Duro golpe en Turquía: Arda Güler no puede evitar la goleada de Italia

La selección italiana disipó todos sus fantasmas competitivos con una contundente e inapelable demostración de orgullo en suelo otomano. Tras el duro revés encajado en el Olímpico de Roma frente a Bélgica que encendió las alarmas de descenso en la Nations League, la Azzurra resurgió bajo el diluvio de Bursa. El conjunto transalpino aplastó por 1-4 a la Turquía de Vincenzo Montella, completando una catarsis táctica diseñada al milímetro por un enérgico Roberto Mancini.

El preparador italiano no dudó en dar un puñetazo sobre la mesa tras la anterior derrota, fracturando la concentración al dejar a diez futbolistas trabajando en Coverciano —entre ellos pesos pesados como Nicolò Barella y Daniel Maldini— para viajar a territorio hostil con un bloque repleto de novedades. La pizarra dio entrada a Matteo Ruggeri y a Michael Kayode en los laterales, entregando además la punta de ataque a la histórica dupla de hermanos formada por Sebastiano y Pio Esposito, un hito fraternal inédito en la selección absoluta desde Filippo y Simone Inzaghi en el año 2000.

La apuesta no tardó en rendir dividendos sobre el encharcado césped turco. Tras un aviso inicial de Giacomo Raspadori, el central Alessandro Bastoni abrió la cuenta en el minuto 9 empalando a bocajarro bajo el larguero un saque de esquina que Zeki Çelik no acertó a despejar. El tempranero 0-1 heló el ambiente en las gradas y facilitó el despliegue asociativo del cuadro visitante, que dominó a placer la posesión.

La superioridad italiana se tradujo en una renta demoledora antes de la media hora de juego. En el 22′, una profunda incursión de Kayode propició un rechace defectuoso del guardameta Altay Bayindir que Davide Frattesi cazó con voracidad para firmar el 0-2. Apenas cinco minutos después, el propio carrilero de la Fiorentina culminó su debut soñado con la absoluta al culminar una jugada coral conducida por Sebastiano Esposito, sellando el 0-3 con el que se llegó al descanso.

El paso por vestuarios trajo la entrada de Nicolò Cambiaghi y un inesperado desajuste en la zaga azzurra que permitió a Barış Alper Yılmaz plantarse solo en el 47′ para recortar distancias con el 1-3. No obstante, la reacción local quedó abortada de inmediato en el 51′, cuando Cambiaghi recuperó un balón comprometido en salida y asistió a Sandro Tonali, cuyo remate repelido lo empujó a la red el joven Pio Esposito para restaurar la tranquilidad con el 1-4.

La muralla de Scalvini y los destellos estériles de Arda Güler

El atacante del Galatasaray continuó siendo la única pesadilla para los zagueros italianos e incluso vio cómo el colegiado le anulaba otro tanto por fuera de juego posicional de Aydın en el 56′. El empuje otomano exigió la mejor versión de Giorgio Scalvini, quien se tiró al límite en el minuto 70 para desviar a córner una internada que amenazaba con reabrir el electrónico en plena ofensiva local.

En el tramo final, el banquillo italiano refrescó líneas dando entrada a Doumbia mientras Arda Güler intentó encender a la frustrada hinchada de Bursa con su habitual catálogo técnico. La joya del Real Madrid rozó la escuadra en el 79′ tras sortear a tres defensores y regaló un pase milimétrico a Kerem Aktürkoğlu en el área pequeña que el extremo turco mandó inexplicablemente por encima del travesaño.

El despertar tardío de Turquía resultó insuficiente ante una Italia que supo enfriar las pulsaciones del encuentro con oficio defensivo y criterio en la distribución. Mancini celebró con desahogo desde la zona técnica la madurez exhibida por su renovada camada de jóvenes talentos, quienes respondieron a la máxima presión competitiva con personalidad y una tremenda eficacia rematadora.

El triunfo balsámico en Bursa no solo aleja el peligro del descenso para el cuatro veces campeón del mundo, sino que revalida la audacia de su seleccionador a la hora de prescindir de vacas sagradas y agitar el árbol generacional cuando el contexto lo exige. La aparición estelar de piezas como Kayode y el empuje de la dinastía Esposito devuelven la sonrisa a un vestuario que necesitaba un golpe de autoridad para reencontrarse consigo mismo.

Italia abandona tierras otomanas con los deberes hechos y un cargamento de conclusiones tácticas de incalculable valor para el futuro inmediato. Bajo la lluvia y contra todo pronóstico tras la debacle previa, la Azzurra de Roberto Mancini demostró estar más viva que nunca, firmando una goleada terapéutica que reordena las jerarquías en la  Nations League. @mundiario