LA TENTACIÓN CUANDO SOMOS DÉBILES SE CONVIERTE EN PECADO

Santiago 1:13-15 y Mateo 4:3.

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

¿Cómo puede afectarnos la tentación? ¿De dónde viene ésta? ¿Es posible vencerla y cómo vencerla? Mientras formemos parte del mundo en que vivimos, siempre se nos presentará este flagelo que azota a todos, sin importar quién o quiénes seamos. La tentación llega de diversas formas, muy especial cuando la persona posee algunas funciones dentro del ámbito en que se desempeña, que muchas veces son atractivas para algunos negocios. En lo personal, he sido tentado en múltiples ocasiones, en especial en los últimos años, en los cuales Dios me ha abierto una puerta para ser asesor en el área de importación de combustibles en nuestro país. Me han invitado a reuniones, en éstas se me ofrece de todo en cuanto a lo que es servido en los lugares a que asistimos. Después de escuchar a mis interlocutores, mi respuesta es la siguiente: “Como ustedes me pueden ver, a mi edad es imposible acceder a la oferta que me hacen, aunque tentativa, pero al mismo tiempo dañina a las funciones que desempeño dentro de este amplio negocio que es el de los combustibles. Además, ya soy un abuelo, con nietos que se han graduado en la universidad o están en la fase de estudiantes de estas. Al ver mi respuesta, pueden ver y notar lo imposible para sus deseos. 

El tentador o los tentadores no son las personas que te ofrecen ciertos negocios, los cuales es posible que te brinden la oportunidad de recibir jugosos beneficios. Estos son instrumentos del llamado “Tentador”, Satanás. Es lo que dice la cita de Mateo. “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”, Mateo 4:3. ¿En qué situación estaba nuestro Señor cuando  apareció el tentador? Como pueden leer, el ofrecimiento del Diablo a Jesús es sobre convertir las piedras en pan, es porque él sabía que nuestro Señor tenía hambre en ese momento por causa del ayuno que había llevado a cabo durante 40 días. El Diablo, que también es Satanás y tentador, nunca va a venir a ti con las manos vacías; siempre te presentará lo que él entiende es lo más fácil para vencerte. 

Por esto dije al principio, él vendrá siempre en función de lo que tú eres, lo que desempeñas en ese momento, o donde te encuentres, porque el Diablo, Satanás, es astuto en demasía. 

Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano”, I-Tesalonicenses 3:5. La tarea del tentador es tentar, intentar siempre, buscando la forma de convencernos de llegar al fondo de lo que él nos ofrece. El trabajo de este elemento es tratar siempre de conducirnos al lugar de donde nunca podamos escapar, porque al caer en la tentación, nos convertimos en esclavos de él. Esta esclavitud nos conduce por caminos en los cuales cada día que pasa nos hundimos más y más. Nuestra mente se nubla, el cerebro se entenebrece y nuestros pensamientos siempre giran alrededor de tener y poseer. En el caso de caer en la tentación sexual, nos volvemos  unos guiñapos o títeres del tentador, porque nos mueve con hilos cada vez más fuertes que nos impiden librarnos o salirnos del hoyo en que el maligno nos ha llevado. Satanás, el tentador, es el más poderoso de los espíritus malignos. Su poder puede afectar tanto el mundo espiritual, como el mundo físico. Recordemos lo tratado anteriormente en cuanto al mismo Señor, a quien trató de engañar.  

San Pablo, en su carta a los Efesios, escribió: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”, Efesios 2:1-3. “Príncipe de la potestad del aire” significaba para los lectores de Pablo que Satanás y sus fuerzas demoníacas de maldad habitan entre la tierra y el cielo. Satanás, de esta manera, se describe como el que ejerce autoridad en el mundo espiritual de maldad; en otras palabras, los demonios a su servicio que están en contra de los hijos de Dios. Satanás significa “acusador”. También se le llama el diablo. En la resurrección, Cristo triunfó sobre Satanás y su poder antagónico. 

Es bueno saber, mis amados, que Jesucristo es el gobernante permanente del mundo; Satanás lo es temporalmente y solo de una parte del mundo que decide seguirle. Ahora bien, el hecho de que todas las personas, sin excepción, cometemos pecado, prueba que tenemos la misma naturaleza pecaminosa. 

Estamos perdidos en pecado y no podemos salvarnos por nuestra propia cuenta. ¿Significa esto que solo el mundo cristiano hace cosas buenas? Claro que no, muchos hacen bien a otros. En una escala relativa, muchos son morales, bondadosos, respetan las leyes, etc. Comparados con los criminales, se podría decir que son muy buenos. Pero en la escala absoluta de Dios, nadie es lo suficientemente bueno como para ganar la salvación. “estabais muertos en vuestros delitos y pecados”, 2:1. Solo al unir nuestras vidas a la vida perfecta de Cristo, podemos llegar a ser buenos ante los ojos de Dios.

Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado,  a luz la muerte”, Santiago 1:13-15. Habiéndose referido a la tentación bajo la forma de una prueba que viene desde afuera, Santiago habla ahora de la tentación como una incitación al mal que viene de adentro. Según muchos textos de las Sagradas Escrituras, Dios nos somete a veces a prueba; pero Santiago enfáticamente declara que la perfecta santidad de Dios lo pone más allá de la tentación y que el Señor no insta a nadie a pecar. Cuando la concupiscencia responde a una tentación que viene de afuera, el pecado es algo engendrado. El apóstol menciona el papel de Satanás en la tentación. Su propósito no es discutir el origen del pecado, sino explicar que la incitación al mal no viene de Dios. Al subrayar la naturaleza interna de la tentación, Santiago no les deja excusa alguna a los pecadores. Satanás es de hecho, la fuente de la tentación, pero nadie lo puede culpar de ser el responsable de los actos pecaminosos cuyas raíces están dentro de cada persona. Para los que poseen un ejemplar de la Biblia, les invito leer a: Marcos 7:1-23

En la declaración de Santiago, aparece la palabra “concupiscencia”. Es el plural del sustantivo en griego “epithumia”, que en el Nuevo Testamento se traduce como “lujuria” o “deseo”. En todo se usa con el significado de deseos de la carne, deseos del viejo hombre, deseos pecaminosos, por lo cual, un deseo que es contrario a los propósitos de Dios para cada vida. Veamos la declaración de San Pablo en los siguientes versos: “Porque los que son de la carne (vieja naturaleza) piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu (nueva naturaleza). Porque el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”, Romanos 8:5-8. Por supuesto, que la mente carnal es enemistad contra Dios, porque esto va acorde con la vieja naturaleza. 

Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, I-Timoteo 6:9-10. La tentación logra su objetivo cuando uno es atraído y seducido por los deseos de la vieja naturaleza. Como podemos ver, uno de esos deseos es también el de ser rico, que de acuerdo al pasaje citado aquí, lleva a la tentación, a otros deseos dañosos, a la destrucción. Se puede añadir a esto que, el deseo de ser rico no es el propósito de Dios, sino el deseo de la carne, de tu carne, de mi carne, de nuestra carne. Por supuesto que esto no significa que no podamos tener riquezas, pero que estas sean acumuladas en el cielo. Fue lo que dijo nuestro Señor: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”, Mateo 6:19-21. Jesús advierte contra la avaricia y la correspondiente ansiedad, haciendo contrastar la naturaleza temporal e incierta de los tesoros terrenales con la naturaleza imperecedera de los celestiales. Jesús no prohíbe las posesiones materiales, ni su disfrute, pero prohíbe el materialismo egoísta y extravagante que ata a las personas a este mundo. 

Para finalizar, debo citar al apóstol Pablo de nuevo en cuanto al pecado: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 3:23. Todos nacemos bajo la maldición del pecado, por esto la cita nos muestra que nadie en lo absoluto está libre del pecado. Pero para esto existe la promesa de Dios por medio de Cristo, cuando Juan escribió: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, I-Juan 1:9. La confesión tiene el propósito de liberarnos para que disfrutemos de la comunión con Cristo. Nuestra relación con el Señor es segura. Sin embargo, debemos confesar nuestros pecados para que podamos disfrutar al máximo de nuestra comunión y gozo en Él. La verdadera confesión también implica la decisión de no seguir pecando. No debemos confesarnos delante del Padre en el nombre de Jesús, si planeamos cometer el pecado otra vez y buscamos un perdón temporal. Toda tentación que se pueda presentar, solo existe una forma de vencerla: La oración. 

Dios nos guarde en Su santo amor, para que podamos salir airosos en medio del mundo que nos rodea y nos tienta a pecar delante de Dios. 

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