El mundo multipolar Pos Pandemia.

Por Pedro Franco

Cuando Francis Fukuyama escribió “El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre” erigió un verdadero monumento a la unipolaridad. Fantaseó sobre una globalización donde se moverían con total libertad los seres humanos y el capital allende los mares y océanos, sin las mas mínimas regulaciones. Las confrontaciones bélicas se habrían extinguido justo con el desplome del muro de Berlín.

Gran algarabía seguiría los procesos de pacificación mediante los acuerdos y deposición de las armas por otrora poderosas guerrillas; el paso del GATT a la OMC, el espejismo de la renovación de las instituciones de Bretton Woods comenzando por la ONU. La Democracia y la transparencia se convirtieron en discursos desde los mismos balcones donde se prohijaron las mas feroces dictaduras en América Latina y el Caribe, mientras con el supuesto combate al narcotráfico, evadiendo las causas que lo engendran, se trató de avasallar a la inteligencia humana, mientras desde el 9-11 el combate al terrorismo se convirtió en el sustituto del anticomunismo de guerra fria.

La Cumbre de La Tierra, o eco 92, fue seguida por una serie de eventos que contribuyeron a crear una conciencia planetaria sobre la importancia de cuidar el planeta y los bienes comunes, la deseada armonía entre el ser humano y la naturaleza, los desafíos impuestos por el calentamiento global, el deshielo en los polos y la subida de las aguas sobre las pequeñas islas. No obstante se fue creando todo un tramado ideológico y político de sustento a toda una realidad económica que silenciosamente se había ido instalando, fomentando el desmembramiento de los estados nacionales, desprotegiendo a la sociedad y millones de personas en el mundo, ante el cual el Estado de Bienestar pasó a ser una pieza de museo, inclusive en Europa. Se había impuesto la lógica del neoliberalismo y sus políticas avasalladoras.

Entonces, a partir de sus vivencias cotidianas, la sociedad en el sur y el norte comenzó a percibir la realidad de otra manera a como lo habían pronosticado Fukuyama y toda una pléyade de apologistas de las vondades de la globalización. Seattle como muchas ciudades del mundo trazaron el nuevo rumbo, de tal manera que los eventos del G-7, Davos, OMC y otros sostenes del neoliberalismo tuvieron que ser trasladados a lugares apartados, de imposible acceso para las muchedumbres del mundo que les denunciaban como responsables de las inequidades, el crecimiento de la pobreza, el maltrato a las migraciones, el resurgir del guerrerismo luego de los procesos de de desarme…, todo aportado mágicamente por el mundo unipolar pos Berlin.

Por suerte para la humanidad y los países, en los momentos mas difíciles para la existencia humana y de las naciones surgen los verdaderos profetas de la dignidad que llaman a conservar o rescatar los valores y derechos perdidos o bajo amenaza de extinción. Han sido los Juárez, Lincoln, Gandhi, Mandela, Martin Luther King o Fidel. En esta ocasión la voz que se levantó llamando a la indignación fue la de uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos oficializada en 1948 que en su tiempo parecia haber puesto fin al mundo unipolar.

Stėphane Hessel, próximo a sus cien años dejó a la humanidad su testamento en una proclama titulada y ya popularmente conocida como “Indinaos”. Poco después cerró sus ojos pars siempre. España y las Principales capitales europeas se convirtieron en campos de batallas movidas por esta indignación, mientras en Nueva York y otras ciudades norteamericanas millones de personas levantaban sus voces llamando a ocupar Wall Street.

Nuevos liderazgos, estructuras ciudadanas y políticas emergieron en medio de estas complejidades que motivaron también la renovación de las utopías y los nuevos ensayos, entre ellos el surgimiento de los gobiernos democráticos de América Latina y sus afanes en pro de la redistribución de la riqueza y en pro de abrir causes a la participación popular.

Asi, la pandemia que destapa no solo la profunda crisis de nuestra época; nos encuentra en medio del total fracaso de las fantasías de las supuestas bondades que generaría de la globalización neoliberal; una crisis matizada por confrontaciones, pero también por la emergencia de otros actores en los planos de la Politica y de la economía mundial, pugnando contra la unipolaridad y por otra globalidad. A esta hora, la pregunta y la preocupación nos parecen obligadas. ¿Es posible otro mundo pos pandemia más humano, multipolar y de derechos?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here