Donald Trump sigue blindando a Gianni Infantino

No nos extraña demasiado. Donald Trump ha vuelto a salir públicamente en defensa de Gianni Infantino cuando buena parte del fútbol internacional cuestiona seriamente la continuidad del presidente de la FIFA. Esta vez lo hizo en Truth Social, su red social de cabecera, desde donde calificó como un «terrible error» cualquier intento de reemplazar al dirigente suizo.

Trump fue incluso más lejos. Definió a Infantino como «fantástico» y aseguró que sin él la FIFA nunca volvería a alcanzar semejantes niveles de éxito y rentabilidad. Una intervención política especialmente llamativa porque llega precisamente cuando tres de las seis confederaciones continentales han abierto uno de los mayores frentes internos contra el presidente de la FIFA desde su llegada al cargo en 2016.

La tormenta nació con FIFA Forward Enterprise, el proyecto impulsado por Infantino para separar parte del negocio comercial de los torneos de la FIFA en una compañía valorada inicialmente en unos 20.000 millones de dólares. El plan contemplaba vender aproximadamente un 20% a inversores privados y captar alrededor de 4.200 millones. La oposición fue tan feroz que el propio Infantino terminó retirando oficialmente la propuesta el pasado 31 de julio.

Pero retirar el proyecto no apagó el incendio. UEFA, AFC y CONCACAF firmaron posteriormente una carta conjunta en la que acusaron a la dirección de la FIFA de haber quebrado la confianza mediante el engaño y reclamaron una investigación completamente independiente. Las tres confederaciones incluso han estudiado escenarios alternativos de competición y han amenazado con no participar en torneos de FIFA si no reciben garantías de que una maniobra semejante no volverá a producirse.

 Actualmente sus grandes respaldos institucionales se encuentran en CONMEBOL y CAF, además de diferentes federaciones nacionales. Este mismo jueves, Qatar, Marruecos, Líbano, Sudán, Egipto y Mauritania publicaron conjuntamente su apoyo al presidente de la FIFA.

Y, por supuesto, está Trump. Una relación que hace tiempo dejó de limitarse a la fotografía protocolaria entre el presidente del país anfitrión y el máximo responsable del fútbol mundial. FIFA abrió en 2025 una oficina de representación dentro de Trump Tower, Infantino entregó posteriormente al estadounidense el primer Premio de la Paz de la FIFA y ambos han intercambiado elogios públicos de forma constante durante el último año.

Las conexiones alrededor del frustrado negocio de FIFA Forward Enterprise aumentaron todavía más las sospechas sobre esa proximidad. Entre los inversores llamados a desempeñar un papel protagonista aparecía Thrive Eternal, el vehículo inversor de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Eso no demuestra que Trump participase en la operación —el propio presidente estadounidense aseguró que ni siquiera había hablado de ella con Infantino—, pero resulta inevitable que semejante entramado familiar y empresarial genere preguntas cuando FIFA pretendía poner miles de millones de dólares de su negocio en manos privadas.

Trump tampoco es la única agarradera de Infantino. Cerca de 70 de las 211 federaciones de FIFA habían expresado públicamente su intención de apoyarlo en la próxima elección, mientras CAF y CONMEBOL continúan cerrando filas alrededor de su figura. El problema es que UEFA, AFC y CONCACAF representan conjuntamente 136 asociaciones. Infantino está lejos de estar políticamente muerto, pero tampoco parece ya aquel dirigente prácticamente intocable de hace unos meses.

La verdadera batalla llegará el 18 de marzo de 2027 en Marruecos. Infantino pretende renovar su mandato hasta 2031 y ya aparecen posibles alternativas, entre ellas Victor Montagliani, presidente de CONCACAF, mientras nombres como Aleksander Ceferin o Salman bin Ibrahim Al Khalifa sobrevuelan igualmente el escenario sucesorio. Por primera vez en mucho tiempo, la presidencia de la FIFA parece tener una oposición organizada capaz, al menos, de discutir seriamente su continuidad.

Y la crisis tampoco puede analizarse como un episodio aislado. A los problemas de gobernanza se añaden las críticas que FIFA sigue arrastrando en materia de derechos humanos y laborales. Qatar dejó un debate todavía abierto sobre la explotación y las muertes de trabajadores migrantes, mientras organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional ya han advertido de graves riesgos de cara al Mundial de Arabia Saudí 2034. Incluso se ha documentado la muerte de un trabajador en las obras de uno de los estadios saudíes previstos para el torneo.

Veremos cuánto aguanta el blindaje. Infantino todavía tiene federaciones, confederaciones y dirigentes políticos dispuestos a sostenerlo, y Donald Trump acaba de demostrar que será uno de los primeros en acudir en su auxilio. Pero cuando los errores de gobernanza, los intereses económicos y las polémicas se acumulan, incluso las mejores agarraderas pueden acabar soltándose. Y a Infantino, después de diez años en el cargo, empiezan a quedarle demasiadas explicaciones pendientes y demasiado poco margen para seguir comportándose como si la FIFA fuese suya. @mundiario