Brasil vota con Trump en el horizonte: las claves de una elección que va mucho más allá de Lula y Bolsonaro

Brasil llega a las urnas este domingo 4 de octubre con una elección que trasciende la habitual disputa entre Gobierno y oposición. El país no solo decidirá quién ocupará la Presidencia durante los próximos cuatro años, sino también qué margen tendrá Brasil para mantener una política exterior propia en un momento de creciente presión de Washington.

Lula busca un cuarto mandato no consecutivo frente a Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Los sondeos publicados en las últimas semanas muestran una competición estrecha. La encuesta CNT/MDA difundida el 3 de octubre situó a Lula en el 43,1 % de las intenciones de voto y a Flávio Bolsonaro en el 38 %, mientras que otros estudios han reflejado diferencias todavía menores.

El interés de Estados Unidos por estos comicios se explica, en parte, por el peso de Brasil. Es la principal economía latinoamericana y uno de los países con mayor capacidad para marcar posiciones propias frente a las grandes potencias.

Trump ha seguido de cerca la campaña y su regreso a la Casa Blanca ha coincidido con una etapa de mayor presión estadounidense sobre varios gobiernos latinoamericanos. Flávio Bolsonaro, además, mantiene una relación política mucho más cercana con el mandatario estadounidense y ha defendido una cooperación más estrecha con Washington en asuntos como seguridad.

Pero Brasil tiene otro vínculo difícil de ignorar: China es su principal socio comercial. Esa relación limita cualquier giro completo hacia Estados Unidos, especialmente por el peso de las exportaciones agrícolas brasileñas y por la importancia de las inversiones y del comercio bilateral.

Minerales estratégicos y una disputa económica

El problema no termina en la diplomacia. Brasil posee importantes recursos minerales considerados estratégicos para industrias vinculadas a la transición energética y a la tecnología. Las tierras raras han adquirido especial relevancia por su utilización en sectores como los vehículos eléctricos y determinadas tecnologías industriales.

Por eso, Washington tiene incentivos económicos además de políticos para aumentar su relación con Brasil. La cuestión será hasta qué punto el próximo Gobierno permitirá que esa presión modifique sus vínculos con Pekín.

Una eventual Administración Bolsonaro podría acercarse más a Estados Unidos en cuestiones políticas y de seguridad, pero eso no significa necesariamente una ruptura económica con China. El propio peso del sector agroexportador brasileño hace difícil imaginar un cambio radical de esa relación.

El Congreso será tan importante como la Presidencia

Hay otro elemento que puede resultar decisivo: el presidente que salga de las urnas tendrá que gobernar con un Congreso que puede mantener una composición más conservadora. Este domingo también se eligen diputados, parte del Senado y gobernadores.

Ese reparto de poder condicionará la capacidad del próximo Ejecutivo para aprobar reformas y desarrollar su programa. También puede obligar a Lula o a Bolsonaro a negociar con fuerzas políticas situadas más a la derecha.

El resultado, por tanto, no será únicamente una respuesta a la pregunta de quién gobernará Brasil. Será también una señal sobre el rumbo político de la mayor potencia latinoamericana y sobre cuánto espacio conservará para equilibrar sus relaciones con Washington y Pekín.

La primera vuelta no tiene por qué resolver la disputa. Si ningún candidato supera la mitad de los votos válidos, Lula y Flávio Bolsonaro se medirán nuevamente el 25 de octubre. @mundiario