La crisis en el estrecho de Ormuz entra en una nueva fase marcada por la ambigüedad estratégica de Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha anunciado que su país iniciará un dispositivo para escoltar a buques mercantes de terceros países atrapados por el cierre de esta ruta clave para el comercio energético mundial. La operación, presentada como un gesto “humanitario”, pretende garantizar la salida segura de embarcaciones de países no implicados en el conflicto regional.
El movimiento llega en un momento de máxima tensión con Irán, responsable del bloqueo parcial de esta vía por la que circula una parte sustancial del petróleo global. Mientras Washington trata de proyectar control sobre la situación, el propio Trump ha dejado abierta la puerta a una escalada militar, reconociendo que existe “una posibilidad” de retomar los ataques contra territorio iraní.
Este doble mensaje —ofensivo y conciliador al mismo tiempo— refleja la complejidad de un escenario en el que las negociaciones avanzan con dificultad. Teherán ha confirmado que está analizando la respuesta estadounidense a la propuesta de paz remitida días atrás a través de Pakistán, que actúa como intermediario. Aunque inicialmente fue rechazada por la Casa Blanca, Washington ha optado finalmente por reconsiderarla, evidenciando la falta de una estrategia clara.
En paralelo, la presión internacional aumenta. El conflicto no se limita al Golfo Pérsico: la ofensiva de Israel en Líbano continúa dejando víctimas pese a los acuerdos de alto el fuego, lo que amplifica la dimensión regional de la crisis.
En este contexto, la Guardia Revolucionaria iraní sostiene que Estados Unidos se encuentra en una posición debilitada, atrapado entre aceptar un acuerdo desfavorable o embarcarse en una intervención militar de alto coste e incierto desenlace. Según esta visión, el impacto económico global del cierre de Ormuz está reduciendo el margen de maniobra de Washington y forzando a sus aliados a presionar por una solución negociada.
La propuesta de Irán: claves de un plan para cerrar la guerra
Al margen de la retórica y las maniobras militares, el elemento más relevante del tablero es la propuesta de paz presentada por Teherán, que plantea una hoja de ruta ambiciosa para poner fin al conflicto en un plazo breve. Estos son sus puntos esenciales:
-Fin definitivo de la guerra en un plazo de 30 días, rechazando simples prórrogas del alto el fuego.
-Levantamiento del bloqueo naval impuesto por Estados Unidos sobre puertos y buques iraníes.
-Nuevo control del estrecho de Ormuz, con restricciones a países considerados hostiles e incluso posibles peajes al tránsito marítimo.
-Garantías de no agresión por parte de Estados Unidos e Israel, aunque sin detalles sobre su verificación.
-Retirada de tropas estadounidenses desplegadas en la región.
-Fin de las sanciones económicas y liberación de activos iraníes bloqueados en el extranjero.
–Compensaciones económicas por los daños causados durante los bombardeos, que Teherán cifra en miles de víctimas y graves pérdidas materiales.
-Extensión del acuerdo a otros frentes, incluido el conflicto en Líbano, donde actúan aliados iraníes.
La propuesta iraní evita deliberadamente abordar el programa nuclear, centrando el debate en el cese de hostilidades. Sin embargo, su alcance y exigencias evidencian la dificultad de alcanzar un acuerdo inmediato. Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue siendo el epicentro de una crisis que mantiene en vilo a la economía global. @mundiario
