cinturón supone una oportunidad deportiva y también una prueba para comprobar cómo responde a los cambios introducidos en su preparación. Mbilli representa un rival que exigirá concentración y capacidad para sostener el ritmo. La colaboración con el equipo de Usyk forma parte de ese esfuerzo por llegar mejor preparado, aunque su eficacia solo podrá valorarse cuando ambos boxeadores suban al ring.
Riad, el otro rival de Canelo: descanso y adaptación al horario
La preparación de Canelo no se limita al gimnasio. El mexicano también ha decidido modificar la logística de su viaje a Arabia Saudí para evitar los problemas que experimentó en su anterior combate en el país. Según explicó, aquella función se prolongó hasta las seis de la mañana y terminó afectando a sus sensaciones físicas. El horario de salida al cuadrilátero puede alterar las rutinas de descanso, alimentación y activación, aspectos especialmente delicados cuando un deportista debe competir al máximo nivel. Para un boxeador, llegar en buenas condiciones no depende únicamente de la preparación técnica: también importa que el cuerpo responda en el momento exacto en que comienza la pelea.
Álvarez aseguró que habló con Turki Alalshikh para solicitar que su combate no se programe más allá de la medianoche o de la una de la madrugada. La petición refleja la intención de evitar una repetición de lo que describió como una experiencia muy difícil. La organización horaria de una velada internacional debe atender a intereses comerciales y audiencias de distintos países, pero los protagonistas necesitan competir en condiciones que no perjudiquen innecesariamente su rendimiento. Encontrar ese equilibrio no siempre resulta sencillo. En el caso de Canelo, la experiencia anterior le ha servido para identificar un factor que considera importante y tratar de corregirlo antes de volver a Riad.
El otro ajuste será la llegada anticipada a Arabia Saudí. Canelo explicó que la adaptación al cambio horario puede requerir alrededor de 21 días, una referencia que ha incorporado a su planificación. Más allá de la cifra exacta, el principio es claro: viajar con tiempo permite organizar el descanso y ajustar progresivamente los ritmos diarios antes de una competición de máxima exigencia. El entrenamiento de un boxeador profesional no termina cuando abandona el gimnasio; incluye también la gestión del sueño, la alimentación, los desplazamientos y la recuperación. Una preparación bien diseñada busca reducir las variables que puedan interferir en el rendimiento y dejar que la pelea se decida, en la medida de lo posible, por la capacidad de los contendientes.
La amistad con Usyk aporta una dimensión adicional a esta etapa. Dos campeones de trayectorias y características diferentes pueden compartir conocimientos sin necesidad de competir entre sí, y ese intercambio evidencia la importancia de los equipos en el boxeo moderno. La carrera de un púgil no se construye únicamente a partir de su talento individual, sino también de la calidad de quienes lo acompañan y de su capacidad para revisar los métodos cuando las circunstancias lo exigen. Canelo conserva a Reynoso como referencia principal, pero ha encontrado en el entorno del ucraniano una fuente complementaria de aprendizaje. La clave estará en transformar esas nuevas herramientas en respuestas útiles cuando la presión del combate sustituya a la calma del entrenamiento.
El enfrentamiento con Mbilli será, por tanto, una prueba en varios niveles para Álvarez. Estará en juego un título mundial, pero también la capacidad del mexicano para ajustar su preparación después de una derrota importante y de una experiencia complicada en Arabia Saudí. El trabajo con el equipo de Usyk, la planificación del viaje y la atención al horario forman parte de una misma estrategia: controlar todos los detalles que puedan favorecer su rendimiento. Ninguno de esos factores garantiza la victoria, porque el rival también llega con sus propias virtudes y ambiciones. Sin embargo, la disposición de Canelo a aprender y corregir aspectos de su rutina demuestra que su regreso no se apoya solo en el nombre que ha construido. En el boxeo, la experiencia conserva su valor cuando se combina con la voluntad de seguir evolucionando. @mundiario
