Europa llega a Múnich con dudas sobre el compromiso de EE UU: el futuro del vínculo transatlántico

La Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada en el hotel Bayerischer Hof desde hace más de seis décadas, ha sido históricamente el escenario donde Europa y EE UU escenificaban la solidez de su alianza. Este año, sin embargo, el foro arranca bajo un tono introspectivo.

El informe oficial que acompaña la conferencia habla abiertamente de una etapa “en proceso de destrucción” del orden internacional. Su presidente, el diplomático alemán Wolfgang Ischinger, ha descrito la situación como una crisis de credibilidad y confianza sin precedentes. No se trata únicamente de una amenaza externa concreta, sino del cuestionamiento del sistema que sostuvo la arquitectura occidental desde 1945.

Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, el tono de Washington hacia Europa ha cambiado de forma sustancial. Las exigencias de mayor gasto en defensa, el recurso a aranceles como herramienta de presión y episodios simbólicos como las tensiones en torno a Groenlandia han hecho calar la percepción de que la relación se mueve hacia un modelo más transaccional.

El punto de inflexión llegó hace un año en este mismo foro, cuando el vicepresidente J. D. Vance cuestionó públicamente el aislamiento político de fuerzas como Alternativa para Alemania (AfD) y criticó lo que definió como déficits de pluralismo en la Unión Europea. Aquella intervención no solo tensó el debate geopolítico, sino que introdujo un componente ideológico inédito en la discusión transatlántica.

Desde entonces, el desgaste de la confianza no ha dejado de crecer. La cuestión ya no es únicamente cuánto invierte Europa en defensa, sino si Washington mantendrá sin ambigüedades su compromiso con la disuasión, incluida la dimensión nuclear.

Rubio en Múnich: el mensaje que Europa espera

La delegación estadounidense estará encabezada por el secretario de Estado Marco Rubio. La ausencia del presidente y del vicepresidente no ha pasado desapercibida en las capitales europeas, que interpretan el gesto con cautela.

Rubio tendrá la tarea de clarificar si la línea marcada por Vance el año pasado —más confrontativa y crítica con las dinámicas internas europeas— se mantiene intacta o si Washington optará por modular el discurso. Junto a él, una amplia delegación bipartidista del Congreso refleja que el debate sobre el papel de Estados Unidos en Europa atraviesa también la política interna estadounidense.

El canciller alemán Friedrich Merz inaugura la conferencia con un mensaje que apunta a una Europa más consciente del lenguaje de la política de poder. El presidente francés Emmanuel Macron ha advertido recientemente de que, sin una reacción decidida, el continente podría quedar relegado en un plazo de cinco años.

En paralelo, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte, insiste en la necesidad de reforzar el pilar europeo dentro de la Alianza sin romper el vínculo transatlántico. El equilibrio es delicado, avanzar hacia una mayor autonomía estratégica sin alimentar la percepción de distanciamiento.

La guerra en Ucrania, con la presencia del presidente Volodímir Zelenski, pone de manifestó la urgencia al debate. Cualquier señal de ambigüedad estadounidense tendría implicaciones directas en la credibilidad de la disuasión occidental frente a Rusia.

Un foro amplio, pero con ausencias significativas

Múnich reunirá a más de 1.000 participantes de 120 países, incluidos el ministro de Exteriores chino Wang Yi, el primer ministro británico Keir Starmer, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez.

Sin embargo, la ausencia de Rusia —excluida desde la invasión de Ucrania— y de representantes iraníes o palestinos de alto nivel refuerza la percepción de que el foro funciona más como espacio de coordinación occidental que como plataforma de negociación global.

El estado de ánimo predominante entre los líderes europeos es de cautela. En público, el discurso se centra en la cooperación y el diálogo; en privado, la inquietud es mayor. La posibilidad de que EE UU adopte una postura más selectiva o condicional en su compromiso con Europa obliga al continente a acelerar debates antes considerados secundarios: autonomía estratégica, refuerzo industrial en defensa y nuevas alianzas.

La Conferencia de Seguridad de Múnich no resolverá por sí sola la incertidumbre transatlántica. Pero sí servirá para medir si la actual tensión es coyuntural o si marca el inicio de una transformación más profunda en la relación entre Europa y Estados Unidos. @mundiario