Faure desafía a Glucksmann y desata la guerra total por la candidatura de la izquierda en Francia

Olivier Faure ha decidido dejar de esperar. El primer secretario del Partido Socialista francés ha entrado formalmente en la carrera por la candidatura de la izquierda a las elecciones presidenciales de 2027, apenas una semana después de que el socialdemócrata Raphaël Glucksmann confirmara también su intención de competir. La batalla que se abre por la carrera al Elíseo enfrenta a dos proyectos que comparten espacio político, pero discrepan profundamente sobre el futuro de la izquierda francesa.

Faure oficializó su candidatura tras la universidad de verano del Partido Socialista en Blois, donde defendió una Francia “más justa” y la necesidad de plantar cara tanto a la derecha como a la extrema derecha. Con su decisión, el dirigente socialista transforma lo que hasta ahora era una pugna de estrategias en una competición electoral abierta en Francia.

Al otro lado está Glucksmann, eurodiputado y líder del centroizquierdista Plaza Pública, que confirmó su candidatura la semana anterior. Su entrada ha sido recibida con especial interés por el ala socialdemócrata del PS, que ve en él una posible alternativa a la línea de Faure y, sobre todo, una figura capaz de diferenciarse de la extrema izquierda de La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon.

El enfrentamiento entre Faure y Glucksmann tiene una dimensión que va mucho más allá de las personas. El candidato socialista representa la dirección actual del PS y ha defendido la construcción de una candidatura común de la izquierda. Su estrategia parte de la necesidad de reconstruir un espacio progresista amplio y evitar que la izquierda quede reducida a una sucesión de candidaturas incapaces de alcanzar la segunda vuelta.

Glucksmann, en cambio, ha construido su perfil alrededor de una izquierda socialdemócrata, europeísta y crítica con Mélenchon. Su apuesta pasa por recuperar a los votantes progresistas que no se sienten representados por la radicalidad de LFI y por ofrecer una alternativa situada más cerca del centroizquierda. Su programa combina transición ecológica, justicia social, defensa europea y reformas fiscales dirigidas a las grandes fortunas.

Glucksmann parte por delante, pero no tiene la partida ganada

Glucksmann llega a la contienda con una ventaja evidente en notoriedad y expectativas. Diversos análisis sitúan al eurodiputado como uno de los favoritos de la primaria socialdemócrata, aunque su posición está lejos de ser incontestable. La universidad de verano del PS en Blois ha demostrado que el partido conserva una estructura territorial y militante importante y que Faure mantiene una base interna capaz de disputar la nominación.  Ese es precisamente el cálculo del aparato.

El primer secretario dispone del control de la principal maquinaria partidista de la izquierda socialdemócrata francesa. Faure quiere reconstruir la izquierda desde el aparato socialista y el diálogo entre las distintas familias progresistas, como vía de salida después de la fractura del Nuevo Frente Popular (NFP), pero Glucksmann intenta ampliar el espacio socialdemócrata alejándose de la órbita de Mélenchon.

Porque el PS francés llega a esta competición después de años de retroceso electoral, divisiones y pérdida de influencia frente a La Francia Insumisa, los ecologistas y la fuga de votos hacia el centro macronista. La elección del candidato será, por tanto, también un plebiscito sobre qué Partido Socialista quieren sus militantes.

El fantasma de Mélenchon condiciona la primaria

La figura de Mélenchon planea sobre toda la interna de la izquierda, aunque no concurra en ellas y su rostro aparezca directamente en las papeletas el 18 de abril de 2027, para la primera vuelta. El líder de LFI mantiene una base electoral considerable, pero su elevado nivel de rechazo entre otros sectores del electorado dificulta la construcción de una candidatura unitaria de toda la izquierda. La división entre quienes consideran imprescindible pactar con su movimiento y quienes defienden una ruptura estratégica es una de las principales fracturas del progresismo francés.

Glucksmann ha construido precisamente buena parte de su identidad política sobre el rechazo a una alianza con La Francia Insumisa. Faure ha mantenido una posición más abierta a la construcción de un espacio común, aunque el propio proceso de primarias de la izquierda está marcado por numerosas exclusiones y desacuerdos. Plaza Pública y La Francia Insumisa no participan en la primaria unitaria promovida por otras fuerzas progresistas, mientras el Partido Socialista mantiene su propia discusión interna sobre el procedimiento.

Todo el proceso se desarrolla, además, bajo la sombra de Marine Le Pen. La extrema derecha parte de una posición especialmente fuerte en las encuestas y la fragmentación del voto progresista aumenta el riesgo de que la izquierda quede fuera de la segunda vuelta. El escenario no es meramente aritmético: cada candidatura adicional puede reducir el espacio disponible para el aspirante que pretenda convertirse en alternativa al Reagrupación Nacional (RN).

La división también afecta al centroderecha. Édouard Philippe (Horizontes), Gabriel Attal (Renacimiento) y Bruno Retailleau (Los Republicanos) aspiran a ocupar el espacio moderado, mientras Glucksmann intenta consolidar un electorado de centroizquierda que no quiera votar ni por el macronismo ni por Mélenchon. La competición por ese electorado será determinante cuando avance la campaña. @mundiario