España aseguró su boleto a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras un desenlace de infarto, gracias a una brillante y salvadora conexión entre Ferran Torres y Mikel Merino. Cuando el cronómetro agonizaba y todo apuntaba a que el destino del partido se sellaría en la prórroga, apareció la magia que rompió el empate y desató la locura en el banquillo de la Roja.
El encuentro parecía destinado al tiempo extra, pero la historia cambió por completo en el minuto 91. Fue en ese preciso instante cuando el colegiado inglés Anthony Taylor señaló los seis minutos de tiempo añadido, marcando el inicio de un descuento que pasaría a la historia del fútbol español.
Justo al arrancar el tiempo de compensación, Ferran Torres inventó una genialidad en el área rival. El valenciano firmó una asistencia de oro al servir un balón medido para Mikel Merino, quien, con la sangre fría que lo caracteriza, definió con un sutil zurdazo que depositó el esférico en el fondo de la red de Portugal.
Aquel gol fue un golpe mortal y definitivo para las aspiraciones del conjunto lusitano, que se quedó sin margen de reacción en los minutos restantes. El pitido final desató la euforia española, dejando al combinado portugués tendido sobre el césped ante la dolorosa certeza de su eliminación.
La derrota tuvo un tinte especialmente amargo para el fútbol mundial, ya que significó la despedida definitiva de Cristiano Ronaldo de las citas mundialistas. El gran ídolo luso le dice adiós a su selección con la espina clavada de no haber podido levantar el tan ansiado trofeo de campeón del mundo.
Un jugador de leyenda
El adiós definitivo de Cristiano Ronaldo a las Copas del Mundo representa, sin lugar a dudas, el fin de una era dorada que transformó no solo el fútbol portugués, sino la historia misma de este deporte. Tras 27 partidos disputados en la máxima cita de la Fifa, el legendario astro luso cierra su imponente participación mundialista con un registro de 11 goles y 2 asistencias, dejando una huella imborrable en el torneo más prestigioso del planeta.
A sus 41 años, el legado de Cristiano trasciende las frías estadísticas. Antes de su irrupción, la selección de Portugal era un equipo intermitente, con apariciones esporádicas y un peso menor en el panorama internacional; hoy, gracias a su mentalidad y liderazgo, deja a un combinado respetado en todo el globo, consolidado como una potencia indiscutible y firme candidato a levantar cualquier trofeo que se le ponga enfrente.
Ahora se abre un manto de incertidumbre sobre el futuro del conjunto ibérico. Queda por ver si las nuevas generaciones podrán mantener el listón en la cima y continuar la estela ganadora que el de Madeira comenzó a labrar en 2003 de la mano de Luiz Felipe Scolari, y que hoy concluye de manera oficial bajo la dirección técnica de Roberto Martínez.
Sin embargo, el dolor de la eliminación reciente no empaña una trayectoria colosal. El vacío que deja el delantero en el terreno de juego será imposible de llenar, y el fútbol mundial se inclina ante el final de una de las rivalidades y de las carreras más extraordinarias que se hayan presenciado jamás en un rectángulo verde.
Se apagan los focos del Mundial para el eterno capitán de la camiseta número 7. Cristiano Ronaldo se marcha de los grandes escenarios internacionales sin la corona de campeón del mundo, es verdad, pero lo hace con algo mucho más valioso y eterno: habiendo cambiado para siempre el destino de su patria y esculpido su nombre con letras de oro en el olimpo de los inmortales del fútbol. @mundiario
