Una isla que durante décadas estuvo cerrada al mundo por razones militares se ha convertido ahora en el epicentro de una disputa entre turismo de lujo, protección ambiental e identidad nacional. Sazan, un pequeño paraíso albanés de 1.400 hectáreas situado frente a la costa del país, enfrenta una transformación radical impulsada por un ambicioso proyecto inmobiliario promovido por Ivanka Trump y Jared Kushner. La operación, valorada en unos 1.400 millones de dólares, pretende convertir este antiguo bastión militar en un destino exclusivo con miles de habitaciones, villas privadas y servicios orientados al turismo de alto poder adquisitivo.
La iniciativa ha encontrado una fuerte oposición dentro y fuera de Albania. Entre las voces críticas destaca la de Dua Lipa, una de las artistas más reconocidas internacionalmente con raíces albanesas, que ha mostrado públicamente su respaldo a las protestas ciudadanas contra el desarrollo urbanístico. La cantante ha advertido sobre el riesgo de modificar las normas ambientales para permitir grandes construcciones en espacios considerados vulnerables.
El conflicto no gira únicamente alrededor de un complejo turístico. Para muchos manifestantes, el caso de Sazan simboliza un debate más profundo sobre el modelo de desarrollo que Albania quiere seguir en los próximos años: convertirse en un destino exclusivo para inversores internacionales o proteger sus últimos espacios naturales frente a la presión inmobiliaria.
Dua Lipa ha explicado que lo que más le preocupa es la posibilidad de que se reduzcan las garantías de protección ambiental sin un debate público suficiente. Su apoyo ha dado una dimensión internacional a unas movilizaciones que ya llevaban semanas creciendo en Tirana y otras zonas del país, donde activistas denuncian el impacto sobre ecosistemas únicos y la falta de transparencia en la gestión del proyecto.
La isla militar que se convirtió en símbolo de una nueva Albania
Sazan no es un territorio cualquiera. Durante el régimen comunista de Enver Hoxha funcionó como una base militar estratégica y permaneció prácticamente aislada durante décadas. Tras la apertura del país, el enclave pasó a representar una de las grandes oportunidades para impulsar el turismo en una Albania que busca competir con otros destinos mediterráneos.
Ivanka Trump y Jared Kushner, a través de sus proyectos empresariales, plantean una transformación completa del lugar. La propuesta incluye un gran complejo turístico de lujo que aspira a atraer visitantes internacionales y posicionar la costa albanesa como una alternativa a destinos más consolidados como Grecia, Italia o Croacia.
Sin embargo, los opositores al proyecto alertan de que el precio de ese desarrollo puede ser demasiado alto. Las protestas se han centrado especialmente en la protección de las dunas, zonas boscosas y espacios donde habitan especies migratorias, incluidos flamencos protegidos que se han convertido en uno de los símbolos de la movilización.
Turismo de lujo frente a conservación ambiental
El Gobierno albanés defiende la inversión como una oportunidad histórica para generar empleo, atraer capital extranjero y acelerar la modernización turística del país. El primer ministro, Edi Rama, considera que proyectos de esta magnitud pueden ayudar a convertir Albania en uno de los destinos premium del Mediterráneo.
La oposición, en cambio, teme que esta estrategia favorezca una privatización progresiva del litoral y que los beneficios económicos queden concentrados mientras los daños ambientales sean asumidos por la población local. Las críticas también han alcanzado la gestión política del proyecto, con acusaciones de falta de transparencia y sospechas relacionadas con operaciones inmobiliarias previas.
Además, las autoridades albanesas investigan a un empresario vinculado a la venta de parte de los terrenos destinados al complejo por presuntos delitos de fraude y blanqueo de capitales. La investigación, según han señalado las autoridades, no implica actualmente a Ivanka Trump ni a Jared Kushner.
La intervención pública de Dua Lipa ha convertido la polémica en un asunto con mayor repercusión global. Para los activistas, el respaldo de una figura con reconocimiento internacional supone una oportunidad para visibilizar una lucha que consideran relacionada con el futuro ambiental y cultural de Albania.
La llamada “revolución del flamenco” refleja así una tensión cada vez más habitual en el Mediterráneo: la llegada de grandes inversiones que prometen riqueza y empleo frente al temor de perder paisajes naturales irreemplazables. En el caso de Sazan, la decisión que tome Albania no solo afectará a una isla, sino que marcará qué modelo turístico quiere construir el país para las próximas décadas. @mundiario



