Por: Héctor E. Contreras.
II-Samuel 7:7-9 y San Juan 10:1-2
La niña entra al cuarto con un vestido largo y de muchos vuelos que se arrastra bastante por detrás de sus zapatos de tacones altos. El sombrero de ala ancha descansa precariamente sobre su cabeza, un inclinado hacia la derecha. Un largo collar se balancea como un péndulo mientras camina erguida. Siguiéndola de cerca está el (hombre). Sus uñas apenas se asoman por las mangas de la chaqueta, ya que han sido arremangadas unos quince centímetros. Arrastrando sus pies en botas que duplican su tamaño, da pasos inseguros que contrastan con su confiada sonrisa. El cuadro representa a niños jugando, disfrazándose de papá y mamá, tratando de copiar a aquellos que tienen como su modelo a seguir, a quienes consideran sus ideales. Es posible que, de manera inconsciente copiamos sus acciones y adoptamos sus ideas. Entre todos los modelos bíblicos de personas mencionadas en la Biblia, es posible que no haya nadie que se destaque más que el rey David. A éste, siendo aún un jovencito, escogió y llamó Dios para servir en su reino. Tú puedes ser también llamado a ser parte del reino de Dios.
“Vinieron, pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel”, II-Samuel 5:3. Esta fue la tercera vez que David fue ungido para ser rey de Israel. Primero fue ungido en privado por Samuel, I-Samuel 16:13. Luego, fue coronado rey de la tribu de Judá, II-Samuel 2:4 y finalmente, fue coronado rey de todo Israel. Cuando vivió fuera de la ley, la vida le pareció hostil; sin embargo, la promesa de Dios que lo haría rey de todo Israel se cumplió. Aún cuando el reino sería dividido otra vez en menos de setenta y cinco años, la dinastía de David reinaría sobre Judá, el reino del sur, por más de cuatrocientos años. Dios puede escogerte a tí, hombre o mujer para su servicio; no importando la posición que hoy ocupes. Puedes ser una gran gerente o un gran empresario, o, por qué no, ser simplemente alguien sin mucho arraigo en la sociedad, sin embargo, desde cualquier posición en que te encuentres, puedes ser escogido y llamado por Dios para ser su servidor a donde Él te lleve.
“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es”, Juan 10:1-2. A menudo, en horas de la noche, se juntaban las ovejas dentro de un redil para ser protegidas de los ladrones, del tiempo o de animales salvajes. El redil, regularmente era una cueva, aprisco o áreas abiertas rodeadas de paredes construidas de piedras o ramas. Por lo general, el pastor dormía dentro del redil, para proteger a sus ovejas. Del mismo modo que un pastor cuida de sus ovejas, Jesús, el Buen Pastor, cuida de su rebaño, esto es quienes le siguen fielmente. 573 A.C., el profeta Ezequiel escribió acerca de Jesús como pastor lo siguiente: “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor”, Ezequiel 34:23. “Mi siervo David”, gobernante mesiánico, de la línea de David, quien verdaderamente será un hombre según el corazón de Dios; sin ninguna duda, esto se cumplió en Jesucristo.
Anteriormente, el profeta Jeremías, inspirado y dirigido por Dios escribió: “Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová. He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra”, Jeremías 23:4-6. El renuevo justo, no es más que una declaración profética acerca de Jesucristo como Rey de Reyes y Señor de Señores. Jesucristo es el Rey de justicia, dado por Dios para salvación de la humanidad. Jesús, el Buen Pastor, te llama hoy para que formes parte de sus ovejas y seas apacentado por Él, tu Señor y Salvador.
“Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra”, II-Samuel 7:7-9. La vida de David fue un remolino, desde el cual destellan imágenes notables. Le vemos tocando su arpa, escribiendo poemas, librando batallas, pretendiendo estar loco y bailando jubilosamente en alabanza a Dios. Vemos su rostro surcado de lágrimas al enterarse de la muerte de su mejor amigo, Jonatán. También se puede ver desde el techo de un palacio observando sensualmente cómo se baña Betsabé. Luego podemos ver también el dedo del profeta Natán, acusándole de adulterio y asesinato. Más tarde escuchamos la voz culpable de David pidiéndole a Dios que perdone la vida de su hijo y luego, el agobio de David mientras es perseguido por su propio hijo rebelde. David era un hombre imperfecto, como tú, también como yo; sin embargo, es el mismo Dios que dice: “Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fuese príncipe sobre mi pueblo”.
Siendo hombres y mujeres con muchas imperfecciones, tal David, Dios nos llama, no solamente de detrás del redil de las ovejas, sino de cualquier lugar en que te encuentres hoy. Y hoy, sin importar lo que tú eres, lo que haces o te dedicas, Dios te llama y te convierte en un príncipe o una princesa para que formes parte de su pueblo, de los escogidos de Dios por medio de la Sangre del Cordero de Dios, Jesucristo el Señor. Aunque en su interior David llevaba el deseo de construir casa para Dios, Dios le dijo que no. Con esto no quiere decir que Dios rechazó a David, es todo lo contrario, Dios estaba planeando algo aún mayor en la vida de David que permitirle el prestigio de construir el templo. Aunque Dios rechazó la petición de David, el Señor le prometió que continuaría la casa o dinastía de David para siempre. La dinastía terrenal de David terminó cuando siglos más tarde, esta vez Jesucristo, descendiente directo de David, fue el cumplimiento final de esta promesa. Cristo reinará por toda la eternidad, ahora en su reino espiritual y en los cielos, y más tarde en la tierra, en la nueva Jerusalén, según Lucas 1:30-33.
Dios te llama en este tiempo para ser su siervo. Te bendiga Dios ahora y siempre. Que su gracia sea derramada sobre tu vida.




