El precio de partida: 30 dólares al año (o su equivalente en euros) por seguir recibiendo parches de seguridad
Treinta dólares —o su equivalente en moneda local más impuestos— es la cifra que Microsoft fijó para que un particular siguiera recibiendo parches en Windows 10 después del 14 de octubre de 2026, el día en que el sistema se quedó sin soporte. El importe se plantea como un pago único, no como una cuota anual que se renueve, por el programa de actualizaciones de seguridad extendidas (ESU): incluye solo parches críticos e importantes, sin funciones nuevas, sin correcciones de calidad y sin asistencia técnica. La licencia va atada a la cuenta de Microsoft y no al ordenador, y una sola compra cubre hasta diez equipos del mismo perfil, con lo que el coste real por máquina baja a unos tres dólares. En España hay además un atajo: en el Espacio Económico Europeo el programa sale gratis si se mantiene la sesión con una cuenta de Microsoft —con reautenticación periódica—, y los 30 dólares quedan reservados a quien prefiera seguir usando una cuenta local. Microsoft no publica una tarifa oficial en euros. En junio de 2026 alargó el programa en silencio hasta el 12 de octubre de 2027, sin recargo para quien ya estaba dentro.
A escala doméstica existen otras dos vías sin pagar: canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards o activar la copia de seguridad de Windows en OneDrive, ambas con contrapartida (una cuenta, datos en la nube o uso del buscador de la casa). Para las empresas la escala es otra: 61 dólares por equipo el primer año, 122 el segundo y 244 el tercero, con compra acumulativa —quien entra tarde abona también los ejercicios anteriores— y un techo en octubre de 2028, lo que suma 427 dólares por máquina, con rebaja si el parque se gestiona desde Intune o Windows Autopatch. El gancho de los 30 dólares está en la comparación: es mucho menos que un PC nuevo y convierte en caja la resistencia de un parque enorme de equipos que no pueden dar el salto a Windows 11 por hardware, ya que el sistema exige TPM 2.0, 4 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento, unos mínimos que dejan fuera a millones de ordenadores que funcionan. La tarifa no compra mejoras ni soporte: solo tiempo.
La fecha que activa el cobro
Contra ese reloj, Microsoft activó el programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU), con una tarifa para particulares de 30 dólares por un año —alrededor de 26 euros— que es un pago único y cubre hasta diez equipos vinculados a la misma cuenta. Hay formas de esquivar el recibo: canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards o activar la copia de seguridad de Windows para sincronizar la configuración en la nube. Todas, sin excepción, exigen una cuenta de Microsoft, lo que deja fuera a quien usa cuenta local. Para las empresas el recibo es otro: 61 dólares por dispositivo el primer año, que pasan a 122 y 244 en los dos siguientes. Los plazos se han movido después de la fecha inicial: en el Espacio Económico Europeo la inscripción quedó gratis con solo iniciar sesión con una cuenta Microsoft, tras la presión de organizaciones de consumidores como OCU y Euroconsumers, y el programa para particulares se estiró luego hasta el 12 de octubre de 2027 sin coste añadido para quien ya estaba dentro.
El castigo se multiplica para empresas: 61 dólares el primer año, 122 el segundo y 244 el tercero por dispositivo
El castigo no es una tarifa plana, sino una escala que hace de cada año de prórroga una decisión más cara que la anterior. La actualización de seguridad extendida (ESU) para empresas arrancó con 61 dólares por dispositivo para el periodo que fue del 14 de octubre de 2026 al 13 de octubre de 2027; desde entonces la tarifa es de 122 dólares y, en el tercer y último tramo, llegará a 244. Quien se incorpore tarde no puede elegir: las licencias son acumulativas y no se venden por meses sueltos, así que entrar en el segundo año cuesta 183 dólares por equipo y cubrir los tres, 427. Con mil máquinas, el recibo pasa de 61.000 a 122.000 dólares y después a 244.000. Y a cambio solo llegan parches clasificados como críticos e importantes: ni funciones nuevas, ni correcciones que no sean de seguridad, ni soporte técnico ordinario.
El contraste con el resto de clientes es lo que convierte el dato en noticia. Un particular en el Espacio Económico Europeo obtiene esas mismas actualizaciones sin pagar —fuera de la región cuestan 30 dólares— y Microsoft prorrogó su cobertura hasta el 12 de octubre de 2027; los centros educativos abonan 1, 2 y 4 dólares por los tres años, y quien gestiona el parque con Intune o Windows Autopatch rebaja el primer ejercicio a 45. Las máquinas virtuales en Windows 365 y Azure Virtual Desktop lo tienen incluido. Mientras, los datos de Lansweeper de julio situaban aún en Windows 10 el 16,9% del parque empresarial, con solo un 14% con ESU aplicado, y sustituir el equipo se ha encarecido por el precio de la memoria. El plazo expira el 10 de octubre de 2028, y los equipos que quedan —sanitarios, industriales, certificados— son precisamente los más difíciles de migrar.
Qué cubre y qué no: solo actualizaciones de seguridad, no nuevas funciones ni soporte técnico general
El programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU) no devuelve Windows 10 al soporte ordinario: entrega solo los parches que el Microsoft Security Response Center clasifica como críticos e importantes para equipos con la versión 22H2 en ediciones Home, Professional, Pro Education y Workstations. Llegan por Windows Update, con el mismo mecanismo de siempre, y cubren desde el 15 de octubre de 2026 —un día después del fin del soporte— hasta el 12 de octubre de 2027, fecha que Microsoft amplió en junio sin anuncio previo y que añade un año al calendario que había comunicado en 2026. Quien ya estaba inscrito mantiene la cobertura de forma automática, sin trámite ni pago extra, y las altas siguen abiertas hasta el final del programa. El precio de referencia son 30 dólares o su equivalente en moneda local más impuestos, y una misma licencia puede aplicarse a hasta diez equipos vinculados a la misma cuenta de Microsoft.
Lo que no entra es tan relevante como lo que sí. La propia documentación de Microsoft lo dice sin rodeos: el ESU no incluye funciones nuevas, mejoras de producto, cambios de diseño ni correcciones que no sean de seguridad, y tampoco soporte técnico. Pagar, por tanto, no compra asistencia ni un Windows 10 remozado, solo tiempo. Tampoco vale para todos: quedan fuera los equipos unidos a Active Directory o a Microsoft Entra, los gestionados por MDM o en modo quiosco y las ediciones Enterprise y Education, que deben acogerse al programa comercial, con 61 dólares por dispositivo el primer año, 122 el segundo y 244 el tercero (427 en total). Y hay un matiz de letra pequeña: la vía gratuita europea exige iniciar sesión con la cuenta de Microsoft al menos cada 60 días, algo que no ocurre si se paga.
Cómo evitar el pago: 1.000 puntos Microsoft Rewards o activar Windows Backup
Microsoft no obliga a pagar: el asistente de inscripción que aparece en Configuración > Actualización y seguridad > Windows Update plantea tres puertas y solo una pasa por caja. La primera es canjear 1.000 puntos de Microsoft Rewards, que se acumulan buscando en Bing, navegando con Edge, usando Xbox o comprando en la Microsoft Store con la misma cuenta. El cambio sale barato en términos de esfuerzo: solo instalar la app de Bing reporta 500 puntos y con las tareas diarias se suman entre 50 y 100 al día, de modo que en pocas semanas se cubre el trámite. Eso sí, hay requisitos que no se negocian: Windows 10 versión 22H2 actualizado y una cuenta Microsoft con permisos de administrador, porque las cuentas locales no valen. La segunda vía gratuita es activar Windows Backup, que sincroniza ajustes y credenciales del sistema en OneDrive y, según Microsoft, facilita el salto posterior a Windows 11. La letra pequeña está en el almacenamiento: la nube regala 5 GB, una copia de un PC en uso suele pasarse y quien no quiera borrar datos acaba pagando, por ejemplo, unos 2 dólares al mes por 100 GB. Una misma licencia de ESU cubre hasta diez equipos vinculados a la cuenta.
Lo que hace este punto merecedor de estar en la lista es que, en España, el pago se puede esquivar por una vía aún más corta que las dos anteriores. Tras las quejas de Euroconsumers y en el marco del Espacio Económico Europeo, Microsoft retiró esas condiciones: basta con iniciar sesión en el PC con una cuenta Microsoft —y seguir haciéndolo, porque si no se usa en un plazo de hasta 60 días las actualizaciones se suspenden y hay que reinscribirse—. Ni puntos, ni copia de seguridad, ni 30 dólares. Además, la compañía amplió en silencio el programa hasta el 12 de octubre de 2027, con inscripción abierta hasta esa fecha y prórroga automática para quien ya estaba dentro. El límite es lo que se recibe: parches críticos e importantes, sin funciones nuevas, sin correcciones que no sean de seguridad y sin soporte técnico. Es decir, el «hachazo» existe sobre el papel, pero en el mercado español se queda en un trámite de cuenta, y fuera de Europa se paga con dinero, con datos o con tiempo de búsqueda.
La entrada El ‘hachazo’ de Microsoft a Windows 10: los euros que cobrarán al año a los usuarios que no pasen a Windows 11. aparece primero en Moncloa.
