Cristian Romero no necesita presumir de ser el zaguero más veloz del campeonato para imponer una ley marcial sobre el césped. Su magisterio defensivo se activa mucho antes de que el delantero adversario logre domar el esférico, leyendo trayectorias, descifrando intenciones y eligiendo el instante exacto para clavar el ancla. Ante Osasuna, en su ansiado estreno como titular en el Metropolitano, el internacional albiceleste desplegó un catálogo de sobriedad que justificó los dos años de tenaz persecución por parte de Diego Pablo Simeone.
La estampa acontecida en el minuto treinta y nueve sintetiza a la perfección una concepción casi cerebral del arte de la destrucción. Raúl Moro cabalgaba con metros por delante, amenazando con descoser el repliegue rojiblanco, pero el central cordobés jamás cayó en la trampa de la precipitación. Esperó con serenidad, calibró las distancias y abortó el peligro con la aplastante autoridad de quien juega la partida varios movimientos por delante. El fútbol premia en ocasiones al velocista, pero ensalza siempre al estratega que gana la posición porque ha procesado antes el contexto.
La hoja estadística de su comparecencia ante los navarros roza la perfección absoluta en el oficio de la retaguardia continental. El zaguero sudamericano rubricó cuatro recuperaciones providenciales, tres despejes balsámicos y salió victorioso en la totalidad de las tres entradas que acometió al suelo. Como lo informa el diario As, en un artículo que lleva la firma de SamuelToledo, ganó ocho de los nueve duelos individuales que libró sobre la hierba, no concedió ni un solo regate y completó cincuenta y cuatro entregas con un noventa por ciento de efectividad asociativa.
Semejante recital de clarividencia defensiva no mermó su vocación para intimidar al cuadro pamplonés en las inmediaciones del área foránea. En el minuto sesenta y uno, Romero se animó a probar fortuna desde la media distancia con un misil que obligó a Aitor Fernández a desviar a córner con muchos apuros. De esa acción a balón parado brotó precisamente el tercer tanto colchonero, culminando una aportación integral que abarcó desde el cerrojazo propio hasta la gestación del castigo en territorio enemigo.
Diego Pablo Simeone no escondió su entusiasmo en la banda, celebrando cada cruce de su compatriota con la vehemencia reservada a las grandes gestas. El técnico bonaerense reconoció en sala de prensa que el fichaje responde a una vieja obsesión para inyectar ese gen ganador que parecía amortiguado en la caseta. Contar con un zaguero de su empaque transmite un sosiego balsámico al resto de compañeros, blindando el sistema táctico y elevando el listón competitivo de un bloque que demandaba líderes con urgencia.
El antídoto para la sangría defensiva rojiblanca
El aterrizaje del Cuti en el eje de la zaga ha supuesto un punto de inflexión definitivo para sanear una retaguardia que hacía aguas por doquier. El Atlético de Madrid venía de encajar la alarmante cifra de ocho tantos en sus cinco primeras citas oficiales, rubricando el peor registro inicial de toda la era del Cholo. Tras la solvente portería a cero sellada en Anoeta, la muralla volvió a funcionar con precisión suiza frente al empuje osasunista. Dos duelos consecutivos sin recibir castigo certifican el impacto fulminante del argentino.
El feudo colchonero despidió a su nuevo bastión defensivo en el minuto sesenta y ocho con una cerrada ovación cuando dejó su sitio al joven Marc Pubill. Aquel clamor popular corroboró la comunión inmediata entre una tribuna exigente y un guerrero que entiende el oficio sin concesiones a la galería. En apenas unos meses de adaptación al fútbol español, Romero ha desterrado las suspicacias iniciales para consolidarse como una pieza troncal en los planes del cuerpo técnico.
La plantilla colchonera necesitaba recuperar ese aroma a solidez granítica que cimentó los mejores momentos del proyecto de Simeone en el Metropolitano. Los centrales contemporáneos tienden a diluirse en el preciosismo técnico descuidando la contundencia en los balones divididos y el control del espacio propio. Cristian Romero aúna la firmeza del marcador tradicional con la limpieza de toque necesaria para construir ventajas desde la cueva, ofreciendo un equilibrio que cotiza muy caro en Europa.
Cuando estampó su firma con la entidad madrileña, el central proclamó con orgullo su deseo innegociable de grabar su huella en los anales del Metropolitano. Su trayectoria en la capital española apenas acaba de echar a andar, pero las sensaciones que proyecta sobre el verde anticipan una etapa de dominio defensivo indiscutible. El vestuario reconoce en sus gestos y en sus correcciones tácticas la voz de mando de un futbolista curtido en las batallas de máxima exigencia internacional.
El Atlético de Madrid puede presumir por fin de haber encontrado al mariscal de campo idóneo para custodiar las espaldas de su portero sin titubeos. Con el horizonte despejado y las costuras defensivas cosidas a conciencia, el proyecto del Cholo vuelve a emitir señales de intimidación que avisan a los grandes rivales de LaLiga. La seguridad atrás es la piedra filosofal que permite soñar con cotas ambiciosas y el Cuti ya ejerce de general absoluto en la fortaleza rojiblanca. @mundiario
