Dos misiles invocan al artículo 5 de la OTAN

Cuando la situación en el teatro de operaciones ucraniano parecía ralentizarse, la caída de un misil en territorio polaco, cerca de la frontera ucraniana causando, al parecer, dos muertos, supone una vertiginosa elevación de la tensión , no solo en el teatro ucraniano sino también a nivel planetario. Ello, inicialmente, ha de suponer un inmediato incremento del nivel de alerta de los medios OTAN ―tanto más elevado cuanto más próximos estén al teatro―. Corresponde al Gobierno polaco, en primera instancia, determinar las circunstancias del gravísimo hecho. Se trataría, en todo caso, de concluir si se trata de un ataque deliberado contra territorio cubierto por el Tratado de Washington, invocando primero consultas en el seno del Consejo Atlántico a nivel de representantes permanentes (embajadores) que, en su caso, podrían conducir a la aplicación del artículo 5 de ese tratado, así como del 42.7 del Tratado de la UE. En ambos, se considera que un ataque a uno de sus miembros es un ataque a todos y cada uno de los miembros (de la OTAN y de la UE). En otros términos, podría significar un conflicto armado entre la OTAN y la UE por un lado y Rusia por el otro. Noticias Relacionadas estandar No Rusia bombardea con misiles Kiev y otras ciudades ucranianas después de que Zelenski interviniera en el G-20 ABC estandar No Rusia bombardea con misiles Kiev y otras ciudades ucranianas después de que Zelenski interviniera en el G-20 ABC Parece más probable que se trate de un gigantesco (por sus potenciales consecuencias) error o daño colateral, en cuyo caso deberían producirse inmediatas explicaciones sobre el incidente al Gobierno polaco por parte del Kremlin, acompañadas de la exigible petición de disculpas, así como la disposición rusa para asumir las correspondientes reparaciones. Ese misil podría proceder de la ola rusa de bombardeos contra instalaciones y redes energéticas por toda Ucrania. Este incidente en territorio polaco podría conducir, paradójicamente, a serenar ánimos y obligar a unos y otros a sentarse alrededor de la mesa de negociación para dar una salida razonable al conflicto ruso-ucraniano, tan perjudicial para (casi) todos. Mientras tanto, se siguen produciendo ataques y contraataques, de alcance limitado, que no suponen cambios mayores en los frentes de combate. Así sucede, principalmente, en las zonas de Svatove, Bajmut y Gorlovka-Donetsk. Por otra parte, la decisión de Moscú de replegar las tropas del oeste del bajo Dniéper hasta el otro lado del río puede valorarse, en términos políticos y de imagen, como un gran fracaso ruso. Ha supuesto para el Kremlin la pérdida de alrededor de 1.000 km2, así como de la única capital de oblast (provincia) conquistada tras la invasión del 24 de febrero. Sin embargo, las consecuencias operativas son ambivalentes. Por un lado, al reducirse, en alrededor de 10 kilómetros, la profundidad del glacis de seguridad de Crimea, esta península queda en posición más vulnerable frente a las acciones aéreas y artilleras ucranianas. Y, por el otro, en la nueva situación, el río Dniéper ―antes obstáculo perturbador a la espalda (particularmente para el apoyo logístico)―, pasa a constituir un fenomenal foso sobre el que apoyar una defensa sólida, y sin solución de continuidad, a lo largo de casi 300 kilómetros, entre el cabo de Kinburn (oblast de Jersón) y Vasilivka (oblast de Zaporiyia). Esa mayor fortaleza natural del terreno favorece la aplicación del principio complementario de economía de medios, con el consiguiente ahorro de fuerzas rusas que podrían ser mantenidas en reserva, o desplegadas en otros frentes más activos. Curiosamente, tras nueve meses de hostilidades, el frente de combate se compadece, en el 40% de su extensión, con el objetivo operacional de la “operación militar especial” de Putin. Un escenario que revaloriza el codo del Dniéper (Zaporiyia―Dnipropetrovsk) como probable tablero para próximos combates de envergadura, nunca descartables. Bien por iniciativa rusa en dirección a Zaporiyia, o bien ucraniana hacia Melitopol para intentar partir en dos el corredor ruso entre Rostov del Don (Rusia) y la desembocadura del Dniéper. Bien que, en el umbral del invierno, las conversaciones de EE. UU. con China (en Bali), o con Rusia (en Ankara) pudieran dar frutos más pacíficos, a pesar de la aparentemente absoluta incompatibilidad de objetivos entre Moscú y Kiev… SOBRE EL AUTOR PEDRO PITARCH El autor es teniente general retirado del Ejército de Tierra. Fue jefe del Eurocuerpo y de la Fuerza Terrestre y director general de Política de Defensa en el Gobierno de Zapatero. Ocupó la jefatura de la División de Estrategia y Cooperación Militar del Estado Mayor de la Defensa, así como de la División de Logística del Mando Supremo de la OTAN.