La presidencia de Joe Biden comenzó hace un año en medio de grandes expectativas. Su tarea más difícil y urgente era unir al país, polarizado y dividido en dos mitades. Además era esencial atajar la doble crisis sanitaria y económica y conseguir que Estados Unidos volviese a jugar un papel constructivo en el mundo. Doce meses después, el balance global es positivo, pero muy insuficiente. La campaña de vacunación no ha funcionado y se ha contaminado de ideología. Aunque se ha aprobado el paquete de estímulos económicos, la legislación sobre infraestructuras está atascada. El fiasco de Afganistán ha servido para ilustrar que la diplomacia americana sigue funcionando a medio gas. A partir de las elecciones de noviembre, es muy probable… Ver Más

