Si hay un entrenador en La Liga que casi siempre ha sacado el máximo rendimiento de sus plantillas y futbolistas, ese ha sido José Bordalás. Nos puede parecer más o menos feo el fútbol que practica, pero el rendimiento de sus equipos ha estado habitualmente por encima de las expectativas.
Tras su clasificación para la Conference League y la llegada de varios refuerzos, suficientes para el presidente e insuficientes para Bordalás, lo esperado era que el Getafe compitiese en Europa sin descuidar La Liga. Sin embargo, los resultados están dejando bastante que desear en ambas competiciones.
El Getafe cayó goleado en casa (2-5) ante el Lugano, líder de la liga suiza, después de que Bordalás introdujese siete cambios en su alineación. La derrota, aparte de provocar una enorme tormenta de declaraciones entre el presidente y el entrenador, dejó una sensación preocupante: el conjunto azulón parece no tener recursos para competir en Europa sin poner en riesgo su rendimiento liguero.
No sabemos si Bordalás ya contemplaba este escenario desde el inicio de la temporada o si las lesiones, la acumulación de encuentros y la falta de efectivos le han llevado hasta esta situación. Lo que está claro es que la planificación deportiva y la distancia entre las expectativas del entrenador y las posibilidades del club han terminado por estallar.
Pero el verdadero problema de José Bordalás podría estar bastante más atrás en el tiempo. En junio de 2025, Ángel Torres confirmó la continuidad del técnico, que tenía contrato hasta 2026. Un año después, su futuro volvió a quedar en el aire, hasta el punto de que las negociaciones para ampliar su vínculo estuvieron a punto de romperse definitivamente.
El 2 de junio de 2026, una reunión entre los representantes de Bordalás y Ángel Torres terminó sin acuerdo. La propuesta económica del club no convencía al entorno del entrenador, que tenía otras opciones para continuar su carrera, entre ellas Osasuna. Sin embargo, apenas ocho días después, el 10 de junio, el Getafe anunció oficialmente su renovación hasta 2028.
Y aquí es donde aparece la verdadera cuestión. Bordalás tuvo la oportunidad de cambiar de aires, conocía las limitaciones económicas del Getafe y sabía que iba a afrontar una temporada con tres competiciones. No sabemos qué le llevó finalmente a continuar: el cariño al club, las condiciones pactadas, las expectativas deportivas o la falta de una alternativa que le convenciese más. Lo cierto es que decidió quedarse.
Cuatro meses después, el técnico se encuentra con un Getafe que suma únicamente nueve puntos en nueve jornadas de La Liga, situado en la decimosexta plaza y apenas un punto por encima del descenso. A ello hay que sumar una Conference League en la que acumula un empate y una derrota, con la sensación de que las rotaciones pueden salir demasiado caras.
La relación entre Bordalás y Ángel Torres tampoco parece atravesar su momento más tranquilo. El entrenador aseguró sentirse engañado tras la goleada europea, mientras que el presidente le recordó que había renovado voluntariamente y que tenía las puertas abiertas. Aunque posteriormente ambos rebajaron la tensión y Bordalás aseguró mantener una relación magnífica con Torres, las diferencias deportivas siguen estando ahí.
Quizá el verdadero problema de Bordalás no sea únicamente la plantilla que tiene a su disposición, sino haber apostado por continuar en un proyecto cuyas limitaciones conocía perfectamente. No sabemos si se arrepiente de aquella renovación, pero sus declaraciones transmiten el malestar de un entrenador que parece haber llegado al límite de su paciencia. Y lo peor es que, mientras ambos discuten sobre quién tiene razón, el Getafe necesita resultados para no terminar peleando por mantenerse en Primera División. @mundiario
