Chris Paul ha anunciado su retirada y, con ella, se apaga uno de los faros más constantes de la NBA moderna. Lo hizo con un mensaje directo en redes: “¡Esto es! Me estoy retirando del baloncesto”, con gratitud y sin dramatismos. La noticia llegó el mismo día en que los Toronto Raptors decidieron cortarlo, después de haber adquirido su contrato en un traspaso a principios de febrero.
El final, eso sí, tiene algo de ironía cruel: CP3 no llegó a jugar ni un partido con Toronto. Su última temporada, la 2025-26, empezó en los Clippers, pero el mal arranque del equipo y una decisión muy polémica lo dejaron fuera del foco. Después vino el traspaso a tres bandas del 5 de febrero… y, hoy, el corte definitivo. Un cierre abrupto para un jugador que siempre pareció eterno.
De New Orleans a ser referencia histórica, su carrera fue un viaje por media NBA: Hornets, Clippers del “Lob City”, Rockets, Thunder, Suns —con Finales en 2021—, Warriors, Spurs y regreso a Los Ángeles. Pero más allá de los uniformes, CP3 fue siempre el mismo: el base que ordenaba el caos, el que entendía el partido dos jugadas antes que los demás.
Sus números no necesitan maquillaje: se retira como segundo histórico en asistencias y robos, solo por detrás de John Stockton. Y esa estadística resume su esencia mejor que cualquier highlight: Chris Paul fue talento, sí, pero sobre todo fue control, lectura y una obsesión casi enfermiza por cuidar el balón como si fuera oro.
En su despedida, dejó claro que el motivo real no está en la pista, sino en casa. “Es hora de presentarme por otros y de otras maneras”, escribió, mencionando a su familia. Y ahí está la grandeza final: cuando el cuerpo y la vida te piden otra cosa, saber irse también es una victoria. La NBA pierde a uno de los bases más influyentes de su era… y el baloncesto se queda con su legado tatuado para siempre. @mundiario
