Se trata del primer ataque de magnitud en Kabul en varios meses reivindicado por los talibanes. El acuerdo firmado en febrero de 2020 en Doha con Estados Unidos, que previó la retirada de todos los soldados extranjeros de Afganistán, les impedía -al menos teóricamente- llevar a cabo ataques en las grandes ciudades afganas.
Dos grandes explosiones retumbaron en Kabul el martes por la noche, con dos horas de intervalo. Ocho civiles murieron y unos 20 resultaron heridos, según un balance actualizado el miércoles por el ministerio del Interior. Un coche bomba conducido por un kamikaze estalló primero ante la casa de un diputado, vecina de la del ministro de Defensa, el general Bismillah Mohammadi, que está sano y salvo. Varios asaltantes lograron entrar luego en la vivienda del diputado.
Las fuerzas de seguridad tardaron cinco horas en acabar con la resistencia de los asaltantes, que resultaron todos muertos.
Los talibanes, un ultraconservador grupo islámico que estuvo ya en el poder hasta poco después del 11-S, se hicieron con el control de numerosas zonas rurales desde que las fuerzas extranjeras anunciaran su retirada de Afganistán a principios de mayo. Pero están encontrando una mayor resistencia en las capitales provinciales, que el gobierno prometió defender a toda costa.

