Hungría suspende los informativos de Orbán: el plan radical para crear una televisión “creíble”

La imagen resultó inédita para varias generaciones de húngaros. A las cuatro de la tarde del martes, la señal de la televisión pública M1 desapareció de las pantallas y la emisora Kossuth Rádió dejó de emitir. En lugar de los informativos habituales apareció un fondo negro acompañado de un mensaje que resumía la renovación política del momento: “los medios de comunicación no pueden mentir. Pedimos perdón por haberlo hecho durante tantos años”. El apagón, ordenado por el nuevo Gobierno de Hungría, supone el inicio de una de las reformas más profundas emprendidas por el Ejecutivo de Péter Magyar desde que puso fin a los dieciséis años de hegemonía de Viktor Orbán.

Para el nuevo primer ministro, el cierre temporal de los informativos públicos no representa un ataque a la libertad de prensa, sino el desmantelamiento de una estructura que dejó de ejercer funciones periodísticas para convertirse en un aparato de propaganda al servicio del Gobierno iliberal de Orbán.

“Hoy la radiodifusión propagandística de los medios públicos de Hungría ha llegado a su fin. Mentían de noche. Mentían de día. Mentían en todos los canales. Eso se ha acabado”, escribió Magyar en sus redes sociales pocos minutos después del apagón.

La transformación de los medios públicos figuraba entre las principales promesas electorales del partido reformista Tisza, convencido de que uno de los pilares del prolongado dominio político de Orbán fue precisamente el control casi absoluto del ecosistema mediático. Durante sus años en el poder, el ultranacionalista Fidesz fue concentrando bajo su influencia directa o indirecta cerca del 80 % del ecosistema de medios del país.

Informativos suspendidos y una disculpa pública

El mensaje emitido por la televisión estatal no se limitó a pedir perdón. También anunciaba que los medios públicos iniciaban un proceso de transformación destinado a convertirse en organismos “independientes y creíbles”, mientras advertía de que los servicios informativos quedaban suspendidos temporalmente.

La misma comunicación apareció en la página oficial de la radiotelevisión pública. Horas después, exactamente a las 19.56 —una hora elegida deliberadamente para recordar el 70 aniversario de la revolución húngara de 1956 contra la ocupación soviética—, la emisión regresó.

Sin embargo, el canal M1 no recuperó los informativos. Su programación quedó limitada, por ahora, a la emisión de películas y contenidos culturales mientras avanza la reorganización de la redacción. La primera cinta escogida fue A tanú (El testigo), una célebre sátira sobre el régimen comunista rodada en 1969 y prohibida durante una década por la censura. Mientras tanto, Kossuth Rádió sustituyó sus programas políticos por música clásica procedente de Bartók Rádió.

Orbán denuncia un ataque a la libertad de información

El Gobierno ha iniciado simultáneamente una amplia renovación institucional. La nueva mayoría parlamentaria ha aprobado una modificación de la legislación audiovisual que permitirá sustituir a los órganos directivos de los medios públicos mediante un procedimiento que, según el Ejecutivo, será transparente e incluirá consultas con los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil.

Mientras se desarrolla ese proceso, varios directivos interinos ya han asumido el control de la radiotelevisión pública. Entre ellos figuran periodistas conocidos como Balázs Bodacz, György Kerényi o Zsófia Mészáros, encargados de pilotar la transición. Paralelamente, decenas de responsables editoriales, presentadores y redactores de los informativos fueron relevados de sus funciones durante las últimas horas. Según medios locales, algunos abandonaron las instalaciones sin siquiera poder recoger sus pertenencias.

El antiguo primer ministro reaccionó con rapidez. A través de sus redes sociales acusó al nuevo Ejecutivo de dar “otro paso hacia el autoritarismo” e invitó a los ciudadanos a informarse a través de Hír TV, uno de los principales canales privados próximos a Fidesz. También Balázs Orbán —uno de sus colaboradores más estrechos— criticó que sea el propio primer ministro quien decida qué puede emitirse y qué no en la televisión pública.

Mientras tanto, Fidesz intenta movilizar a sus simpatizantes mediante protestas contra otras reformas impulsadas por Magyar, entre ellas la modificación constitucional destinada a facilitar la destitución del presidente Tamás Sulyok. @mundiario