¿Está desapareciendo el delantero centro clásico?

Durante décadas, el delantero centro era probablemente el futbolista más fácil de definir. Vivía entre los centrales, esperaba el último pase y su rendimiento se resumía casi siempre en una cifra: los goles. Hugo Sánchez, Batistuta, Shearer, Van Nistelrooy o Inzaghi pertenecían a una escuela en la que el nueve era, por encima de todo, un rematador. Hoy ese perfil sigue existiendo, pero el fútbol de élite ha ampliado enormemente las exigencias de la posición. Los entrenadores reclaman delanteros capaces de iniciar la presión, participar en la circulación del balón, abandonar el área para crear espacios y entender el juego colectivo con la misma naturalidad con la que interpretan un desmarque. El gol continúa siendo la moneda de cambio más valiosa del fútbol, pero ya no basta para explicar la importancia de un delantero.

La mejor prueba de esa transformación es que los grandes atacantes actuales apenas se parecen entre sí. Erling Haaland continúa siendo el ejemplo más puro del goleador devastador. Su capacidad para atacar el área, anticiparse a los defensores y convertir en gol un porcentaje extraordinario de ocasiones recuerda al viejo número nueve, aunque adaptado a un fútbol mucho más físico y veloz. Harry Kane representa casi el extremo contrario: marca con la misma facilidad, pero además organiza ataques, baja a recibir entre líneas y actúa muchas veces como un centrocampista ofensivo. Kylian Mbappé ha terminado ocupando posiciones de delantero centro sin renunciar a los movimientos propios de un extremo, mientras Julián Álvarez simboliza quizá mejor que nadie la evolución táctica del atacante moderno: presiona, combina, interpreta los espacios y puede desempeñar varias funciones dentro de un mismo partido sin perder influencia.

Sin embargo, hay un quinto modelo que rara vez aparece en estos debates y que merece un lugar destacado por lo que está demostrando esta temporada: Pierre-Emerick Aubameyang. Su llegada al Deportivo despertó inicialmente dudas relacionadas con la edad. A los 37 años, parecía lógico preguntarse si todavía podía marcar diferencias en una liga tan exigente como la española. Dos jornadas después, la respuesta empieza a ser contundente. Dos partidos, dos goles y liderato provisional del Trofeo Pichichi confirman que el instinto goleador no entiende de fechas de nacimiento. Pero reducir su aportación a esa estadística sería injusto. Aubameyang sigue atacando el espacio con una inteligencia extraordinaria, interpreta los movimientos de los defensores antes que nadie y participa mucho más en la construcción ofensiva de lo que hacía en sus primeros años en el Borussia Dortmund. Antonio Hidalgo lo definía hace apenas unas horas como un futbolista de «talla mundial» y una «bendición» para el Deportivo, un reconocimiento que explica la influencia inmediata que está teniendo sobre un equipo recién ascendido.

Haaland, Mbappé, Julián Álvarez, Harry Kane y Aubameyang demuestran que ya no existe una única forma de ser el mejor delantero

Lo más interesante del delantero gabonés es que demuestra cómo puede evolucionar un atacante sin perder su esencia. Ya no posee la velocidad explosiva que le convirtió en una de las grandes estrellas del fútbol europeo, pero ha sustituido parte de esa potencia por lectura del juego, experiencia y una enorme capacidad para elegir el momento exacto del desmarque. Sus dos primeros goles con el Deportivo resumen perfectamente esa transformación. No nacen de una superioridad física evidente, sino de interpretar antes que nadie dónde aparecerá el espacio libre. Esa inteligencia competitiva explica por qué ha conseguido marcar diez o más goles en trece de las últimas catorce temporadas, una regularidad al alcance de muy pocos delanteros de su generación. 

Esta diversidad de perfiles refleja también un cambio profundo en la forma de entender el fútbol. Ya no existe un sistema dominante que obligue a fabricar un único tipo de delantero. Hay equipos que necesitan un rematador implacable como Haaland, otros buscan un organizador adelantado como Kane, algunos prefieren la movilidad constante de Julián Álvarez y otros encuentran en Mbappé una amenaza permanente desde cualquier zona del ataque. El Deportivo, por su parte, ha apostado por un veterano que transforma muy pocas ocasiones en muchos goles y cuya experiencia está ayudando a crecer a un grupo lleno de juventud. Ninguno de esos modelos invalida a los demás. Todos responden a necesidades tácticas distintas.

También las canteras están cambiando. Los grandes clubes ya no forman únicamente especialistas en el remate. Buscan futbolistas capaces de recibir entre líneas, jugar de espaldas, participar en la presión y comprender el partido desde una perspectiva colectiva. El delantero moderno necesita interpretar el juego casi tanto como finalizarlo. Esa evolución ha enriquecido la posición y ha ampliado las posibilidades estratégicas de los entrenadores, aunque algunos nostálgicos sigan echando de menos a aquel número nueve que apenas tocaba el balón diez veces antes de decidir un partido.

Quizá la conclusión sea que el delantero centro clásico no está desapareciendo. Está evolucionando. El gol continúa siendo su obligación principal, pero ya no es suficiente para definir su influencia. Hoy un gran delantero se mide por los tantos que marca, por los espacios que genera, por la presión que ejerce, por la ayuda que ofrece a sus compañeros y por la inteligencia con la que interpreta cada jugada.

Aubameyang lo ha recordado en A Coruña desde el primer día. Haaland lo demuestra cada fin de semana en Inglaterra. Kane sigue haciéndolo en Alemania. Mbappé lidera el ataque del Real Madrid y Julián Álvarez representa la nueva escuela de delanteros totales. Cinco futbolistas muy distintos. Cinco maneras de entender el gol. Y la mejor prueba de que el número nueve vive, probablemente, el momento más rico y diverso de toda su historia. @mundiario