Se trata de una evolución espectacular. La extrema derecha de Jean-Marie y Marine Le Pen se convirtió en el primer partido obrero de Francia entre los años 80 y 90 del siglo pasado. En la primera vuelta de la elección presidencial de 2017, Marine Le Pen consiguió el 30 % del voto de los obreros y parados franceses. Cuatro años después, las intenciones de voto con las que cuenta la presidenta del partido de extrema derecha han crecido entre 13 y 17 puntos.
Los últimos sondeos confirman la tendencia de fondo, desde hace más de un año. Emmanuel Macron y Marine Le Pen cuentan con el 28 y el 26 % de las intenciones de voto, en la primera vuelta presidencial. El resto de una docena de aspirantes a candidatos de derecha tradicional, socialistas, ecologistas, comunistas y de extrema izquierda siguen estando de 10 a 15 puntos por detrás de Marine Le Pen.
Los candidatos a la candidatura de la derecha tradicional no van más allá del 12 al 16 % de las intenciones de voto. Los candidatos y candidatas socialistas oscilan entre el 5 y el 8 % de intenciones de de voto, como los posibles candidatos ecologistas. El candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, no consigue más allá de un 10 o un 12 % de intenciones de voto. Ese hundimiento histórico, por ahora, al menos, de los partidos de izquierda y derecha tradicionales coincide con la tentación de un voto de rechazo contra Emmanuel Macron. Es la gran esperanza imprevisible de Marine Le Pen.
Mélenchon y sus colegas socialistas y comunistas han comenzado a comparar las candidaturas de Macron y Le Pen: «Son más de lo mismo, siempre igual». Ese riesgo de «abstención» es muy favorable para Marine Le Pen.
Ante la perspectiva de un nuevo duelo Macron – Le Pen, decisivo, las intenciones de voto se han equilibrado relativamente. Según todos los sondeos, Macron pudiera volver a ser reelegido. Pero la diferencia de intenciones de voto continúa disminuyendo. Cultivando una posición ambigua, sin rechazar el riesgo de una elección de la candidata de extrema derecha, una parte del PS, el PCF y Francia Insumisa (extrema izquierda populista) alimentan el voto popular de rechazo contra Macron, haciendo el juego perverso de Marine Le Pen.

