El regreso del Deportivo a Primera División debía ser, sobre todo, una celebración. Después de años de reconstrucción, la entidad coruñesa vuelve a ocupar el lugar que históricamente sintió como propio. Sin embargo, el inicio del nuevo curso demuestra que ascender de categoría no solo implica enfrentarse a mejores rivales sobre el césped. También exige gestionar mejor las expectativas, la economía del club y, sobre todo, la relación con una afición que ha sostenido al Deportivo incluso en los momentos más difíciles.
Las últimas semanas han condensado prácticamente todos los ingredientes del nuevo escenario blanquiazul. Hay ilusión por una plantilla que comienza a tomar forma, confianza en un proyecto deportivo ambicioso, el regreso del Real Madrid al Trofeo Teresa Herrera y una notable actividad en el mercado de fichajes. Pero, al mismo tiempo, han aparecido dos focos de tensión que han monopolizado buena parte del debate entre los seguidores: la subida del precio de los abonos y la nueva regulación para la grada de Maratón.
La fotografía del momento refleja un club que crece, pero que también debe cuidar con especial atención el capital más valioso que posee: su masa social. El último en llegar es Lorenzo Amatucci, que firma con el Deportivo hasta 2031.
Un proyecto que acelera
En el plano deportivo, el Deportivo transmite una sensación que hacía tiempo no se percibía en Riazor: la de estar construyendo una plantilla pensando en el medio plazo.
La incorporación del central polaco Bright Ede, de apenas 19 años, con contrato hasta 2031, responde a esa filosofía. Se trata de un futbolista seguido por importantes clubes ingleses y que llega con la etiqueta de gran promesa europea.
La misma lógica explica el fichaje del centrocampista italiano Lorenzo Amatucci, también vinculado hasta 2031 tras el desembolso de unos 2,5 millones de euros a la ACF Fiorentina. Su experiencia reciente en Primera División con la UD Las Palmas convierte la apuesta en una incorporación de presente y futuro.
A ello se suma la negociación avanzada por el joven danés Asp Jensen, perteneciente al FC Bayern Munich, otro perfil de enorme proyección que encaja en la nueva política deportiva.
No se trata únicamente de fichar para sobrevivir en Primera. La sensación es que el Deportivo quiere construir un patrimonio deportivo que pueda consolidarse durante varias temporadas, empezando por Leo Román, el guardameta del Mallorca llamado a defender la portería del Deportivo de A Coruña.
La otra cara del mercado
Toda planificación implica también decisiones difíciles. La pretemporada deja claro que varios jugadores no entran ya en los planes del cuerpo técnico. Casos como los de Luis Chacón, Petxarroman o Bouldini parecen encaminados hacia una salida definitiva, mientras que jóvenes como Ochoa, Jairo o Mardones continuarán su desarrollo en el Fabril, ahora en Primera RFEF.
El caso de Chacón ya ha quedado resuelto con su traspaso al Real Valladolid Club de Fútbol, donde firma hasta 2031 tras dos temporadas cedido en la Cultural Leonesa.
También permanecen abiertas las situaciones de Diego Gómez y Rubén López, cuyo futuro todavía deberá aclararse durante el verano.
Mientras tanto, la pretemporada ha comenzado con prudencia desde el punto de vista físico. Yeremay continúa recuperándose de su lesión de rodilla, mientras que Mella y Loureiro han iniciado el trabajo con cargas controladas para evitar recaídas.
El efecto Primera también se paga
Si el mercado ha generado ilusión, la campaña de abonos ha provocado justamente la reacción contraria. La vuelta a Primera ha venido acompañada de un incremento medio cercano al 40 % en el precio de los carnés. Los importes para los abonados oscilan entre los 260 euros de Pabellón Inferior y los 880 euros de Tribuna Superior.
Desde una perspectiva empresarial, el movimiento resulta comprensible. Competir en Primera exige mayores inversiones y los ingresos por socios constituyen una fuente relevante de financiación. Sin embargo, el debate no gira únicamente alrededor del dinero.
Muchos aficionados recuerdan que fueron precisamente ellos quienes sostuvieron al club durante los años más complicados en Primera Federación y Segunda División, llenando Riazor cuando el atractivo deportivo era mucho menor. Esa fidelidad explica que parte del deportivismo considere que el regreso a la élite debería haber venido acompañado de un reconocimiento más visible hacia quienes nunca abandonaron el proyecto.
El conflicto de Maratón
La polémica se ha intensificado todavía más con las nuevas condiciones establecidas para renovar los abonos en la grada de Maratón. La exigencia de realizar determinados trámites de manera presencial y la incorporación de normas disciplinarias que contemplan la pérdida del abono en determinados supuestos han provocado un profundo malestar entre parte de la afición organizada.
La Federación de Peñas ha llegado incluso a pedir públicamente que los aficionados no tramiten nuevas altas mientras esas condiciones no sean revisadas.
Más allá del contenido concreto de las medidas, el episodio pone de manifiesto una cuestión de fondo: en una entidad con una identidad social tan fuerte como el Deportivo, la gestión de la relación con las gradas exige tanto diálogo como firmeza. La autoridad del club resulta compatible con la búsqueda de consensos cuando se trata de uno de los activos emocionales más importantes de la institución.
Dos años de Escotet
Todo ello coincide, además, con una fecha simbólica. Juan Carlos Escotet cumple dos años como presidente del Deportivo tras asumir el cargo en julio de 2024, poco después del ascenso a Segunda División.
Su liderazgo ha estado marcado por una fuerte implicación personal y por el respaldo económico de un accionista que ha permitido estabilizar la entidad y devolverle la ambición deportiva. En ese tiempo, el club ha recuperado el pulso competitivo y ha culminado el regreso a Primera.
El balance general es claramente positivo. Pero precisamente porque las expectativas son ahora mucho mayores, cada decisión genera un escrutinio más intenso. Es el precio de dirigir un club que vuelve a sentirse importante.
Un verano cargado de símbolos
El regreso del Real Madrid Club de Fútbol al Trofeo Teresa Herrera trece años después añade un componente emocional a un verano que ya de por sí resulta especial para el deportivismo.
También el equipo femenino inicia una nueva etapa con la llegada de Alberto Rodríguez al banquillo del Depor Abanca, dando continuidad al crecimiento de una estructura deportiva que aspira a consolidarse en todas sus categorías.
El Deportivo afronta así uno de los veranos más ilusionantes de la última década. El reto ya no consiste únicamente en mantenerse en Primera, sino en recuperar el prestigio institucional y deportivo que durante años convirtió a Riazor en uno de los grandes escenarios del fútbol español. Porque el ascenso ha devuelto al club al lugar que perseguía desde hace tiempo. Ahora empieza una tarea más compleja: demostrar que también está preparado para permanecer en él. @mundiario
