Flávio Bolsonaro mueve ficha: reconoce la victoria de Lula y se prepara para liderar la oposición

El desafío de Flávio Bolsonaro al resultado de las elecciones presidenciales brasileñas apenas ha durado un día. El senador y candidato del Partido Liberal (PL) ha rectificado su primera reacción tras la derrota frente a Luiz Inácio Lula da Silva y ha renunciado a pedir la anulación de los comicios, una posibilidad que había planteado la misma noche electoral al negarse inicialmente a reconocer el triunfo del presidente de izquierdas. El viraje llega después de constatar que su denuncia apenas encontraba respaldo dentro de Brasil y que las instituciones electorales y judiciales daban por cerrado el proceso.

“Las elecciones terminaron, pero la lucha por un país diferente continúa”, afirmó Flávio Bolsonaro en un comunicado difundido por su equipo. El mensaje supone, en la práctica, el reconocimiento de que Lula gobernará durante un inédito cuarto mandato y el inicio de una nueva etapa para el bolsonarismo, la de ejercer una oposición que tendrá que decidir entre mantener la confrontación permanente con el Gobierno o intentar reconstruir su espacio político tras la derrota.

La rectificación se produjo después de una conversación con su padre, Jair Bolsonaro, que permanece en prisión domiciliaria en Brasilia tras ser condenado por su implicación en la tentativa de golpe de Estado después de las últimas elecciones presidenciales. Flávio mantiene, no obstante, abierta la batalla judicial. Ya no pretende anular las elecciones, sino promover acciones destinadas a conseguir la inhabilitación de Lula y de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, a quienes acusa de “abuso de poder económico”.

La velocidad del cambio revela hasta qué punto el primer desafío de Flávio Bolsonaro nació debilitado. El Partido Liberal terminó reconociendo el resultado electoral, mientras varios de los dirigentes con mayor peso dentro del bolsonarismo evitaron sumarse a las acusaciones de fraude. Incluso Silas Malafaia, uno de los pastores evangélicos más próximos a la familia Bolsonaro, aceptó el triunfo de Lula la misma noche electoral, aunque lo hizo con evidente disgusto. “Lula ha ganado las elecciones. Que Dios tenga misericordia del pueblo brasileño”, dijo.

También resultó significativo el silencio de figuras como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, uno de los dirigentes llamados a desempeñar un papel central en el futuro de la derecha brasileña. El alcalde de São Paulo, Ricardo Nunes, se apresuró igualmente a reconocer la victoria de Lula. Dentro del propio PL, varios dirigentes habían comenzado a presionar para que Flávio abandonara una impugnación que amenazaba con aislar al partido y prolongar una batalla electoral sin posibilidades reales de prosperar.

 

Flávio se queda solo en su denuncia

El cambio también alcanzó a algunos de los principales representantes del bolsonarismo digital. Nikolas Ferreira, una de las grandes estrellas de la ultraderecha brasileña en las redes sociales, pasó en pocas horas de exigir que se esclareciera el resultado y afirmar que Lula no era su presidente a asumir que el nuevo mandatario tendría que afrontar las consecuencias de su propia gestión.

La rectificación de Flávio se produjo, además, después de que Donald Trump se convirtiera en el principal —y prácticamente único— dirigente internacional que respaldó públicamente sus sospechas. El presidente estadounidense cuestionó la limpieza de los comicios brasileños al afirmar que le había parecido “otra elección amañada”, aunque no presentó pruebas de fraude ni anunció una impugnación formal.

El respaldo de Trump no logró cambiar el escenario político brasileño. Al contrario, cuando sus declaraciones todavía estaban siendo asimiladas en Brasil, el equipo de Flávio confirmó que el candidato abandonaba su intención inicial de solicitar la anulación de las elecciones.

El contraste es especialmente relevante porque buena parte de los gobiernos conservadores de la región optaron por reconocer la victoria de Lula. Mientras el argentino Javier Milei guardó silencio, otros dirigentes de la derecha latinoamericana, entre ellos el chileno José Antonio Kast, el ecuatoriano Daniel Noboa o la peruana Keiko Fujimori, felicitaron al triunfante líder del Partido de los Trabajadores (PT).

El STF y el TSE complican a Bolsonaro

El principal argumento utilizado por Flávio Bolsonaro para cuestionar las elecciones era la decisión del Tribunal Supremo Federal (STF) de prolongar durante dos horas la apertura de los colegios electorales después de las denuncias del Partido de los Trabajadores sobre problemas de transporte que, según el petismo, habían dificultado la llegada de votantes a las urnas.

La tesis bolsonarista perdió fuerza al conocerse los datos oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE). durante esas dos horas adicionales apenas se emitieron unos 34.000 votos, entre otras razones porque numerosas urnas electrónicas ya habían finalizado su operación. Lula, además, terminó imponiéndose por una diferencia cercana a los 4,5 millones de sufragios.

La propia arquitectura institucional del proceso dificultaba cualquier intento de revertir el resultado. El escrutinio fue certificado por el TSE, incluido su presidente y magistrado del Supremo Kássio Nunes Marques, nombrado precisamente por Jair Bolsonaro y considerado una figura alejada del espacio progresista. Tampoco el resto de los integrantes de la cúpula judicial mostró disposición a abrir la puerta a una impugnación general de los comicios. El presidente del Supremo, Edson Fachin, fue explícito al reclamar respeto a la voluntad expresada en las urnas: la República, sostuvo, se fortalece cuando reconoce y respeta la “soberanía popular”.

La batalla de los Bolsonaro cambia de escenario

El giro de Flávio no significa, sin embargo, el final de la confrontación con Lula. El senador pretende convertir el Congreso y los tribunales en los nuevos escenarios de una batalla política que ya no puede librar desde el resultado electoral. Su objetivo inmediato pasa por mantener movilizada a la base bolsonarista y construir una oposición capaz de condicionar al nuevo Gobierno.

A esa estrategia se suma un nuevo frente personal. Después de visitar a su padre, Flávio denunció que la Policía Federal le exigió entregar su pasaporte en un plazo de 24 horas. Poco después se conoció que Alexandre de Moraes, uno de los principales adversarios judiciales de la familia Bolsonaro, había ordenado impedir su salida del país en el marco de una investigación sobre una presunta trama de blanqueo de dinero relacionada con un abogado próximo al senador.

Flávio acusó al magistrado de actuar por razones políticas y aseguró que permanecerá en Brasil. La decisión judicial, vinculada también a declaraciones de su hermano Eduardo Bolsonaro desde Estados Unidos, abre una derivada de los problemas judiciales del clan, una disputa que amenaza con prolongarse durante la nueva legislatura.

El resultado electoral ha obligado así a Flávio Bolsonaro a asumir una realidad que inicialmente se resistió a aceptar. Su intento de cuestionar la victoria de Lula quedó rápidamente aislado: ni el PL, ni buena parte de los gobernadores y alcaldes de la derecha, ni los principales líderes evangélicos, ni las instituciones electorales encontraron razones para acompañarlo. Incluso el respaldo de Trump resultó insuficiente. @mundiario