José, escogido para bendecir.

Por el Pastor Héctor E. Contreras.

Génesis 41.39:21, 41.39, 41:51-52.

En la segunda entrega de este mensaje, debo destacar dos cosas importantes en cuanto a José se refiere. Primera, Dios estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia ante los ojos del jefe de la cárcel, Génesis 39:21 y Segunda, Pues Dios te ha hecho saber todo, no hay entendido ni sabio como tú, Génesis 41:39. Cuando somos escogidos por nuestro Dios para bendición de muchos, desde el más grande hasta el más pequeño de un reino ve en nosotros la manifestación de Dios y por ello, nuestro Señor abre caminos que podamos trillar hasta alcanzar los propósitos de Él; nunca los nuestros. Luego, José es bendecido por Dios al otorgarle tener dos hijos, poniendo por nombre al primero Manasés, que significa en su idioma, el hebreo, que “Dios le hizo olvidar todo su pasado trabajo cuando era un jovencito” y el segundo lo bautizó con el nombre de Efraín, y su significado es: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”, Génesis 41:51-52. Según el verso 42, del capítulo 41, cuando José recibió toda la autoridad poniendo el Faraón en su dedo el anillo, se le entregó la más alta posición en la esfera de las finanzas. Los egipcios llamaban a un funcionario tan prominente como: “portasellos real”. Algunas inscripciones hablan de esclavos asiáticos como altos funcionarios egipcios de los cuales pudo haber sido José. Literalmente, José saltó en un solo día de la miseria a la riqueza. Para bendecir a otros. Somos  bendecidos por Dios cuando somos obedientes.  En Génesis 42:6 se cumple lo que José había soñado años atrás, descrito en  Génesis 37:7, cuando sus hermanos se inclinaron rostro en tierra delante de él. 

Cuando los hermanos de José llegaron a Egipto, enviados por su padre en busca de alimentos, porque era allí el único lugar donde podían encontrarlos, al verles, aunque sabía que eran sus hermanos, les dijo: “Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido”, Génesis 42:9. Este verso nos enseña que, aunque José era algo duro en sus tratos como lo hubiese sido cualquier egipcio hacia los cananeos, no existen señales de venganza o represalia en este relato. Todo lo contrario, José se mostró afectuoso con ellos, Génesis 42:24, en esta ocasión, por primera vez, apartándose de sus hermanos, lloró. 

Todo el capítulo 43 es un relato de Israel con sus hijos, ya que José había preguntado a éstos si su padre aún vivía, preguntando por el hermano más pequeño, Benjamín, pidiendo a ellos llevarlo cuando volvieran por alimentos, dejando detenido a uno de ellos, Simeón. 

Al regresar a Egipto, fueron con el dinero que hallaron en los costales donde llevaban los alimentos, llevando el costo de la primera compra, más otros fondos con el propósito de pagar lo adquirido; sin embargo, veamos lo que dice José a sus hermanos: “Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; yo recibí vuestro dinero”, Génesis 43:23. Luego, los lleva a su casa, les dio agua, bañándolos, dando de comer tanto a ellos como a sus animales. El verso 28 de este capítulo señala el momento en que nuevamente sus hermanos se inclinan delante de José, haciendo reverencia a su autoridad, y el verso 30 señala lo siguiente: “Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y entró en su cámara, y lloró allí” por segunda ocasión. Génesis 45:1-4 dice: “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Y entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto”. El verso dos señala nuevamente que, por cuarta vez José llora, esta vez a gritos ensordecedores. El verso 4 nos revela que, el amor acepta a los que nos han agraviado. La historia de José es un antiguo relato que ilustra la actitud misericordiosa que Dios espera asumamos en nuestro trato con aquellos que nos han agraviado. Se trata del   ejemplo que mostró Cristo. Pese a que los hermanos de José le vendieron como esclavo y engañaron a su padre para que lo creyera muerto, cuando éste los confrontó durante su tiempo de necesidad, su amor y perdón se pusieron de manifiesto, demostrando una extraordinaria fe en la poderosa providencia de Dios. José confiesa su creencia en que Dios usó la traición de sus hermanos como medio para  liberar a su familia en el tiempo de la gran hambruna que se presentó en aquel tiempo. 

El perdón de José al pecado de sus hermanos es tan completo que los besa y llora de gozo al reunirse con ellos una vez más. El amor fraternal es expresivo, altruista y se ofrece de tal manera que ayuda a los beneficiados.  

Cuando Dios escoge a una mujer o a un hombre para que sirva de bendición, es comparable a la actitud de José, podríamos decir de este hombre que era un HOMBRE CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS. Veamos sus palabras a sus hermanos: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas”, Génesis 45:5, 7-9. En una persona que actúa de esta forma, en su corazón, en su actuar y vivir, no existe el rencor, el remordimiento, tampoco el odio, todo lo canaliza conforme a los propósitos de Dios para con su vida. Dios te escoge hoy para que seas un servidor o una servidora, en sus designios para contigo. Dios te escoge para preservación de vidas también, porque eres una mujer, eres un hombre CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS. La reconciliación total de esta familia, la encontramos cuando José dice: “He aquí vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró por quinta vez; y también Benjamín lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él”, Génesis 45:12-15. Por quinta vez lloró José al  estar junto a sus hermanos y saber que todo cuanto hicieron en contra de él, era porque Dios sabía lo que había de venir en el futuro de su pueblo Israel y que él sería el instrumento tomado como avanzada para beneficio de su nación. 

Finalizando, en Génesis 46:27, declara que, cuando Jacob o Israel, el padre de José llegó a Egipto, era un total de 70 personas. El verso 29 señala que José unció un carro y fue a recibir a Israel su Padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente. Por secta vez, después del primer encuentro con sus hermanos, este hombre, sensible del corazón llora, no por tristeza, sino de gozo, esta vez  sobre el cuello de su padre. 

La historia de José nos lleva al momento cuando Cristo viene al mundo en beneficio de toda la humanidad. Yo he venido para que tengan vida, dijo Él. Esa vida permanece desde ahora y para siempre. 

La Biblia dice: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fín de que nadie se jacte en su presencia. I-Corintios 1:26-29. Todo esto fue José a la luz de sus hermanos, se creían nobles, poderosos, sabios y José menospreciado por ellos, siendo débil y al final, Dios lo escogió para bendición de sus propios hermanos y de su pueblo. ¿Cuántas veces te han menospreciado, te han vejado, ultrajado, te han tratado despectivamente, diciéndote palabras hirientes, entre estas: Tú no sirves para nada, eres un don nadie, nunca lograrás nada? Somos muchos los que nos han dicho todo este tipo de palabras; sin embargo, en lo personal, yo puedo decir que soy un privilegiado desde el momento en que me encontré con mi Salvador. No importa lo que digan de tí, tú puedes ser una mujer o un hombre que Dios te escoge hoy para que le sirvas a Él y al mundo. 

La bendición del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo esté en cada vida que llegan estas humildes notas de su servidor de Cristo Jesús.

 

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