EE UU intensifica los ataques a Irán en la recta final del ultimátum de Trump

El pulso entre Estados Unidos e Irán ha entrado en su momento más delicado, con el ultimátum lanzado por Donald Trump a punto de expirar y un clima de máxima incertidumbre internacional. En las últimas horas, el presidente estadounidense ha endurecido de forma drástica su discurso, llegando a advertir de una posible destrucción a gran escala si Teherán no cede a sus exigencias.

Sobre el terreno, la presión militar ya es una realidad. Fuerzas estadounidenses e israelíes han intensificado sus operaciones con ataques dirigidos a infraestructuras estratégicas y civiles en territorio iraní. Entre los objetivos alcanzados se encuentran redes ferroviarias, instalaciones energéticas y enclaves clave para la exportación de petróleo, lo que supone un golpe directo a la economía del país.

Uno de los puntos más sensibles del conflicto es la isla de Jarg, desde donde Irán canaliza gran parte de sus ventas de crudo al exterior. Su bombardeo marca un salto cualitativo en la ofensiva y alimenta el temor a una posible intervención aún más amplia. Paralelamente, ataques sobre puentes, universidades y otras infraestructuras han elevado las alarmas internacionales ante el riesgo de una crisis humanitaria.

En este contexto, la retórica de Trump ha ido más allá de lo habitual, combinando amenazas de destrucción total con insinuaciones de un eventual cambio de régimen en Irán. Sin embargo, en paralelo a ese discurso agresivo, el propio mandatario ha dejado entrever la posibilidad de una salida negociada de última hora, lo que añade aún más incertidumbre a la situación.

Mientras tanto, Irán responde elevando el tono y advirtiendo de represalias que podrían extender el conflicto más allá de sus fronteras. La Guardia Revolucionaria ha dejado claro que cualquier ataque que cruce determinadas “líneas rojas” tendrá consecuencias en toda la región, incluyendo posibles acciones contra intereses estadounidenses y aliados en el Golfo.

La dimensión internacional del conflicto se hace cada vez más evidente. Pakistán ha asumido un papel mediador e intenta evitar el colapso diplomático proponiendo una prórroga del ultimátum que permita abrir una ventana de negociación. La iniciativa busca ganar tiempo para alcanzar un alto el fuego que facilite acuerdos más amplios, aunque por ahora no ha logrado desbloquear la situación.

A nivel global, la incertidumbre ya se refleja en los mercados, que permanecen prácticamente paralizados ante la falta de claridad sobre el desenlace. Al mismo tiempo, varios países han activado alertas para sus ciudadanos en la región, recomendando evitar desplazamientos y prepararse para posibles escenarios de emergencia.

El estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio energético mundial, se mantiene en el centro de la disputa. Irán condiciona su reapertura a un acuerdo sólido que incluya garantías de seguridad, el levantamiento de sanciones y compensaciones por los daños sufridos. Esta exigencia choca con la estrategia de presión total impulsada por Washington.

En paralelo, Israel continúa su ofensiva con el objetivo de debilitar al máximo a Irán, mientras recibe ataques de respuesta desde distintos frentes. Este intercambio constante de golpes alimenta el riesgo de una escalada regional que podría implicar a más actores y desestabilizar aún más Oriente Próximo.

Con el reloj en contra y las posiciones aún muy alejadas, el mundo observa con preocupación las próximas horas. El desenlace del ultimátum no solo definirá el futuro inmediato del conflicto, sino que puede marcar un punto de inflexión en el equilibrio geopolítico global. @mundiario