Si el asesinato del periodista Fredid Román a finales de agosto recordó el problema de violencia que sufre México, el caso Monitor Michoacán, un pequeño medio, representa la persecución que sufre la prensa mexicana que señala al corrupto. Los informadores huyen de las zonas calientes, lo que causa un desierto informativo, una ‘ciudad sin ley’. La tragedia de Monitor Michoacán no tiene parangón. Armando Linares, el director de ese pequeño digital de la ciudad de Heroica Zitácuaro, estado de Michoacán, fue asesinado con ocho disparos delante de su familia. Dos meses antes, su compañero, el periodista, Roberto Toledo, había muerto tras ser tirotearon en la propio despacho. Entre sollozos, el valiente Linares comunicó casi en directo la noticia: «Encontró la muerte por exhibir noticias de las corruptelas de los funcionarios, y es que nuestra única defensa es una pluma y una libreta». No hubo arrestos. Linares pareció anticipar lo que le esperaba: «El periódico ha venido recibiendo una serie de amenazas de muerte y finalmente se cumplieron», dijo. «Las amenazas se cumplen, nosotros no estamos armados». Noticia Relacionada estandar Si López Obrador estigmatiza a la prensa mexicana pese a la escalada de asesinatos Borja Rama El país mesoamericano se convierte en el más peligroso para los informadores, con 15 muertos en lo que va de año Román, señalado por denunciar el asesinato de su hijo El asesinato a finales de agosto de Fredid Román podría estar relacionado con el de su hijo, que se produjo semanas antes. El joven se dedicaba a la venta de pollo en un mercado de Ocotito, en el estado de Guerrero, donde desaparecieron diez dueños de negocios similares. Fredid no investigaba casos de violencia. Sin embargo, sus compañeros destacan que semanas antes había acudido a la Fiscalía para exigir justicia sobre el asesinato de un familiar próximo, posiblemente su hijo. Un acto con el que solo reclamaba justicia y que provocó su asesinato. «Deberían de haberlo ultraprotegido, era evidente que iban a ir a por él», denuncia el periodista Loret de Mola. «El crimen organizado ya le había advertido que, tras su familiar, estaba marcado, y ya le habían apuntado dos veces con un arma», subraya el reportero mexicano. En busca de la salvación de La Mañanera Si hubo un caso que aupó los asesinatos de los periodistas mexicanos a las portadas de los medios medio mundo ese fue el de Lourdes Maldonado, reportera en Tijuana que acabó tiroteada en el interior de su coche: «Vengo aquí para pedirle apoyo, ayuda y justicia laboral, porque hasta temo por mi vida», aludía en 2019 al presidente durante su alocución diaria entretanto desgranaba el pleito que guardaba con una autoridad local. La misma semana moría Margarito Martínez, un fotoperiodista que cubría la actualidad sobre seguridad y temas policiales. La propia Maldonado dijo unas palabras en la vigilia. Hace un mes, Rodolfo Montes, un periodista amenazado de muerte, suplicaba con voz entrecortada que «su vida corre un serio peligro» delante de Obrador. Acusaba que se sentía desamparado por las autoridades con más de 30 años a sus espaldas investigando la corrupción, abusos de poder o narcotráfico. Aunque en muchas ocasiones se culpa de los asesinatos de periodistas a los narcotraficantes, una mezcla de actores políticos y funcionarios pueden aunar los otros sospechosos involucrados. Ante la desesperación, el periodista decidió llamar la atención de AMLO y pedir escoltas. Montes sabe que se enfrenta a la posibilidad de sufrir un tiroteo a la puerta de su casa e imploraba una protección que le fue concedida, no obstante, a todas luces insuficiente. Las muertes de inocentes, más dolorosas por la impunidad La letalidad, unida a la alta impunidad en los ataques a los informadores, con más de 300 agresiones en lo que va de 2022, ha alcanzado en México una cota nunca vista. Es una «seguridad que debe de estar garantizada por el Estado», afirma Jan-Albert Hootsen, del Comité para la Protección de Periodistas. Por eso muchos, como el reportero amenazado Rodolfo Montes, se han visto obligados a mandar a sus familiares fuera del país. Quizás lo hacen con el temor a que se repita un caso como el de Antonio de la Cruz, periodista que fue asesinado junto a su hija de 23 años cuando su padre le acompañaba para acercarle al trabajo. Si bien Antonio murió en el acto fruto de cuatro disparos con calibre 40 milímetros, utilizados como munición para el Ejército, la joven estuvo luchando varios días por su vida, con un impacto de bala en la cabeza. El mismo día, Susana Mendoza, una comunicadora experta en casos de corrupción política y empresarial, fue acuchillada en la yugular. A pesar de su grave estado de salud, logró sobrevivir. El asalto se intentó hacer pasar por un robo por parte de las autoridades locales. Sus compañeros periodistas, una vez más, descubrieron sobrecogidos los hechos.

