Del ‘¿Quién quiere ser millonario?’ a la Champions: la historia de Dambrauskas

Hay caminos hacia la élite del fútbol que empiezan en grandes academias, otros en vestuarios profesionales y algunos directamente sobre el césped. El de Valdas Dambrauskas comenzó delante de una cámara de televisión, sentado en un concurso de preguntas y respuestas. En 2002, cuando tenía 25 años, el actual entrenador del Sabah participó en la versión lituana de ¿Quién quiere ser millonario? y consiguió un premio que terminaría cambiando su vida. Aquel dinero no se convirtió en un coche, unas vacaciones ni en una celebración pasajera: lo utilizó para marcharse a Inglaterra y comenzar desde cero su formación como entrenador. Veinticuatro años después, aquella decisión lo ha llevado hasta la Champions League.

La historia resulta todavía más llamativa porque Dambrauskas nunca fue futbolista profesional. A diferencia de muchos técnicos que construyen su carrera desde un vestuario en el que previamente fueron jugadores, él tuvo que encontrar otro camino para entrar en el fútbol. Según contó el propio entrenador a Flashscore, desde los 12 años sabía que no sería futbolista y ya entonces había decidido que quería ser entrenador. La diferencia entre aquel deseo infantil y la realidad actual está formada por años de estudio, cursos, trabajos en academias y una voluntad casi obsesiva por aprender. La Champions no apareció de repente: fue el último escalón de un proceso que comenzó cuando decidió que, si no podía llegar al fútbol como jugador, lo haría desde el banquillo.

El premio del concurso fueron 4.000 litas, la moneda utilizada entonces en Lituania. Puede parecer una cantidad insignificante comparada con el dinero que mueve actualmente el fútbol europeo, pero para Dambrauskas representó algo mucho más importante que su valor económico. Le permitió financiar su viaje a Inglaterra y comenzar una aventura en la que prácticamente tuvo que reinventarse. Allí aprendió el idioma, realizó los cursos de entrenador de Nivel 1 y Nivel 2, comenzó a trabajar con categorías inferiores y posteriormente estudió Ciencias del Deporte y Entrenamiento en la London Metropolitan University. También pasó por estructuras de clubes como Manchester United, Fulham y Brentford, acumulando una experiencia que no podía conseguir simplemente con un título.

Su recorrido demuestra que la formación de un entrenador puede construirse de muchas maneras. Dambrauskas no tenía la autoridad que proporciona haber sido futbolista profesional, ni una red de contactos creada durante años dentro de un vestuario. Tenía que ganárselo todo. Por eso convirtió el aprendizaje en una parte central de su carrera y acudió a cursos, conferencias y seminarios mientras buscaba oportunidades en academias. El propio técnico reconoce que los antiguos jugadores profesionales parten con ventajas evidentes cuando se convierten en entrenadores: conocen el vestuario, tienen contactos y poseen una experiencia competitiva que no puede aprenderse en un aula. Su respuesta fue otra: estudiar más, observar más y trabajar más.

Una carrera construida lejos de los focos

El primer gran salto llegó en Lituania, donde comenzó a trabajar con las categorías inferiores y posteriormente con las selecciones juveniles. En 2013 dio el salto al fútbol profesional sénior y comenzó una trayectoria que terminaría llevándolo por diferentes países europeos. Dirigió al Žalgiris, al RFS letón, al Gorica croata y posteriormente al Ludogorets búlgaro, entre otros equipos. En ese recorrido consiguió títulos nacionales y empezó a construir una reputación como técnico moderno y ofensivo. También pasó por el Hajduk Split, uno de los clubes históricos de Croacia, antes de que el fútbol de Azerbaiyán terminara ofreciéndole el escenario perfecto para la gran historia de su carrera.

Dambrauskas llegó al Sabah en 2025 con una misión que parecía complicada: desafiar el dominio que durante años había ejercido el Qarabag en el fútbol azerbaiyano. El Sabah, además, es un club muy joven, fundado en 2017 y situado en Masazir, cerca de Bakú. No tenía la historia, los títulos ni la tradición continental de los grandes nombres del fútbol europeo. Pero bajo el mando del entrenador lituano consiguió algo que parecía todavía más difícil: ganar el doblete nacional, conquistando la Liga y la Copa, y después trasladar esa ambición al escenario europeo.

Lo extraordinario llegó durante la fase de clasificación de la Champions. El Sabah tuvo que superar cuatro rondas para alcanzar la fase de liga, dejando en el camino al The New Saints galés, al KuPS finlandés, al AGF Aarhus danés y finalmente al Hapoel Be’er Sheva israelí. En la última eliminatoria, el conjunto azerbaiyano perdió 2-1 en la ida, pero respondió en casa con un espectacular 5-2 después de la prórroga. Esa remontada selló la clasificación histórica de un club que apenas llevaba nueve años de existencia y convirtió a Dambrauskas en uno de los entrenadores más singulares de esta edición de la máxima competición europea.

La magnitud del logro se entiende todavía mejor al mirar lo que esperaba al Sabah después de superar las rondas previas. El equipo quedó emparejado en la fase de liga con algunos de los nombres más poderosos del fútbol europeo. Manchester United, Borussia Dortmund, Barcelona, Villarreal, Napoli y Arsenal aparecen en su calendario, entre otros rivales. El 10 de septiembre de 2026, además, el Sabah debutará en la Champions visitando Old Trafford. Es decir, el entrenador que utilizó el dinero ganado en un concurso de televisión para comenzar su formación en Inglaterra regresará al país que cambió su vida para enfrentarse a uno de los clubes más famosos del planeta.

La paradoja es extraordinaria. Dambrauskas viajó a Inglaterra como un joven que buscaba una oportunidad, consciente de que convertirse en entrenador profesional sería extremadamente difícil. Allí estudió, trabajó y aprendió en silencio mientras intentaba abrirse camino en un fútbol donde sabía que competir por un puesto de primer nivel sería complicado. Años después, no solo consiguió convertirse en entrenador profesional: regresó a Inglaterra con un equipo de Azerbaiyán para disputar la competición más importante del fútbol europeo. Su historia tiene algo de círculo perfecto. El país que fue escuela vuelve ahora a ser escenario.

Su caso también rompe con una idea instalada en el fútbol: que para convertirse en un entrenador de élite es imprescindible haber sido un gran jugador. Dambrauskas no pretende negar las ventajas de haber jugado profesionalmente, pero entiende que el entrenador moderno necesita mucho más que conocimiento táctico. Preparación física, psicología, gestión de grupos, comunicación, análisis, organización y capacidad para tomar decisiones forman parte de un trabajo que se ha vuelto extraordinariamente complejo. Él eligió compensar su falta de experiencia como futbolista con una formación constante. Su mayor temor, según explicó, no es equivocarse, sino dejar de aprender y dejar de desarrollarse.

Ahora el desafío cambia completamente de dimensión. El Sabah ya ha conseguido aquello que parecía imposible, pero la Champions no regala nada y la fase de liga lo enfrentará a clubes con presupuestos, plantillas e historias incomparablemente mayores. El verdadero éxito de Dambrauskas, sin embargo, no debería medirse únicamente por los puntos que consiga frente a Manchester United, Barcelona o Arsenal. Su historia demuestra que existen otras formas de llegar al máximo nivel. Que el talento puede construirse fuera de los grandes focos. Y que, en ocasiones, una oportunidad aparentemente pequeña puede terminar abriendo una puerta gigantesca.

En el fútbol moderno, donde cada vez parece más difícil escapar de los caminos establecidos, la historia de Dambrauskas funciona casi como una anomalía. Un joven que entendió que no sería futbolista, un concursante que convirtió un premio televisivo en una inversión personal, un estudiante que comenzó desde los cursos básicos y un entrenador que recorrió academias antes de alcanzar el profesionalismo. Todo aquello desemboca ahora en la Champions League, rodeado de gigantes y con el Sabah convertido en una de las grandes historias de esta edición. Quizá la mayor enseñanza de su viaje no esté en el dinero que ganó aquel día en televisión, sino en lo que decidió hacer con él: comprar una oportunidad, marcharse lejos y empezar de nuevo. Porque algunas carreras hacia la élite no necesitan un pasado glorioso; solo necesitan a alguien dispuesto a trabajar cuando todavía nadie está mirando. @Mundiario