Según los investigadores, que han publicado su trabajo en la revista Aging Cell, la ausencia de BNIP3 provoca una acumulación de mitocondrias defectuosas, favoreciendo así la inflamación, y provocando la degeneración del músculo.
La pérdida de masa y potencia muscular relacionadas con el envejecimiento se denominada ‘sarcopenia’ y es un proceso degenerativo que supone una pérdida de calidad de vida y un incremento de los niveles de dependencia de la población de edad avanzada.
Los investigadores del laboratorio de Enfermedades Metabólicas Complejas y Mitocondrias del IRB, que dirige el catedrático de Biología Antonio Zorzano, han descubierto que el proceso inflamatorio que provoca la atrofia muscular está relacionado con la acumulación de mitocondrias dañadas en las células.
También han descrito cómo el incremento de los niveles de BNIP3, una proteína relacionada con el proceso de eliminación de las mitocondrias defectuosas, está relacionado con un mejor envejecimiento muscular.
«Si los niveles de BNIP3 son bajos en edades avanzadas, se acumulan más mitocondrias dañadas. Ello desencadena procesos inflamatorios que, a su vez, ocasionan la atrofia muscular», ha explicado David Sebastián, investigador del mismo laboratorio y profesor de la UB.
«La razón por la que algunas personas presentan niveles mayores de BNIP3 y otras menores es aún desconocida», ha precisado la también investigadora del IRB Andrea Irazoki.
Los investigadores han llevado a cabo el trabajo con células en cultivo, ratones y muestras humanas de personas jóvenes y de edad avanzada.
Los investigadores han recordado que las mitocondrias son las centrales energéticas de las células y su papel es esencial para garantizar que éstas están en buen estado.
Cuando las mitocondrias envejecen y ya no funcionan de manera adecuada el cuerpo las elimina o ‘recicla’, un proceso que se conoce como ‘mitofagia’.
Con la edad, este proceso no funciona de manera tan eficiente y se tiende a acumular mitocondrias defectuosas, aunque, según los autores, para compensar este hecho, suben los niveles de BNIP3, que estimula el proceso de la mitofagia.
«Con este trabajo queríamos esclarecer los mecanismos que llevan al desarrollo de la sarcopenia y buscar herramientas para impulsar un envejecimiento saludable a nivel muscular», ha declarado Zorzano, también jefe de grupo del Ciberdem.
Ahora, los investigadores centrarán sus trabajos en buscar biomarcadores sanguíneos que se asocien a niveles altos de BNIP3 para hacer análisis menos invasivos, entender de qué dependen los niveles altos o bajos de BNIP3, si tienen un origen genético, o bien ambiental, y comprender por qué se reduce la degradación de mitocondrias en el envejecimiento y a qué edad empieza a darse este fenómeno. EFE

