Jesucristo, el camino a seguir

Lucas 3:1-6.

El profeta Isaías, quien había dado inicio a su ministerio profético 700 años A.C., escribió lo siguiente: “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos, el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no se extraviará”, Isaías 35:8. El camino al que se refería el hombre de Dios en aquel entonces, se levanta en medio de un pueblo desorientado, perdido y confundido por causa del pecado, y hablando de sí mismo nos dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, San Juan 14:6. Debemos notar algo importante en las palabras del profeta Isaías cuando nos escribe: “No pasará inmundo por él”. Invito a cada lector/a de este escrito para que, por favor, se detengan, aunque sea por un instante, a escuchar la voz de Dios y a seguir al Verdadero Camino, a Jesucristo el Señor. Él es el Camino a seguir.

Luego de las declaraciones citadas en el párrafo anterior por el profeta Isaías y por nuestro Señor, Juan el Bautista, llamado también el “precursor” del que vendría más adelante, Jesucristo, nos dice: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras”, San Juan 3:8. “HACED FRUTOS DE ARREPENTIMIENTO”. Este término significa una pena interna que da lugar a un “giro” en la vida. La expresión de “giro” por parte de la gente, verso 11, los publicanos, verso 13, y los soldados, verso 14, tiene implicaciones concretas y prácticas. Se le dice a cada uno de los tres grupos que deben cambiar su comportamiento interior dentro de su esfera de actividad. “Hijos”: Existe un juego de palabras intencional con los términos “hijos” y “piedras”, que el idioma arameo y hebreo suenen casi idénticos. El mensaje de Juan el Bautista estuvo marcado por su intrepidez y desafiaba a un pueblo totalmente perdido y su intrepidez u osadía consistía en que enfrentaba a la gente por su actitud descuidada en su estado de pecador. El Señor Jesucristo, hablando de Juan el Bautista dijo las siguientes palabras:

De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él”, San Mateo 11:11. Hoy y ahora, cuando Dios te está permitiendo leer estas líneas, tú puedes ser esa mujer, ese hombre pequeña/o de lo que nos habla nuestro Señor con sus palabras acerca de aquel gran hombre que fue Juan el Bautista, para que seas mayor que él, que Juan el precursor de Cristo Jesús. ¿Te atreverías a decirle que sí al Señor ahora? ¡Atrévete! a cambiar de actitud y no estés a la expectativa de las demás personas, sino que sepas escuchar la voz del que te llama y te dice: “Ven a mí”.

En su mensaje a la multitud que le escuchaba, la cual había salido para ser bautizada por él, Juan el Bautista les dijo: “¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?Lucas 3:7. Palabras duras, difíciles de digerir, pero las palabras pronunciadas por este hombre en aquel entonces, podrían ser las mismas para nuestro pueblo hoy. El mundo en que vivimos hoy, es el mismo de los tiempos de Isaías; es también el que encontró nuestro Salvador y era por igual el de Juan el Bautista. El mundo está corrompido por el pecado y este pecado arropa todo el entorno en que se mueve la gente de hoy. En este tiempo, tú puedes marcar la diferencia e ir en pos de Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió por tí en la Cruz del Monte Calvario.

El mundo actual puede cambiar de actitud frente a Dios, puede ser impactado por el poder de la Palabra de Dios; pero para que ese cambio, esa metamorfosis se realice en el corazón de cada persona, es necesario que comience por los que tenemos la responsabilidad delante de Dios de conducir a un pueblo que es totalmente indiferente a lo que es Dios. Muchos de los que dirigimos grupos o grandes congregaciones, también, en ocasiones debemos saber escuchar, con oídos bien afinados lo que Dios demanda de nosotros. Recordemos las palabras del profeta Isaías “No pasará inmundo por él”, Isaías 35:8. Es necesario, urgente también, el cambio y este comienza por el liderazgo, no importando dónde Dios nos haya colocado como líderes de su grey. Dios quiere que cada persona se convierta en un Juan el Bautista, también puede ser una mujer que se atreva a decirle que sí al Señor y aceptar el reto de convertirnos en precursores/as de su Palabra por medio de Jesucristo su Hijo y con la unción del Espíritu Santo. Recalco de nuevo las palabras de Isaías: “Por torpe que sea, no se extraviará”. Tú no tienes que ser una mujer de grandes virtudes, tampoco tú, hombre, sólo debes escuchar la voz de Dios que te llama a seguirle.

Nada inmundo, nada corrompido por el poder antagónico de Satanás puede traspasar el umbral que lleva a encontrarse de frente con Dios por medio de Jesucristo su Hijo. “Cuan glorioso es el cambio operado en mi ser, viniendo a mi vida el Señor, hay en mi alma una paz que anhelaba tener, cuando Él vino a mi corazón”, son algunas letras de un himno muy antiguo que cantamos en nuestras congregaciones. La invitación para tí, ahora, es que busques ese cambio, ese giro que transformará todo tu ser, llevándote a ser una persona conforme a lo que es el corazón de Dios.

El valor de Juan el Bautista, llamado también el “Precursor”, debe ser tomado en cuenta por cada persona que ahora lee estas líneas. En aquel tiempo, Herodes era el tetrarca de Galilea, hoy sería lo que llamamos en nuestro País, el Gobernador o Gobernadora de una provincia. La Biblia dice: “Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Pero Herodías  le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana”, Marcos 6:18-20. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, San Juan 8:32. Juan el Bautista conocía la verdad de Jesucristo, por esto no tenía temor de decir la verdad, no importando jerarquía, porque tenía la unción y la autoridad de Dios en la persona del Espíritu Santo para proclamar esa “VERDAD”, Jesucristo en el centro del corazón de cada persona.

Juan el Baustista dio inicio a su ministerio profético no solamente con el mensaje de anunciar la venida del Mesías a la tierra, sino llamando valientemente al pueblo al arrepentimiento. Habría sido mucho más fácil proclamar simplemente las buenas nuevas, pero Juan fue obediente al ministerio profético que desafiaba a la gente en su actitud descuidada y en sus pecados. Su ministerio estuvo marcado por su intrepidez, el atrevimiento de predicar lo que no era popular.

Juan reprendió a los religiosos, verso 8, apeló a que sean generos, vs. 10 y 11. Tú puedes ser un Juan el Bautista, tú puedes ser una Juana con el coraje de él.

Finalizando este mensaje, les transcribo el siguiente pensamiento: “La mejor forma de lograr la tranquilidad de espíritu, radica en dejar salir nuestras pasiones, incluyendo las lágrimas. El llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras”.

Concepción Arenal, escritora española. Les invito a buscar la paz en su espíritu interior, dejando salir de ustedes todas sus pasiones, aunque tengan que llorar, como escribió esta señora.

Que la gracia de Dios el Padre, el amor de Jesucristo su Hijo y la comunión del Espíritu Santo, esté en sus vidas.

Pastor: Héctor E. Contreras.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here