Después de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, decidiese en 2018 abandonar unilateralmente el acuerdo de 2015, Irán respondió con el incumplimiento de los límites e impidiendo el acceso a los inspectores de la OIEA. Joe Biden desea volver a los términos del acuerdo y sus negociadores retomaron las conversaciones en noviembre.
Aceptar el borrador
El gobierno de Irán considera que quedan «tres asuntos principales» por resolver antes de reactivar el acuerdo y alude a «decisiones políticas». «Estos asuntos están relacionados con la retirada de sanciones y las afirmaciones políticas sobre el programa nuclear. En los próximos días veremos si la otra parte acepta el borrador preparado o no», adelantó un portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Said Jatibzadé, que también asegura que «no hemos aceptado ni vamos a aceptar nada más que los compromisos del acuerdo nuclear y no hemos discutido ni vamos a discutir menos que los intereses económicos del pueblo iraní».
La conclusión de estas negociaciones se ha tornado más importante si cabe tras la invasión rusa de Ucrania y las declaraciones de Putin mostrando su disposición a utilizar armas nucleares. Un final feliz ayudaría, además, a suavizar los precios del barril de petróleo.La OIEA calcula unas reservas de 3.197 kilos, muy superior al máximo de 202,8 kilos, al que Irán se había comprometido
El Ministerio de Exteriores de Francia insiste en que «terminar las negociaciones esta misma semana es de una urgencia crítica» y el canciller alemán, Olaf Scholz, en su reciente visita a Israel, declaró que «el acuerdo no se puede postergar». EE.UU. ha deslizado que la confluencia «está cerca» y que «se han hecho avances significativos». Según la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, «si Irán muestra seriedad», se debería poder «alcanzar un acuerdo en poco tiempo». Y el enviado de EE.UU. para Irán, Robert Malley, sugirió que el acuerdo podría incluir la liberación de al menos cuatro ciudadanos irano-estadounidenses prisioneros en Irán. También diplomáticos europeos y rusos apuntan a que las negociaciones «están a punto de cruzar la línea de meta».
Como primeros pasos previos a la recta final de la negociación, EE.UU. se ha mostrado dispuesto a retirar las sanciones e Irán ha permitido que la OIEA vuelva a instalar cámaras de vigilancia en las instalaciones de Karaj, donde se producen las centrifugadoras atómicas más modernas, aunque Teherán sigue negándose a entregar las grabaciones de esas cámaras. Irán aceptó en diciembre congelar el enriquecimiento de uranio al 60%, incluso si no hay acuerdo, pero no lo está cumpliendo según el último informe de la OIEA. Uno de los factores a favor de la negociación es que Irán se encuentra económicamente debilitado y su población insatisfecha. También favorece el hecho de que Washington considere prioritario contener el programa nuclear de Irán.

